martes, 30 de septiembre de 2014

Cuento para todos: de los orígenes a la actualidad

Capítulo 12: Stendhal
por Roberto Brey


Stendhal.
Stendhal (1783-1842), seudónimo de Henri Beyle, estaba atento a los acontecimientos político-sociales de su convulsionada época, y al contrario de Balzac, profesaba un liberalismo anticatólico. Vivió todas las alternativas de las convulsiones posteriores a la Revolución Francesa y sus cambios sociales, y entre sus creencias, exaltaba el valor de la voluntad, como capaz de sobrepasar las trabas físicas de los hombres.
Activo militante político, los avatares de su lucha lo llevan a exiliarse en Italia durante varios años.

Convencido del peso de la política en la literatura, convencido también de la imposibilidad de escapar de la realidad, sus novelas son una especie de crónicas políticas, por los menos en “Rojo y Negro”, “La Cartuja de Parma”, “Lucien Leuden”, entre otras.
También es famoso su ensayo sobre el amor (“Del amor”), pero las novelas le llevaban la vida. “La novela es un espejo que se pasea a lo largo del camino”, escribió alguna vez, y siempre manifestó su intención de pintar cuadros de costumbres.
Los cuentos en Stendhal son desiguales, y algunos de ellos se recopilaron en sus “Crónicas italianas”. Su estilo irónico, seco, su poca afición por el sentimentalismo no lo hicieron el predilecto de un público que buscaba la evasión en las novelas, pero se lo reconoce por los temas que trata, un estilo discontinuo, el monólogo interior, la importancia de los fragmentos. Junto con Balzac, son los precursores del realismo francés.

Uno de sus cuentos: “El arca y el aparecido”, puede leerse en: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/fran/stendhal/arca.htmtextos/cuentos/fran/stendhal/arca.htm

Mérimée,
Mérimée

Stendhal, hombre de pocos amigos, prefería “más los hombres extraordinarios que los ordinarios” y su mayor amigo fue Próspero Mérimée (1803-1870).
Éste trabajó como funcionario público y fue nombrado inspector general de monumentos históricos. Frecuentador de los salones literarios, supo interesarse por la historia, la arqueología y el folclore. Esos intereses lo llevaron a estudiar idiomas y a mostrar un particular interés por España y Rusia.

Entre sus primeras obras, se cuentan piezas teatrales, y una de ellas tiene una curiosidad, ya que sus protagonistas son la “Perricholli” y el virrey del Perú (personajes románticos muy renombrados en América durante el período colonial).

La mayor fama de Próspero Merimée, en parte proviene de “Carmen”, obra que dio lugar luego a la famosa ópera de Bizet. Admirador de Walter Scott y de Alejandro Pushkin, los críticos señalan a sus cuentos como lo mejor de su obra: mantiene un estilo seco (como el de los mejores policiales), con una mirada exterior que por momentos los vuelve crueles; así se transforma en una especie de testigo objetivo de la violencia y de la maldad del mundo. Entre ellos se destacan “Carmen Tamayo”, “La Venus de Ille” (1837), “El jarrón etrusco” (1840) y “Mateo Falcone” (1833). (Este último puede leerse en: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/fran/merimee/mateo.htm).