martes, 21 de diciembre de 2010

Primer premio en el concurso de relatos del Bicentenario del Parlamento de la Tercera Edad

La misiva del Portero
de Mónica Corbella

Santa María de los Buenos Ayres, 30 de mayo de 1.810.

Estimado don Rafael de Gómez y Cano:
Espero, querido amigo, que cuando recibas esta carta todos ustedes gocen de la buena salud. Por estos días, en Buenos Ayres respiramos un clima de efervescencia y agitación. Tú sabes que trabajo como Portero en el Cabildo de la Metrópoli y me ha tocado vivir, la jornada del 22 de mayo, una reunión que me ha dejado perplejo.

Como aquel día en la Península, cuando la Carmencita me miró profundo a los ojos y me susurró al oído que estaba enamorada de mí. Así han quedado de mareados los pensamientos en mi cabeza, que no es una cabeza dotada por el Creador, mas bien soy un burro de voluntad y tesón, que un adelantado de las ideas. Pero me ha tocado oír los discursos mas fervientes y temerarios en aras de lo que algunos Patriotas llaman “la libertad del Virreynato del Río de la Plata”.

Por la mañanita se reunieron en el Cabildo curas, abogados, doctores, militares, vecinos, alcaldes y gran parte de los criollos principales que habían llegado al puerto para averiguar qué era lo que estaba pasando. Algunas otras personas, muchas en realidad, se juntaron en la Plaza bajo la organización de los señores French y Beruti, mas conocidos como los Chisperos que les repartían armas y cintas blancas y rojas. Durante la jornada trataban de impedir que pasaran invitados realistas que no eran leales a la causa de la revuelta.

Las autoridades del Ayuntamiento pensaron que el grupo iba a tardar muchas horas en deliberar, ya que llegaron doce carretillas con escaños de la iglesia Catedral, la de Santo Domingo y algunas otras, y, por la tarde, iluminaron todos los faroles con velas mientras compartían bizcochos, chocolates y vino.

Nunca pensé ver tan cerquita a los hombres importantes peleando por sus ideas. De a ratos comían y bebían para recuperar la energía. Como cuando niños, Rafa, corríamos entre las vacas y luego teníamos que parar para volver a llenar de aire nuestros pulmones.

Voy al punto. El propósito de la congregación era decidir si el Virrey Cisneros tenía que seguir o no en su cargo. Como nuestro Rey Fernando está preso, las gentes hablaban de alguna forma nueva de mando, ya que él no puede gobernarnos desde el destierro.

El señor Obispo Benito de Lué y Riega fue el primero en hablar. Lo que dijo me sonó raro. Expuso que mientras hubiera un solo español libre en la tierra, debíamos seguir obedeciendo a España.


¡Hostia, que batahola se armó! Varios se sintieron irrespetados. Un abogado llamado Castelli fue el elegido para contestarle. Al comienzo habló un poco nervioso, pero luego hizo gala de esa manera tan linda y categórica que tiene para exponer. Repetía con ahínco que la soberanía había pasado a manos del pueblo de Buenos Ayres, ya que no existía más España en cabeza del Rey Fernando VII.

Castelli habló más y más lindo de lo que recuerdo, pero el Fiscal Villota le replicó que no tenían la facultad de decidir esta cuestión, sino que tendrían que ser las gentes de todos los pueblos del Virreynato las que opinaran. Castelli pareció dudar, pero entonces apareció en la reunión un hombre que aclaró todos los pensamientos de los dubitativos entre los cuales estaba yo: Juan José Paso.

Explicó con claridad que la Metrópoli no podía esperar a que representantes de todos los pueblos converjan en ésta y decidan qué hacer. El tema era por demás urgente a causa de la situación de la Península y también por estar Francia amezándonos.

Propició con las palabras justas la creación de una Junta Provisoria formada por Diputados de las provincias para gobernar a nombre de nuestro Rey, y vi llorar a varios hombres duros a causa de la emoción que los embargó mientras lo escucharon. Como cuando decidimos con la Carmencita subirnos al navío lleno de indeseables y fortalecernos noche a noche frente a nuestras angustias en pos de poder crecer.

Eso fue lo que este simple español sintió el día 22 de mayo en el Cabildo. No lograron convencerme otras voces de estar desobedeciendo a la Madre Patria, y mucho menos que reconociera en mí algún tipo de desagradecimiento.

He querido contarte mis vivencias de este día para que no pienses que me olvidé de ti y de nuestra España. Al contrario Rafael, después de oír hablar a tantos hombres justos desde los huesos, te relato esto con nuevos bríos. Como cuando nació el Josecito y fue un día lindo de sol en estas tierras generosas. Entonces lo tomé como una señal. Hoy también.

Dicen que esto es el comienzo de la “La Revolución”. Lo que sea que fuera Rafael, me siento distinto. Como hombre nuevo y libre. Valiente y arrojado. Ciudadano en vez de súbdito.
Me despido. Deseo que el esfuerzo de estos hombres dé frutos y no perezca en manos viles.

Dios me dé los días de vida suficientes para ver nacer a la Patria de los Criollos.

S.S.S.

Antonio Fernando Ruiz Díaz

jueves, 16 de diciembre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (56) por Roberto Brey

56

América Hispana:

Otros antecedentes

Como otros antecedentes literarios, Jitrik tiene en cuenta a Ruy Díaz de Guzmán (1558-1629), un natural de Asunción, hijo del gobernador Irala, de madre mestiza, que escribió su Historia argentina del descubrimiento, población y conquista de las provincias del Río de la Plata. Es considerado más que nada como el primer historiador, junto con Garcilaso de la Vega, este último con mayores virtudes literarias, según Jitrik. El crítico argentino destaca también a Luis de Tejeda (1604-1680): “Un solitario poeta nacido en Córdoba, Argentina, (que) da un paso adelante en la posibilidad de pensar una literatura para la colonia.” (Que recién verían la luz siglos después, como varias de las obras mencionadas.) Sería una poesía de corte religioso, inspirada en Góngora y Quevedo.

Pero fuera de la crónica histórica o la poesía, poco y nada por estas tierras, pues hay que recordar que Carlos I de España (V de Alemania), había prohibido en el siglo anterior la difusión de las novelas, por considerarlos libros “mentirosos y disparatados”, al decir del estudioso Manuel Alvar (1923-2001); además de las prohibiciones de literatura no española que se mantendrían hasta el siglo XIX.

Juan María Gutiérrez (1809-1878), considerado por el escritor y crítico Juan Carlos Ghiano (1920-1990) como el primer historiador de nuestra cultura, entre otros méritos, escribió en diarios y revistas de su época sobre diversos escritores hispanoamericanos. Son trabajos enjundiosos, con escasa difusión, pero que supo rescatar Gregorio Weinberg (1919-2006).

Entre otros, Gutiérrez menciona y destaca, por orden cronológico a:
Pedro de Oña (1570- Lima 1643) fue un teólogo, poeta y funcionario colonial español, nacido en Chile. Su principal obra es “Arauco Domado”, escrita por petición de García Hurtado de Mendoza, fue rescatada del olvido por J.M.G. que la reeditó en 1849.
El ya mencionado Juan Ruiz de Alarcón (México1580- España 1639), Fray Juan de Ayllon (1605-1677), un poeta peruano seguidor de Góngora en América.

En su estudio, J.M.G. define la situación de la época: “Sus obras (dice refiriéndose a varios escritores americanos), reflejo débil y pálido del movimiento literario de Europa, no ejercieron influencia alguna (…) Por esto creemos que (se) pueden reunir noticias más o menos prolijas acerca de un escritor del nuevo mundo, pero que no es posible bosquejar una historia literaria”.

Juan Caviedes (Juan del Valle y Caviedes, Jaén 1645 - Lima, 1697), conocido como "El poeta de la Ribera" fue un poeta y dramaturgo nacido en España que vivió casi toda su vida en el Perú, constituyó otro descubrimiento de J.M.G. que rescató sus manuscritos. Lo consideró un poeta satírico y popular, que supo registrar a la sociedad, y tanto que su ingenio le permitía aún en la alabanza de la hermosura, hacer crítica de los médicos, una de las principales víctimas de sus escritos:
Lise, mi achaque es amor,
Y pues busca en ti remedios,
Y cual médico me matas,
Hoy te he de pintar con ellos.

Pedro Peralta Barnuevo (Lima 1663-1746) Al llamado “Monstruo de la erudición”, J.M.G. le dedica un importante trabajo, el primero que reunió la producción de Barnuevo, que además de un análisis literario es todo un estudio de la sociedad peruana de ese momento.

Juan Bautista Aguirre (Ecuador 1725 - Italia 1786). Fue otro descubrimiento de J.M.G. El escritor y poeta Aguirre es hoy considerado como uno de los precursores de la poesía hispanoamericana y ecuatoriana, y los críticos de ese país reconocen a J.M.G. su hallazgo, cuando rescató un libro manuscrito del ecuatoriano. Aguirre, que tomó los hábitos en la Compañía de Jesús, junto a ellos fue expulsado en 1767 y debió refugiarse en Roma, donde sobrevivió a duras penas. Abunda en su obra la poesía religiosa, pero no falta la picaresca, como en este epigrama dedicado a un personaje del momento en América:

A Zoilo

I
Zoilo, ayer tarde por chiste
Un quídam te dijo tonto,
Y tú, por vengarte pronto,
Adulador le dijiste;

Y a la verdad que lo era
El que tonto te llamó,
Pues tú no eres tonto, no,
Sino la misma tontera.

II
Tus mentiras estiras
Con progresos tan felices,
Que en dos palabras que dices
Dices Zoilo mil mentiras.

Por eso admirados todos
Juzgan con razón no poca,
Que hablas sólo por la boca,
Y que mientes por los codos.

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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Concurso de Narrativa del Bicentenario del Parlamento de la Tercera Edad

Organizado por la escritora y docente Ana Bisignani, se realizó el Concurso de Narrativa del Bicentenario del Parlamento de la Tercera Edad del HCD de Vicente López, con un jurado compuesto por la profesora Nora Larrandart, el director de Prensa Libre Roberto Brey y la directora de Mil Milenios de Paz Inés Palomeque.

El concurso, que estuvo auspiciado por el Parlamento de la Tercera Edad cuya presidente, Amelia Domec, colaboró activamente con la iniciativa junto a la secretaria Hebe Tamburri, entregó los siguientes premios:

Mónica Corbella: 1er. Premio con La misiva del portero.
Liliana Gomes: 2º Premio con La magnolia del centenario.
Paula Pellegrini: 3er. Premio con Las cuatro baldosas del general.
Rosaura Pustelnik: 1ra.Mención especial con Un par de guantes negros.
María Elena Álvarez: 2da.Mención por Recuerdos patrios.
Lilia Elena Durand: 3ra. Mención por Gauchos.
Mario Doral: 4ta. Mención por Dos Siglos.
María Antonia Herrera: Diploma del HCD por Abanderado con guantes.
Mafalda Medina de Gallino: Diploma del HCD por Un 25 de Mayo.
Se entregaron, además, menciones y agradecimientos.

La entrega de premios se realizó en el segundo piso del HCD, Av. Maipú 2502, Vicente López ante el jurado, autoridades de HCD y el público.

jueves, 9 de diciembre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (55) por Roberto Brey

55

América Hispana

Por supuesto que el arte estaba desarrollado mucho antes de que llegaran los conquistadores europeos a estas tierras que luego llamaron América. Especialmente en lo referido a escultura, pintura, música, arquitectura, danza… pero todavía la escritura estaba en sus primeras etapas. Es poco lo que se conoce, porque es mucho lo que destruyó el invasor, deseoso de desterrar las creencias y las tradiciones indígenas, para poder someterlos mejor e inculcarles su propia cultura.

Aztecas, mayas e incas fueron las principales civilizaciones nativas que vieron resignadas sus tradiciones culturales tras la conquista, y el incipiente desarrollo de la escritura, en especial entre los mayas, quedó trunco y, lo poco que pudo ser salvado, fue traducido a los idiomas europeos. Por eso hoy estamos obligados a hablar de “literatura hispanoamericana”, producida en su mayor parte por europeos y criollos, algunos de ellos incorporando tradiciones indígenas, pero influenciada principalmente por la literatura europea.


Fermín Estrella Gutiérrez señala la importancia de “las pocas obras en lengua
indígena, de las cuales han llegado noticias hasta nosotros”. La colección
“Teoamoxtli” o “Libro de la sabiduría” (700), de los aztecas; el Popol-Buj o
“Libro de las tradiciones”, de los mayas, rama de los quichés; y el Ollantay, y
los yaravíes de los incas, “para no citar sino las más importantes”.

Se pueden considerar como los primeros atisbos de escritura, aunque no literaria, a las crónicas escritas por los propios conquistadores o por quienes llegaron con ellos. El alemán Ulrico Schmidl (1509-1576), aquel que acompañara a Pedro de Mendoza, tal vez sea el mejor ejemplo en ese sentido. Sus relatos del sitio a los españoles en Santa María del Buen Ayre no es el único, pero la descripción, entre otras, de la antropofagia (y no precisamente de los indios), dio lugar a obras literarias muchos años después. Como el conocido cuento de Manuel Mujica Lainez, “El hambre”.

La estudiosa Susana Zanetti señala tres etapas de la literatura hispanoamericana (que coincide -con algunos años de diferencia- con lo señalado por diversos autores):
La primera, virreynal, anterior a 1800, con autores nativos y españoles, productores de crónicas, historias, poemas y algunos relatos.
De 1800 a 1830: Literatura de la independencia, vinculada a las revoluciones americanas.
De 1830 en adelante, una literatura política que participaba abiertamente en las luchas internas. Y que sólo después de 1880 se convierte en autónoma.

Dice Susana Zanetti: “…la emancipación cultural se produce hacia 1830, cuando las letras del ámbito iberoamericano se desprenden de la tradición neoclásica y enciclopedista que habían heredado de la España dieciochesca y de manera veloz o gradual comienzan a incorporar por cuenta propia los aportes del romanticismo y del positivismo europeos.”

Hacia el siglo XVI los primeros escritos surgen en Santo Domingo y luego en México y Perú, a medida que se afianza la conquista. Todavía son crónicas e historias, de las que se destacan “La historia verdadera de la conquista de la Nueva España” de Bernal Díaz del Castillo (1496-1584), o Pedro Cieza de León (1518-1560) con su: “Crónica del Perú”, o Alonso de Ercilla (1534-1594) autor de “La Araucana”.

Recién en el siglo XVII empiezan a aparecer los escritores nacidos en América y los centros culturales pasan a ser México y Perú, este último con Inca Garcilazo de la Vega (1539-1616), un nativo españolizado, quien en sus “Comentarios reales” describe la vida anterior a la conquista con mayores pretensiones literarias. En México se destaca, unos años después, Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), que se hace monja para poder seguir con su vida intelectual y no estar obligada a someterse a un marido (tendría un importante desarrollo poético). Quien no recuerda aquello de:


“Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis…”

Otro escritor de la época fue Juan Ruiz de Alarcón (1580-1639), el mexicano que produce obras de teatro como “La verdad sospechosa”, pero ya en España, y con poco acento americano.

El siglo XVIII no cambiaría demasiado las cosas. Juan Bautista Aguirre (1725-1786), un jesuita nacido en Ecuador produce poemas de tendencia barroca y será considerado el precursor de la poesía de ese país. El español Alonso Carrió de la Vandera (Concolorcorvo) con su “Lazarillo de ciegos caminantes”, casi cercano a la novela, pero que no deja de ser una crónica de viajes, entre Buenos Aires y Lima, en tono de picaresca. Noé Jitrik, entre otros críticos, destaca como un aspecto interesante del texto, “que menciona a los ‘gauderios’, designación que se aplicaría a los que después serían llamados ‘gauchos’ y que ha dado lugar a largas determinaciones acerca de este paradigmático personaje de las llanuras litoraleñas y pampeanas.”

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martes, 7 de diciembre de 2010

Fueron entregados los premios “Mujica Láinez” en San Isidro





Martine Teller, recibiendo de Ana Mujica, la hija de Manucho, el primer premio del certamen “Manuel Mujica Láinez 2010”

Se llevó a cabo la ceremonia de entrega de los premios del IV concurso literario de cuentos “Manuel Mujica Láinez” que organiza anualmente la Dirección de Cultura de la Municipalidad de San Isidro. La directora, Eleonora Jaureguiberry, explicó: “ésta es la cuarta edición de este premio. Mucha gente confió en nosotros cuando todavía no se perfilaba como un premio, sólo un proyecto, un sueño. Y también cuando fue la idea fuerte de volver a instaurar un premio de cuentos en la Argentina. Un premio a la tradición muy nuestra y que se estaba perdiendo por el avance de los de novela impulsados por las editoriales.”

“En nosotros –dijo- confiaron unas personas y una institución. La familia de “Manucho” -aquí está presente Ana, su hija- y a través de ella agradecemos esta vez con más énfasis porque este es el año del centenario del nacimiento de Manuel Mujica Láinez.”

El jurado trabajando.
Tras agradecer el apoyo brindado, como en ocasiones anteriores, al Banco Credicoop, al jurado, al personal de su dirección se refirió por último a los casi mil que presentaron sus obras. “En ellas –añadió- se vio el empeño, el amor, el cuidado y sobre todo, el talento invertido en esto. Y me congratula que este año el premio lo haya ganado una mujer cuyo trabajo leí y me conmovió mucho.”
Luego de sus palabras, habló el consejero regional para la zona norte de la institución de crédito, Juan Pinto, quien explicó el placer que le cabe a la entidad que representa en apoyar este tipo de emprendimiento cultural.

La ganadora del certamen junto a los miembros del jurado y la titular de la Dirección de Cultura
La ceremonia continuó con la premiación, en primer lugar a quienes fueron distinguidos con menciones, recibiendo medallas y certificados. Estos fueron Roberto Gelbert, Pablo Colacrai, Gabriel Sarobe, Daniel Fontecha y Andrea Fontan. Estuvieron ausentes Sergio Turovetzky, Atilio Verón e Isabel Alí.

El segundo premio fue recibido por Daniel González quien en esta ocasión representó a Pablo Pedroso, también ausente. Finalmente el primer premio lo recibió Martine Teller, de manos de la hija de “Manucho”, Ana Mujica.

El primer premio del concurso literario fue para la obra “El rey de los clavos”, el segundo fue para “Sabores caseros”, de Pablo Pedroso, también de Florida.

En tanto, las menciones fueron para “Redacción”; “Piano de Chopin”; “Por la literatura”; “Los espías”; “Dicho y hecho”; “La viuda”; “La caída de Rocío” y “Los dueños”.

Martine Teller ganadora del concurso recibió un premio de $ 2000, en tanto que Pablo Pedroso recibió $1000.
Los premiados también recibieron la colección de cuentos ganadores de la edición 2009 del concurso.

Durante la ceremonia se presentó la obra ”La Viajera”, incluida en el libro “Aquí vivieron”, de Manuel Mujica Láinez, teatro físico cuya puesta en escena y espacio estuvo a cargo de Oscar Araiz y Yamil Ostrovsky. La interpretación estuvo a cargo de Paula Almirón, Yamila Ramírez, Elena Ponce, Ignacio González Cano, Javier Bazán, Marcos Chávez y Ollantay Rojas, integrantes del grupo de danza de la UNSAM. Como actor invitado participó Pablo Goldberg

jueves, 2 de diciembre de 2010

El cuento: origen y desarrollo: (54) por Roberto Brey

54

El siglo de oro

El siglo XVI y gran parte del XVII, fueron de grandeza para España. Las riquezas que eran extraídas de América, sirvieron en principio para aumentar su capacidad militar, con lo que se sucedieron las conquistas y las guerras por nuevos territorios. Mejores buques, mejores armas, grandes ejércitos, le permitieron ejercer un dominio casi absoluto sobre sus competidores europeos. Claro que aquellos no se quedaron atrás, y la expansión imperial de Europa significó un cambio fundamental en la relación de fuerzas en el mundo. Habría que esperar a las nuevas ideas que precedieron a la Revolución Francesa y a las rebeliones americanas para que la situación cambiara, por lo menos en parte.

Para España la decadencia llegó primero, y ya a finales del siglo XVII había sido superada por sus competidores.
Esa época significó también un largo momento de esplendor para las ciencias y las artes, aunque vinculado con el fulgor del oro, que se extraía por toneladas, gracias al martirio de millones de africanos y americanos esclavizados. Por eso fue llamado, el XVI, el “Siglo de Oro”, que extendió su influjo a lo largo de casi toda la siguiente centuria.

El desarrollo intelectual se vio reflejado, por ejemplo, en el número de centros culturales que se fundaron en este período: La Escuela de Náutica y de Cartografía de Sevilla, que se ocupaba de todo lo que se relacionaba con América, las Academias de Ciencias y Matemáticas, el Museo de Ciencias Naturales, el Jardín Botánico de Aranjuez, la Biblioteca de El Escorial, la Biblioteca Colombina de Sevilla, fundada por Fernando Colón, hijo del descubridor, el Archivo de Simancas, que actualmente conserva inapreciables documentos sobre la conquista y la colonización, etcétera.

Este auge cultural en todos sentidos fue preparado por las universidades españolas, que en el siglo XVI tuvieron fama internacional y recibieron innumerables alumnos de todo el orbe. Salamanca llegó a contar con unos 8.000 alumnos. Florecieron los historiadores y cronistas; la arquitectura, de la mano de nuevas tendencias, que produjeron, por ejemplo, El Alcázar de Toledo y el palacio anexo al de la Alhambra de Granada, La lonja de Zaragoza y la catedral de Málaga.

El Greco y Velázquez sobresalieron en pintura. En Teatro, Lope de Rueda (1544-1566), la figura fundamental de Lope de Vega (1562- 1635), Tirso de Molina (1571-1648), Juan Ruiz de Alarcón (1581-1639), Francisco de Rojas (1607-1660), Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), y una pléyade de escritores, además de la figura preponderante de Cervantes.

Por entonces además de las obras pastoriles, dramáticas o históricas que tuvieron gran auge, uno de los géneros más llamativos fue la picaresca.
El pícaro como figura simpática fue personaje de muchas literaturas, pero alcanzó un alto grado de sátira con Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas (1580-1645), en su obra más lograda, en 1604, “Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos, exemplo de vagamundos y espejo de tacaños”. Quevedo ya había escrito obras políticas y morales, donde predominaba la sátira de personajes arquetípicos, que dejaban de lado los valores morales de aquella sociedad. El personaje principal era el vago, poco afecto al trabajo (que si bien era común en la clase alta, era criticado entre el pueblo bajo), presentado con simpatía, pero capaz de toda clase de tropelías, aunque no siempre dispuesto al delito mayor. El pícaro español es un hombre casi agradable, un producto de la sociedad de la época. El engaño, la hipocresía, el tratar de escalar a cualquier precio, eran considerados métodos eficaces para alcanzar la fortuna, algo que no se podía conseguir a través del trabajo.

El anónimo “El lazarillo de Tormes” irónico retrato de la sociedad del momento (donde aparecían los clérigos de doble moral), ya había mostrado los vicios de la época, al contar en primera persona la historia de un chico que, como guía de ciegos, va viviendo una vida de pícaro aunque finalmente se redime. Varias obras por el estilo se habían difundido posteriormente y debidas a variadas plumas, pero ninguna alcanzó la fama y la contundencia de El buscón, de Quevedo,
Claro que Quevedo ya se había encargado de satirizarlo todo, y hasta a sus propios colegas escritores. Después de una infancia rodeado de la nobleza, con estudios de teología y lenguas antiguas y modernas, sus primeros poemas ya parodiaban los del poeta y dramaturgo Luis de Góngora (1561-1627), lo que motivó que éste respondiera con otros poemas.

Esa vena satírica se destacó también en la letrilla (poesía muy popular, simple y satírica de la época), como "Poderoso Caballero es Don Dinero", donde ya aparecen los motivos de la posterior decadencia de España.

Poderoso caballero es don Dinero. (Selección)

Madre, yo al oro me humillo:
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado,
de continuo anda amarillo;
que pues, doblón o sencillo,
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero es don Dinero.

Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña,
viene a morir en España
y es en Génova enterrado;
y, pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero es don Dinero.

Es galán, y es como un oro;
tiene quebrado el color;
persona de gran valor,
tan cristiano como moro;
pues que da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero,
poderoso caballero es don Dinero.

Son sus padres principales,
y es de nobles descendiente,
porque en las venas de Oriente
todas las sangres son reales;
y, pues es quien hace iguales
al duque y al ganadero,
poderoso caballero es don Dinero.

Sus escudos de armas nobles
son siempre tan principales,
que sin sus escudos reales
no hay escudos de armas dobles;
y, pues a los mismos robles
da codicia su minero,
poderoso caballero es don Dinero.

Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos;
y, pues él rompe recatos
y ablanda al juez más severo,
poderoso caballero es don Dinero.

Nunca vi damas ingratas
a su gusto y afición,
que a las caras de un doblón
hacen sus caras baratas;
y, pues hace las bravatas
desde una bolsa de cuero,
poderoso caballero es don Dinero.

(Es recomendable escuchar la versión musical que hizo de este poema el cantante español Paco Ibáñez)

Hacia 1636 concluye Quevedo su última gran prosa satírica: “La hora de todos y la Fortuna con seso”, inédita hasta 1650. En ella Júpiter le pide a la Fortuna que adjudique por una hora a cada uno lo que verdaderamente merece. Ello conduce a ver las falsas apariencias, la otra cara de la realidad y la verdad oculta tras los velos de la hipocresía, operando por antítesis. Así se da la paradoja de que los médicos son en realidad verdugos, los ricos, pobres pero ladrones, y, en definitiva, se presencia una galería de tipos sociales, oficios y estados que es satirizada implacablemente.

Habría que mencionar también a Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635), con una vida agitada con lances amorosos por doquier, estudió con los jesuitas de Madrid (1574) y cursó estudios universitarios en Alcalá (1576). Sus problemas sentimentales y sus escritos satíricos le valieron infinitos problemas, incluso encarcelamientos, participó en varias guerras, y sus relaciones con las mujeres fueron incontables, aún después de ordenado sacerdote. Dentro de una infinita producción que incluyó poesía, novela y dramaturgia, es recordada entre las más famosas “Fuente Ovejuna”, con su relato de la rebeldía popular, que conserva hasta hoy su vigencia.

Hasta acá hay muy pocos cuentos en verdad. Habrá que esperar todavía algunos años para que aparezcan con mayor fuerza.

Historia de la vida del Buscón de Francisco de Quevedo. Capítulo 1, se puede leer en:
http://www.sprensalibre.com.ar/index.php?id=2336

Historia de la vida del Buscón Francisco de Quevedo
http://www.ciudadseva.com/textos/novela/buscon.htm

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jueves, 25 de noviembre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (53) por Roberto Brey

53

Cervantes cuentista

Pasarían casi dos siglos para que pudiera hablarse de otra gran figura relacionada con el cuento en España: Miguel de Cervantes (1547-1616). Pero como también era época de poetas, sería imposible antes, no mencionar a Íñigo López de Mendoza, El Marqués de Santillana (1398-1458), introductor de la refinada poesía italiana en España, y creador de aquella bella Serranilla que muchos hemos estudiado en la escuela:
La moza de la Finojosa
Moza tan fermosa
non vi en la frontera,
como una vaquera
de la Finojosa.
Faciendo la vía
del Calatraveño
a Santa María,
vencido del sueño,
por tierra fragosa
perdí la carrera,
do vi la vaquera
de la Finojosa.
En un verde prado
de rosas y flores,
guardando ganado
con otros pastores,
la vi tan graciosa
que apenas creyera
que fuese vaquera
de la Finojosa.
No creo las rosas
de la primavera
sean tan fermosas
ni de tal manera,
fablando sin glosa,
si antes supiera
de aquella vaquera
de la Finojosa.
No tanto mirara
su mucha beldad,
porque me dejara
en mi libertad.
Mas dije: «Donosa
(por saber quién era),
¿dónde es la vaquera
de la Finojosa?»
Bien como riendo,
dijo: «Bien vengades;
que ya bien entiendo
lo que demandades:
non es deseosa de amar,
nin lo espera,
aquesa vaquera
de la Finojosa.»

O aquel otro poeta castellano, Jorge Manrique (1440-1479)
Coplas por la muerte de su padre
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
(…)

Pero más allá de esa pequeña distracción con esos grandes poetas españoles, como se dijo, el cuento no tuvo sus cultores de valía hasta que Cervantes publica las “Novelas ejemplares” en 1613, a los 66 años (tres antes de su muerte).

Aunque no hay demasiados datos precisos sobre su vida y su obra (por ejemplo, no se conocen cuáles fueron sus estudios en la infancia y adolescencia), es posible que recibiera en su juventud alguna instrucción literaria. Con poco más de veinte años se fue a Roma y luego de recorrer Italia se enroló en la Armada Española y participó en 1571 en la batalla de Lepanto, donde a consecuencia de un disparo perdió gran parte de la movilidad de un brazo, por lo que se lo llamó el Manco de Lepanto.

Al regresar a España, en 1575, los corsarios asaltan su barco, lo llevan a Argel, donde pasa cinco años de cautiverio y a su regreso, en 1580, encuentra a su familia en la ruina. Con 37 años se casa con Catalina de Salazar y Palacios, de 19, e inicia su carrera literaria. Publica la novela "La Galatea" (1585), y sin demasiado éxito y casi en la ruina, es nombrado recaudador de impuestos para la Armada Invencible, pero termina en la cárcel, acusado de irregularidades en las cuentas. También fue excomulgado por tres veces ante el intento de cobrar a la iglesia los impuestos que ésta estaba obligada a satisfacer.

En 1605 publica la primera parte del Quijote; el éxito dura poco. En 1606 regresa a Madrid, en donde vive con apuros económicos. En sus últimos años publica las "Novelas ejemplares" (1613), entre otras obras. Sus poemas, muchos escritos durante su juventud, fueron incluidos casi siempre dentro de sus novelas, por lo que tuvieron poco reconocimiento.
Tampoco tuvo suerte en el teatro, donde fue eclipsado por el triunfo arrollador de Lope de Vega (su eterno rival) en la escena española.

Su mayor éxito sin duda fue su Quijote, donde, como era costumbre, incluyó varios relatos cortos que pueden considerarse casi como cuentos. Esa obra se cree fue iniciada durante su encarcelamiento, y debido a su éxito tuvo que soportar varios plagios. Recién hacia 1617, ya a su muerte, con las dos partes del Quijote publicadas juntas en Barcelona, empezó a tener el merecido reconocimiento que le faltó en vida.

Todavía en tiempos de Cervantes, el cuento como relato corto, concentrado y con punch como quería Poe, estaba lejos de prevalecer. Por el contrario, se buscaba darle unidad y marco a una serie de cuentos, lo que permitió el desarrollo de la novela, muchas veces como una sucesión de relatos cortos enlazados. Este tipo de relatos (la novela, o el romance), con mayor detalle del contexto social, con mayor desarrollo psicológico, prevalece durante mucho tiempo por sobre la rápida definición o la sorpresa final que traería luego el cuento moderno.

Muchos escritores de Europa, en los siguientes años incluyen relatos cortos en sus novelas, pero no se deciden por ese género como disciplina independiente, como ya se ha visto, hasta entrado el siglo XVIII.

Se puede leer cuentos de Cervantes en: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/cervan/mcs.htm
El amante liberal en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/cervan/amanteli.htm
El casamiento engañoso en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/cervan/casamien.htm
El licenciado Vidriera en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/cervan/licencia.htm
La gitanilla en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/cervan/gitanill.htm
Rinconete y Cortadillo en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/cervan/rincone.htm
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jueves, 18 de noviembre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (52) por Roberto Brey

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El cuento en España

Si en Egipto quedaron asentados por escrito algunos de los relatos más antiguos, no fue por casualidad. La escritura nació en Medio Oriente y los cuentos provienen de allí desde la “Historia de Sinué” hasta las “Mil y una noches”. Pero es en la Edad Media donde el cuento alcanza su primer momento de esplendor (que luego se vería sumergido por la novela), con el relato folclórico, la picaresca y los relatos morales. Es probable también que muchos de los relatos orientales hayan penetrado en Europa a través de la España musulmana, y se fueran mezclando con las tradiciones locales. Cómo encontrar orígenes ciertos a través de la mutua contaminación de historias orales que se iban enriqueciendo por un lado, y perdiendo o cambiando personajes y detalles al atravesar por distintos relatores a través del tiempo y los lugares.

Una de las más famosas recopilaciones fue la compuesta en latín por un médico sefardí: “Disciplina clericales”, quien al ingresar al cristianismo adoptó el nombre de Pedro Alfonso (c. 1050-1115). La obra consta de 34 relatos estructurados en diálogos, cuyo principal objetivo es trasmitir la sabiduría práctica. El mismo Pedro Alfonso cuenta su método y su intención:
“...hecha en parte de sentencias de filósofos y de sus comentarios, en parte de proverbios, fábulas y versos árabes y en fin de comparaciones tomadas de animales y pájaros. He también respetado la justa medida, ya que si escribiera más de lo necesario mis escritos serían más una carga que una ayuda para el lector. Yo quisiera que esta composición sea —tanto para los que la leen como para los que la escuchan— una ocasión para instruirse. Que gracias a lo que contiene, se acuerden de lo que han olvidado.”

Estos relatos fueron la base de otros cuentos, en recopilaciones, imitaciones o adaptaciones, efectuadas por distintos autores. Don Juan Manuel o Cervantes son de los más famosos que abrevaron en esas fuentes.

España puede considerarse el primer país europeo en desarrollar el cuento medieval, tomado de aquellas viejas leyendas y relatos populares con sentido moralizante, pero con intenciones literarias y no meramente informativas.

Giovanni Boccaccio (1313-1375) en Italia, Geoffrey Chaucer (1340-1400) en Inglaterra, Margarita de Navarra (1492-1549) en Francia y Don Juan Manuel (1282-1348) en España son las figuras más representativas de este nuevo modelo de cuento; pero como se puede advertir por los años, el adelantado es éste último.

Como ya se mencionó, es probable que la primacía española se deba a la influencia árabe, que permitió que se destacaran varios escritores, entre ellos Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, un clérigo de Guadalajara del que se sabe nació hacia 1283, estuvo encarcelado en la catedral de Toledo y escribió una única obra en verso, el Libro de buen amor. Con una postura crítica hacia el alto clero, en contra de la abstención sexual y con un rico y elaborado lenguaje, emparentado con la técnica del sermón, aunque con un tono popular y coloquial, que ofrece un panorama de la vida social de comienzos del siglo XIV. Se estima su muerte alrededor de 1350 ó 51.

De Don Juan Manuel (1282-1348) se sabe mucho más. Sobrino del rey Alfonso X el Sabio recibió los títulos de Príncipe, Señor y Duque de Villena, pero también un importante bagaje cultural que incluía idiomas y múltiples conocimientos. Su obra maestra es sin duda el Libro de Patronio o Conde Lucanor, concluida en 1335, un libro que consta de una cincuentena de cuentos (en realidad, apólogos, fábulas, alegorías e incluso pequeñas novelitas) precedida de un prólogo y con cuatro breves tratados en prosa. Con una amplia variedad de fuentes (desde relatos orales de sus sirvientes judíos y moriscos, pasando por la Disciplina clericalis y hasta sermones eclesiásticos), como conjunto puede ser considerado una novela, pero integrada por una variedad de cuentos con muy diversa temática. Para muchos críticos, como Jaime Rest, aquí se deja de lado la intención religiosa visible en Pedro Alfonso, para pasar a la educación política de los hombres de estado, escrito en un lenguaje muy culto, utilizando al personaje de Patronio como preceptor del conde Lucanor.

El estilo del infante Don Juan Manuel se caracteriza por la selección, la sobriedad y la precisión. Lo define él mismo de esta manera:

Sabed que todas las razones son dichas por muy buenas palabras et por los más
fermosos latines que yo nunca oí decir en libro que fuese fecho en romance; et
poniendo declaradamente cumplida la razón que quiere decir, pónelo en las menos
palabras que pueden seer.
Don Juan Manuel, Libro de los estados

Pedro Alfonso.
Los primeros 15 ejemplos de “Disciplina clericales”, se pueden leer en:
http://www.sprensalibre.com.ar/index.php?id=2318

Cuento I Juan Manuel
De lo que aconteció al rey con un ministro suyo
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/juanma/i.htm
Cuento V Juan Manuel
De lo que aconteció a una zorra con un cuervo que tenía un pedazo de queso en el pico
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/juanma/i.htm
Cuento VII Juan Manuel
De lo que aconteció a una mujer que le decían doña Truhana
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/juanma/vii.htm
Cuento X Juan Manuel
Lo que sucedió a un hombre que por pobreza y falta de otra cosa comía altramuces*
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/juanma/x.htm
El conde Lucanor, completo
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/juanma/lucanor/lucanor.htm

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jueves, 11 de noviembre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (51) por Roberto Brey

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Giovanni Verga (1840-1922)

Nacido en Catania (Sicilia) el 2 de septiembre de 1840, en una familia de origen noble y con tendencias liberales, a los diecisiete años escribe su primera novela, “Amore e patria”. Abandona la Facultad de Leyes, se dedica al periodismo y en 1861 funda el semanario político “Roma degli italiani”. Por entonces escribe novelas histórico-patrióticas, se establece en Florencia, donde frecuenta los salones literarios y conoce a muchos intelectuales de la época, entre ellos al anarquista ruso Mijail Bakunin (1814-1876, que fue un filósofo contemporáneo de Karl Marx, considerado uno de los "padres del anarquismo").

Por entonces Verga se inclina por la novela romántica, cuyo mayor ejemplo es “Storia di una caminera”, que resulta todo un éxito. Es recién en 1874, ya instalado en Milán, cuando, al decir del estudioso mexicano, Guillermo Fernández, ya influido por los naturalistas franceses, escribe “Nedda”. Al aparecer Nedda, Luigi Capuana –que además de narrador era un teórico del verismo (la versión italiana del naturalismo francés)- señaló que Verga había encontrado un “nuevo filón en la mina casi intacta de la narrativa italiana”. Efectivamente, ese ‘’boceto siciliano’’ indica un giro de noventa grados en la obra de Verga, que le da la espalda a la temática y al tono del romanticismo decadente para adherirse al movimiento verista.

Fernández cita a Corrado Simioni, quien señala: “El verismo, versión italiana del naturalismo, se aparta notablemente de las teorías de Zolá, y parece estar más directamente ligado al realismo manzoniano y a las lecciones de De Sanctis. (…) mientras los franceses describían generalmente el mundo del proletariado parisino, los italianos (…) volvieron la mirada a la realidad regional, que era, incluso desde un punto de vista político-social, la más importante en aquel momento. (…) la tierra natal, y el nostálgico embeleso de la infancia y el mundo primitivo ocupó el puesto del rigor científico.”

A partir de allí Giovanni Verga vuelve a su tierra natal, a describir los humildes ambientes de la Sicilia patriarcal. Esos serán sus personajes, “inmersos en un mundo que se hallaba a un solo paso de la animalidad, de la absoluta esencialidad”, al decir de Martínez.

Sus mejores obras se darían en esa época: “Vita dei campi” (cuentos:1880); “I Malavoglia” (novela: 1881); “Novelle rusticane” y “Per le vie”, dos series de cuentos publicados en periódicos y revistas, reunidos en volumen en 1883, así como también Mastro-don Gesualdo, que publicó en 1888. Estas obras hablan de la gente de su tierra natal, de su pobreza, del dolor, las pasiones y la tragedia en las que viven, sometidos a un ciego e implacable destino.

Salvo “Per le vie”, “estas obras están consideradas como el más alto logro del verismo y de la narrativa verguiana”, asegura Fernández, quien afirma que “halló en D.H Lawrence (famoso escritor inglés: 1885-1930) a su más apasionado traductor y divulgador en lengua inglesa”.

Lawrence aseguraba: “(Verga) Es el más grande novelista italiano después de Manzoni. Sin embargo, nadie le hace caso (...) Verga es un gran maestro del cuento. El libro Novelle rusticane y el volumen titulado Cavalleria rusticana (Vita dei Campi) contiene algunos de los mejores cuentos escritos en todo el mundo. En ellos hay unos tan breves y convincentes como los de Chejov. No obstante, nadie los lee. Son ‘demasiado deprimentes’, dicen. No deprimen ni la mitad de cuanto deprime Chejov. No entiendo el gusto del público.”

Sus últimos años Verga los pasa en Catania hasta su muerte (1922), salvo algunas breves estadías en Milán y Roma. Un año antes la Justicia milanesa le reconoce la coautoría de la ópera “Cavalleria rusticana”, en el juicio que le entabla a Mascagni.

El título de la obra “Cavallería Rusticana” es en italiano y no en español.
Lo de “cavallería” (con v corta) no tiene que ver con caballos, hecho que sí
sucede en la opereta “Caballería Ligera” de Franz von Suppé, de tan famosa
obertura. La traducción más acertada de ese título sería “Caballerosidad rústica
o pueblerina” y alude al código de honor que rige en una modesta comunidad
siciliana.


En esos años abandona el ‘verismo’ y su obra empieza a decaer, aunque su influencia pervive en
los escritores que desarrollarían luego el neorrealismo, como Pirandello, Pavese y Pasolini, entre otros. En 1947 Luchino Visconti realiza “La terra trema”, película basada en I Malavoglia y más tarde se puede encontrar en el cine de los hermanos Taviani, quienes también filman cuentos de Pirandello.

Cuatro cuentos de Verga se pueden leer en: http://www.materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf/giovanni_verga.pdf
Giovanni Verga habla sobre su obra en la dedicatoria del cuento L’amante de Gramigna, dirigida a Salvatore Farina: http://www.sprensalibre.com.ar/index.php?id=2317

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martes, 9 de noviembre de 2010

Homos Gorilus

por Manuel Vicent *

No es lo peor que el hombre descienda del mono, como dijo Darwin, sino que está evolucionando directamente hacia el mono, como afirma Schopenhauer.

Conozco a algunos ejemplares humanos que solo se diferencian de los simios en que se afeitan todas las mañanas, se ponen desodorante en las axilas y que en vez de exhibir unas encías enormes, enseñan varias muelas de oro cuando se ríen. En concreto, hay monos que parecen graduados en Cambridge, si se comparan con algunos de nuestros congéneres.

Las torturas en las cárceles, las violaciones masivas como hitos de victoria, el fanatismo religioso que te condena al fuego eterno, los eructos que emergen del subconsciente más sucio de algunos políticos, son formas de comportarse que dejan a cualquier mono muy por arriba en la escala de nuestra especie. Cada uno de estos simios humanos pertenece a una clase distinta y se presenta con un disfraz característico.

Hay gorilas con el pecho cubierto de medallas, orangutanes con pistolón en la cadera, chimpancés con la mitra dorada, primates con un acta de diputado. También está el alcalde rijoso y el escritor narcisista que se masturban públicamente como macacos. Compáralos con un mono angelical y piensa quién es más cruel, más idiota y lúbrico. Solo en contadas ocasiones he tenido contacto directo con el mundo de los simios.

En un circo de Hamburgo vi a un orangután que fumaba un cigarrillo y se tragaba el humo con más estilo que Bogart. En el zoo de San Diego, en California, me quedé solo ante un chimpancé, los dos cara a cara. Traté de sostenerle la mirada durante unos minutos. Tuve que apartar los ojos porque aquel ser parecía decirme: "Lo sé todo de ti, te conozco hasta el fondo del alma".

En la reserva de Tsavo, en Kenia, asistí de cerca a una arenga militar. A la sombra de una acacia un mono instructor caldeaba los ánimos de un pelotón de babuinos. Según el guía, los estaba preparando para atacar a un bando enemigo, que a su vez también recibía instrucciones de otro demagogo para el combate. "Si no se matan, se aburren. Todos quieren ser héroes", dijo el guía.

Pero ningún mono escribe libros, pensé, ni siente la pulsión de la tortura, dos placeres, uno que lleva al hombre al ridículo, el otro que solo comparte con las ratas.

Manuel Vicent* Prolífico escritor y periodista español, nacido en 1936

jueves, 4 de noviembre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (50) por Roberto Brey

50

Las luchas por la unidad y la independencia en Italia


En el clima de lucha permanente que vivió Italia durante el siglo XIX, participaron activamente los intelectuales, integrando movimientos liberales, grupos masónicos, logias secretas, entre la que se destacó en los primeros años del siglo, la de “Los carbonarios”. Esta secta, con ritos secretos, y un sistema de seguridad propio de todo grupo clandestino, luchó activamente contra los austríacos, por la libertad y la democracia en Italia.

Originada en los obreros del carbón, pronto logró adhesiones de todos los sectores sociales. Fue muy poderosa en los alrededores de Nápoles y desató una revolución en 1820, que fue luego aplastada sangrientamente por el gobierno imperial, al igual que otras rebeliones posteriores en otras partes de Italia. Su influencia se extendió a Francia y a España, participó en revoluciones, pero finalmente sucesivas derrotas militares, minaron su poder, y uno de sus primeros adeptos, el político y literato Giuseppe Mazzini fundó una nueva sociedad secreta llamada Joven Italia (que recuerda a la “Joven Alemania”) en la cual habrían confluido muchos ex adherentes de la Carbonería.

Justamente Giuseppe Mazzini (1805-1872), es para el crítico Francesco De Sanctis (1817-1883), el exponente de la “escuela democrática”, opuesto al grupo católico liberal de Manzoni.
Avanzado el siglo, la siguiente generación siguió adelante, tanto en sus anhelos de libertad, como en la profundización del romanticismo.
Pero es importante destacar la influencia que ejerció el crítico mencionado, especialmente a partir de la publicación de su “Historia de la literatura Italiana” en 1873, al año de la muerte de Mazzini y en el que moría Alessandro Manzoni. Al decir de María Cristina Giambelluca, la obra de De Sanctis, aunque hoy superada, “representó una revisión de la obra de arte como objeto autónomo con respecto a los esquemas exteriores y morales, y al mismo tiempo, vinculada con la época que la produjo”. Como historiador –explica- “resumió los méritos y los logros de las doctrinas románticas, al reunir en una obra coherente la consideración rigurosa de la obra literaria y el espíritu de la unidad nacional”.

Otros escritores de valía del período fueron:
Giosué Carducci (1836-1907), poeta demócrata y anticlerical, ganador del primer premio Nobel literario para Italia en 1906. Giovani Pascoli (1855-1912), el poeta de la vida campesina; Gabriele d’Annunzio (1864-1938), cronista de la decadencia, “pervirtió sus extraordinarios talentos en una literatura de la más baja categoría… con sus descripciones de pasión sensual y grosera obscenidad…”, dijo el mencionado Gardner con una visión ultra católica, aunque supo reconocer su valor.

Es posible mencionar también otras corrientes de la época inspiradas desde Francia por Zola, como el naturalismo y la literatura regional, crónica de las miserias y del dolor de la época, o de la vida de la pequeña burguesía (Matilde Serao 1856-1927 / Renato Fucini 1843-1922). También se puede recordar a Edmundo De Amicis (1846-1922), cantor de la virtud y el heroísmo, autor del famoso “Corazón” con su episodio “De los Apeninos a los Andes”, muy leído en los colegios argentinos. El romano Giambattista Maccari (1832-1868), el siciliano Luigi Capuana (1839-1915).

Pero el más destacado entre ellos y el que le da una nueva vida al “novello” (cuento), es Giovanni Verga (1840-1922). “Cavalleria rusticana”, uno de sus cuentos de “Vita dei campi” (1880) quedaría registrado como el mayor ejemplo del “verismo”, por su relato descarnado y naturalista de la vida en Sicilia.

Los Dragones, cuento de Luigi Capuana puede leerse en:http://www.epdlp.com/texto.php?id2=1611

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