jueves, 18 de noviembre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (52) por Roberto Brey

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El cuento en España

Si en Egipto quedaron asentados por escrito algunos de los relatos más antiguos, no fue por casualidad. La escritura nació en Medio Oriente y los cuentos provienen de allí desde la “Historia de Sinué” hasta las “Mil y una noches”. Pero es en la Edad Media donde el cuento alcanza su primer momento de esplendor (que luego se vería sumergido por la novela), con el relato folclórico, la picaresca y los relatos morales. Es probable también que muchos de los relatos orientales hayan penetrado en Europa a través de la España musulmana, y se fueran mezclando con las tradiciones locales. Cómo encontrar orígenes ciertos a través de la mutua contaminación de historias orales que se iban enriqueciendo por un lado, y perdiendo o cambiando personajes y detalles al atravesar por distintos relatores a través del tiempo y los lugares.

Una de las más famosas recopilaciones fue la compuesta en latín por un médico sefardí: “Disciplina clericales”, quien al ingresar al cristianismo adoptó el nombre de Pedro Alfonso (c. 1050-1115). La obra consta de 34 relatos estructurados en diálogos, cuyo principal objetivo es trasmitir la sabiduría práctica. El mismo Pedro Alfonso cuenta su método y su intención:
“...hecha en parte de sentencias de filósofos y de sus comentarios, en parte de proverbios, fábulas y versos árabes y en fin de comparaciones tomadas de animales y pájaros. He también respetado la justa medida, ya que si escribiera más de lo necesario mis escritos serían más una carga que una ayuda para el lector. Yo quisiera que esta composición sea —tanto para los que la leen como para los que la escuchan— una ocasión para instruirse. Que gracias a lo que contiene, se acuerden de lo que han olvidado.”

Estos relatos fueron la base de otros cuentos, en recopilaciones, imitaciones o adaptaciones, efectuadas por distintos autores. Don Juan Manuel o Cervantes son de los más famosos que abrevaron en esas fuentes.

España puede considerarse el primer país europeo en desarrollar el cuento medieval, tomado de aquellas viejas leyendas y relatos populares con sentido moralizante, pero con intenciones literarias y no meramente informativas.

Giovanni Boccaccio (1313-1375) en Italia, Geoffrey Chaucer (1340-1400) en Inglaterra, Margarita de Navarra (1492-1549) en Francia y Don Juan Manuel (1282-1348) en España son las figuras más representativas de este nuevo modelo de cuento; pero como se puede advertir por los años, el adelantado es éste último.

Como ya se mencionó, es probable que la primacía española se deba a la influencia árabe, que permitió que se destacaran varios escritores, entre ellos Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, un clérigo de Guadalajara del que se sabe nació hacia 1283, estuvo encarcelado en la catedral de Toledo y escribió una única obra en verso, el Libro de buen amor. Con una postura crítica hacia el alto clero, en contra de la abstención sexual y con un rico y elaborado lenguaje, emparentado con la técnica del sermón, aunque con un tono popular y coloquial, que ofrece un panorama de la vida social de comienzos del siglo XIV. Se estima su muerte alrededor de 1350 ó 51.

De Don Juan Manuel (1282-1348) se sabe mucho más. Sobrino del rey Alfonso X el Sabio recibió los títulos de Príncipe, Señor y Duque de Villena, pero también un importante bagaje cultural que incluía idiomas y múltiples conocimientos. Su obra maestra es sin duda el Libro de Patronio o Conde Lucanor, concluida en 1335, un libro que consta de una cincuentena de cuentos (en realidad, apólogos, fábulas, alegorías e incluso pequeñas novelitas) precedida de un prólogo y con cuatro breves tratados en prosa. Con una amplia variedad de fuentes (desde relatos orales de sus sirvientes judíos y moriscos, pasando por la Disciplina clericalis y hasta sermones eclesiásticos), como conjunto puede ser considerado una novela, pero integrada por una variedad de cuentos con muy diversa temática. Para muchos críticos, como Jaime Rest, aquí se deja de lado la intención religiosa visible en Pedro Alfonso, para pasar a la educación política de los hombres de estado, escrito en un lenguaje muy culto, utilizando al personaje de Patronio como preceptor del conde Lucanor.

El estilo del infante Don Juan Manuel se caracteriza por la selección, la sobriedad y la precisión. Lo define él mismo de esta manera:

Sabed que todas las razones son dichas por muy buenas palabras et por los más
fermosos latines que yo nunca oí decir en libro que fuese fecho en romance; et
poniendo declaradamente cumplida la razón que quiere decir, pónelo en las menos
palabras que pueden seer.
Don Juan Manuel, Libro de los estados

Pedro Alfonso.
Los primeros 15 ejemplos de “Disciplina clericales”, se pueden leer en:
http://www.sprensalibre.com.ar/index.php?id=2318

Cuento I Juan Manuel
De lo que aconteció al rey con un ministro suyo
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/juanma/i.htm
Cuento V Juan Manuel
De lo que aconteció a una zorra con un cuervo que tenía un pedazo de queso en el pico
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/juanma/i.htm
Cuento VII Juan Manuel
De lo que aconteció a una mujer que le decían doña Truhana
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/juanma/vii.htm
Cuento X Juan Manuel
Lo que sucedió a un hombre que por pobreza y falta de otra cosa comía altramuces*
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/juanma/x.htm
El conde Lucanor, completo
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/juanma/lucanor/lucanor.htm

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jueves, 11 de noviembre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (51) por Roberto Brey

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Giovanni Verga (1840-1922)

Nacido en Catania (Sicilia) el 2 de septiembre de 1840, en una familia de origen noble y con tendencias liberales, a los diecisiete años escribe su primera novela, “Amore e patria”. Abandona la Facultad de Leyes, se dedica al periodismo y en 1861 funda el semanario político “Roma degli italiani”. Por entonces escribe novelas histórico-patrióticas, se establece en Florencia, donde frecuenta los salones literarios y conoce a muchos intelectuales de la época, entre ellos al anarquista ruso Mijail Bakunin (1814-1876, que fue un filósofo contemporáneo de Karl Marx, considerado uno de los "padres del anarquismo").

Por entonces Verga se inclina por la novela romántica, cuyo mayor ejemplo es “Storia di una caminera”, que resulta todo un éxito. Es recién en 1874, ya instalado en Milán, cuando, al decir del estudioso mexicano, Guillermo Fernández, ya influido por los naturalistas franceses, escribe “Nedda”. Al aparecer Nedda, Luigi Capuana –que además de narrador era un teórico del verismo (la versión italiana del naturalismo francés)- señaló que Verga había encontrado un “nuevo filón en la mina casi intacta de la narrativa italiana”. Efectivamente, ese ‘’boceto siciliano’’ indica un giro de noventa grados en la obra de Verga, que le da la espalda a la temática y al tono del romanticismo decadente para adherirse al movimiento verista.

Fernández cita a Corrado Simioni, quien señala: “El verismo, versión italiana del naturalismo, se aparta notablemente de las teorías de Zolá, y parece estar más directamente ligado al realismo manzoniano y a las lecciones de De Sanctis. (…) mientras los franceses describían generalmente el mundo del proletariado parisino, los italianos (…) volvieron la mirada a la realidad regional, que era, incluso desde un punto de vista político-social, la más importante en aquel momento. (…) la tierra natal, y el nostálgico embeleso de la infancia y el mundo primitivo ocupó el puesto del rigor científico.”

A partir de allí Giovanni Verga vuelve a su tierra natal, a describir los humildes ambientes de la Sicilia patriarcal. Esos serán sus personajes, “inmersos en un mundo que se hallaba a un solo paso de la animalidad, de la absoluta esencialidad”, al decir de Martínez.

Sus mejores obras se darían en esa época: “Vita dei campi” (cuentos:1880); “I Malavoglia” (novela: 1881); “Novelle rusticane” y “Per le vie”, dos series de cuentos publicados en periódicos y revistas, reunidos en volumen en 1883, así como también Mastro-don Gesualdo, que publicó en 1888. Estas obras hablan de la gente de su tierra natal, de su pobreza, del dolor, las pasiones y la tragedia en las que viven, sometidos a un ciego e implacable destino.

Salvo “Per le vie”, “estas obras están consideradas como el más alto logro del verismo y de la narrativa verguiana”, asegura Fernández, quien afirma que “halló en D.H Lawrence (famoso escritor inglés: 1885-1930) a su más apasionado traductor y divulgador en lengua inglesa”.

Lawrence aseguraba: “(Verga) Es el más grande novelista italiano después de Manzoni. Sin embargo, nadie le hace caso (...) Verga es un gran maestro del cuento. El libro Novelle rusticane y el volumen titulado Cavalleria rusticana (Vita dei Campi) contiene algunos de los mejores cuentos escritos en todo el mundo. En ellos hay unos tan breves y convincentes como los de Chejov. No obstante, nadie los lee. Son ‘demasiado deprimentes’, dicen. No deprimen ni la mitad de cuanto deprime Chejov. No entiendo el gusto del público.”

Sus últimos años Verga los pasa en Catania hasta su muerte (1922), salvo algunas breves estadías en Milán y Roma. Un año antes la Justicia milanesa le reconoce la coautoría de la ópera “Cavalleria rusticana”, en el juicio que le entabla a Mascagni.

El título de la obra “Cavallería Rusticana” es en italiano y no en español.
Lo de “cavallería” (con v corta) no tiene que ver con caballos, hecho que sí
sucede en la opereta “Caballería Ligera” de Franz von Suppé, de tan famosa
obertura. La traducción más acertada de ese título sería “Caballerosidad rústica
o pueblerina” y alude al código de honor que rige en una modesta comunidad
siciliana.


En esos años abandona el ‘verismo’ y su obra empieza a decaer, aunque su influencia pervive en
los escritores que desarrollarían luego el neorrealismo, como Pirandello, Pavese y Pasolini, entre otros. En 1947 Luchino Visconti realiza “La terra trema”, película basada en I Malavoglia y más tarde se puede encontrar en el cine de los hermanos Taviani, quienes también filman cuentos de Pirandello.

Cuatro cuentos de Verga se pueden leer en: http://www.materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf/giovanni_verga.pdf
Giovanni Verga habla sobre su obra en la dedicatoria del cuento L’amante de Gramigna, dirigida a Salvatore Farina: http://www.sprensalibre.com.ar/index.php?id=2317

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martes, 9 de noviembre de 2010

Homos Gorilus

por Manuel Vicent *

No es lo peor que el hombre descienda del mono, como dijo Darwin, sino que está evolucionando directamente hacia el mono, como afirma Schopenhauer.

Conozco a algunos ejemplares humanos que solo se diferencian de los simios en que se afeitan todas las mañanas, se ponen desodorante en las axilas y que en vez de exhibir unas encías enormes, enseñan varias muelas de oro cuando se ríen. En concreto, hay monos que parecen graduados en Cambridge, si se comparan con algunos de nuestros congéneres.

Las torturas en las cárceles, las violaciones masivas como hitos de victoria, el fanatismo religioso que te condena al fuego eterno, los eructos que emergen del subconsciente más sucio de algunos políticos, son formas de comportarse que dejan a cualquier mono muy por arriba en la escala de nuestra especie. Cada uno de estos simios humanos pertenece a una clase distinta y se presenta con un disfraz característico.

Hay gorilas con el pecho cubierto de medallas, orangutanes con pistolón en la cadera, chimpancés con la mitra dorada, primates con un acta de diputado. También está el alcalde rijoso y el escritor narcisista que se masturban públicamente como macacos. Compáralos con un mono angelical y piensa quién es más cruel, más idiota y lúbrico. Solo en contadas ocasiones he tenido contacto directo con el mundo de los simios.

En un circo de Hamburgo vi a un orangután que fumaba un cigarrillo y se tragaba el humo con más estilo que Bogart. En el zoo de San Diego, en California, me quedé solo ante un chimpancé, los dos cara a cara. Traté de sostenerle la mirada durante unos minutos. Tuve que apartar los ojos porque aquel ser parecía decirme: "Lo sé todo de ti, te conozco hasta el fondo del alma".

En la reserva de Tsavo, en Kenia, asistí de cerca a una arenga militar. A la sombra de una acacia un mono instructor caldeaba los ánimos de un pelotón de babuinos. Según el guía, los estaba preparando para atacar a un bando enemigo, que a su vez también recibía instrucciones de otro demagogo para el combate. "Si no se matan, se aburren. Todos quieren ser héroes", dijo el guía.

Pero ningún mono escribe libros, pensé, ni siente la pulsión de la tortura, dos placeres, uno que lleva al hombre al ridículo, el otro que solo comparte con las ratas.

Manuel Vicent* Prolífico escritor y periodista español, nacido en 1936

jueves, 4 de noviembre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (50) por Roberto Brey

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Las luchas por la unidad y la independencia en Italia


En el clima de lucha permanente que vivió Italia durante el siglo XIX, participaron activamente los intelectuales, integrando movimientos liberales, grupos masónicos, logias secretas, entre la que se destacó en los primeros años del siglo, la de “Los carbonarios”. Esta secta, con ritos secretos, y un sistema de seguridad propio de todo grupo clandestino, luchó activamente contra los austríacos, por la libertad y la democracia en Italia.

Originada en los obreros del carbón, pronto logró adhesiones de todos los sectores sociales. Fue muy poderosa en los alrededores de Nápoles y desató una revolución en 1820, que fue luego aplastada sangrientamente por el gobierno imperial, al igual que otras rebeliones posteriores en otras partes de Italia. Su influencia se extendió a Francia y a España, participó en revoluciones, pero finalmente sucesivas derrotas militares, minaron su poder, y uno de sus primeros adeptos, el político y literato Giuseppe Mazzini fundó una nueva sociedad secreta llamada Joven Italia (que recuerda a la “Joven Alemania”) en la cual habrían confluido muchos ex adherentes de la Carbonería.

Justamente Giuseppe Mazzini (1805-1872), es para el crítico Francesco De Sanctis (1817-1883), el exponente de la “escuela democrática”, opuesto al grupo católico liberal de Manzoni.
Avanzado el siglo, la siguiente generación siguió adelante, tanto en sus anhelos de libertad, como en la profundización del romanticismo.
Pero es importante destacar la influencia que ejerció el crítico mencionado, especialmente a partir de la publicación de su “Historia de la literatura Italiana” en 1873, al año de la muerte de Mazzini y en el que moría Alessandro Manzoni. Al decir de María Cristina Giambelluca, la obra de De Sanctis, aunque hoy superada, “representó una revisión de la obra de arte como objeto autónomo con respecto a los esquemas exteriores y morales, y al mismo tiempo, vinculada con la época que la produjo”. Como historiador –explica- “resumió los méritos y los logros de las doctrinas románticas, al reunir en una obra coherente la consideración rigurosa de la obra literaria y el espíritu de la unidad nacional”.

Otros escritores de valía del período fueron:
Giosué Carducci (1836-1907), poeta demócrata y anticlerical, ganador del primer premio Nobel literario para Italia en 1906. Giovani Pascoli (1855-1912), el poeta de la vida campesina; Gabriele d’Annunzio (1864-1938), cronista de la decadencia, “pervirtió sus extraordinarios talentos en una literatura de la más baja categoría… con sus descripciones de pasión sensual y grosera obscenidad…”, dijo el mencionado Gardner con una visión ultra católica, aunque supo reconocer su valor.

Es posible mencionar también otras corrientes de la época inspiradas desde Francia por Zola, como el naturalismo y la literatura regional, crónica de las miserias y del dolor de la época, o de la vida de la pequeña burguesía (Matilde Serao 1856-1927 / Renato Fucini 1843-1922). También se puede recordar a Edmundo De Amicis (1846-1922), cantor de la virtud y el heroísmo, autor del famoso “Corazón” con su episodio “De los Apeninos a los Andes”, muy leído en los colegios argentinos. El romano Giambattista Maccari (1832-1868), el siciliano Luigi Capuana (1839-1915).

Pero el más destacado entre ellos y el que le da una nueva vida al “novello” (cuento), es Giovanni Verga (1840-1922). “Cavalleria rusticana”, uno de sus cuentos de “Vita dei campi” (1880) quedaría registrado como el mayor ejemplo del “verismo”, por su relato descarnado y naturalista de la vida en Sicilia.

Los Dragones, cuento de Luigi Capuana puede leerse en:http://www.epdlp.com/texto.php?id2=1611

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jueves, 28 de octubre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (49) por Roberto Brey

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Giacomo Leopardi


Giacomo Leopardi (1798-1837) por su parte, aún hoy es el poeta más popular de Italia. Su vida estuvo signada por la enfermedad, por su gran dependencia de la familia, por lo que consideraba su fealdad y se sentía encerrado por las restricciones de todo tipo que le imponía su madre. En 1817 le escribía a un amigo: “¿Es que viviré y moriré en esta cueva?”

Ese pesimismo, inmerso en sus obras, le impide hallar nada que le satisfaga completamente, surge el tedio (la “naia”, como él decía), ese deseo de felicidad imposible para todos los seres de la creación: la vida es más dolor que placer, es más mala que buena y sólo vivimos por la esperanza de que algo cambie.

“Hoy no envidio ya ni a los necios ni a los sabios, ni a los grandes ni a los pequeños, ni a los débiles ni a los poderosos; envidio a los muertos, sólo por ellos me cambiaría”, diría en su “Diálogo entre Tristán y un amigo”, que forma parte de sus ensayos filosóficos, publicados con el título de Opúsculos morales (1827).

En 1830 deja Recanati el puerto de Le Marche (región de Las Marcas) al que no vería nunca más. Su despedida fue el poema “Le ricordanza”, cuyo primer verso daría título a una película del gran director Luchino Visconti: “Vaghe stelle dell'orsa” (¿Bellas (o pálidas) estrellas de la Osa mayor?).

Sobre la traducción: Para publicar en este trabajo se eligió una traducción donde “vaghe” se cambia por “bellas”; sin embargo hay quien traduce “pálidas”, o quien, como Miguel Guerrero Martínez, que en una edición de Cedal de 1968 hace desaparecer “vaghe” y dice: “Estrellas de la Osa”; que, sin embargo, en el presente caso se cambia por “las tres Marías”.

En el segundo verso, Leopardi utiliza “per uso”, cuyo sentido es: no creí volver a verlas “como usaba o hacía antes” o “como todas las noches”. Aquí Armando Uribe traduce “no creía volver a veros nunca”, pero Guerrero Martínez dirá: “cual de costumbre”.

Son sólo dos líneas y son tantas las diferencias, que más vale no seguir buscando y encomendarse a la gracia del traductor o, si uno está en condiciones, recurrir al original.

Vaghe stelle dell’orsa, io non credea
tornare per uso a contemplarvi
sul paterno giardino scintillanti,
e ragionar con voi dalle finestre
di questo albergo ove abitai fanciullo,
e delle gioie mie vidi la fine.

Bellas estrellas de las tres Marías,
no creía volver a veros nunca
en el jardín de mi padre, centellas,
conversar con vosotras a través
de la ventana aquí donde vivía
de niño y donde vi acabar mis gozos.
¡Cuántas imágenes un tiempo y cuántas
fantasías creáronme en la mente
vuestra apariencia y la de otras estrellas
alrededor de vosotras! Entonces,
cuando en silencio sentado entre plantas
verdes solía pasar una parte
de la noche mirando el cielo, oyendo
el canto de las ramas en el campo
lejos, intermitente la luciérnaga
por los arbustos, a ras del prado, al viento
susurrando en senderos olorosos,
y los cipreses allá en su selva; y bajo
el techo patrio voces alternándose
y los trabajos de la servidumbre
tranquilos. ¡Y qué inmensos pensamientos,
qué sueños dulces me inspiró la vista
de aquel lejano mar, la cordillera
púrpura que de acá se me descubre
y que pensaba atravesar un día,
mundos arcanos me fingía, arcana
felicidad fingíame en la vida!
Ignaro del destino. Y cuántas veces
esta desnuda dolorosa vida
con gusto por la muerte cambiaría.
(fragmento)
Versión de Armando Uribe

En 1835 Leopardi fue elegido diputado de las Marcas en la Asamblea Constituyente de Bolonia, pero perdió la fe en el movimiento liberal y renunció a su escaño; muere en Nápoles en 1837 y su gran amigo Antonio Ranieri costea su tumba y lápida para librar su cuerpo de la fosa común.
Una encuesta realizada en Italia hace pocos años señalaba su poema “A Silvia” (dedicado a la hija muerta de un criado de su padre, de la que estaba enamorado) como el más popular de la península.

A Silvia

¿Todavía recuerdas
de tu vida mortal, Silvia, aquel tiempo,
en el que la beldad resplandecía
en tus ojos huidizos y rientes,
y alegre y pensativa, los umbrales
juveniles cruzabas?

Resonaban las calmas
estancias, y las calles
vecinas con tu canto inagotable,
mientras a las labores femenil
este sentabas, dichosa
de aquel vago futuro de tus sueños.
Era el mayo oloroso: y tú solías
pasar el día así.

Yo los gratos estudios
tal vez dejando y los sudados pliegos,
que mi temprana edad
gastaban y de mí la mejor parte,
en los balcones del hogar paterno
escuchaba el sonido de tu voz
y tu mano ligera
recorriendo la tela fatigosa.
Miraba el cielo calmo,
los dorados caminos y los huertos,
y allá el lejano mar, y allá los montes.
Lengua mortal no dice
lo que mi alma sentía.

¡Qué dulces pensamientos
que esperanzas, qué pálpitos, oh Silvia!
¡Cómo la vida humana
y el hado contemplábamos!
Cuando recuerdo tantas ilusiones,
me abruma un sentimiento
acerbo y sin consuelo,
y me vuelve a doler mi desventura.
Oh tú, naturaleza,
¿por qué no das después
lo que un día prometes? ¿por qué tanto
engañas a tus hijos?

Antes que el frío arideciera el prado,
de extraña enfermedad presa y vencida,
moriste, oh mi ternura, sin que vieras
las flores de tu edad;
no alegraba tu alma
el dulce elogio o de las negras trenzas
o de tu vista esquiva y amorosa;
ni contigo en las fiestas las amigas
de amoríos hablaban.
También murieron pronto
mis dulces esperanzas: a mis años
también les negó el hado
la juventud. ¡Ah, cómo,
cómo pasaste, cara compañera
de mi primera edad,
mi llorada ilusión!

¿Es éste el mundo aquel? ¿éstas las obras,
el amor, los sucesos, los placeres
de los que tanto entre los dos hablábamos?
¿ésta es la suerte de la raza humana?
Al llegar la verdad
tú, mísera, caíste: y con la mano
la fría muerte y la desnuda tumba
de lejos señalabas.

Versión de Luis Martínez de Merlo
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martes, 26 de octubre de 2010

Entrega de premios del III Certamen Literario Internacional

La entrega de premios del III Certamen Literario Internacional, organizado por el Club de Leones de Martinez, con el Auspicio del Municipio, declarado de Interés Municipal, se realizó el sábado 25 de septiembre.

El evento sirvió de marco para una reunión que convocó a más de 120 personas, en el salón del Club, en la calle Hipólito Yrigoyen 946, de Martínez. El jurado estuvo integrado por los escritores: Ángela Prado, Antonieta de Ferreyra, Graciela Falcone, Estela Garrido, Abel Cammi, José A. González, Pedro Naimogín y Guillermo Gionio.

El León presidente, José Luis Armendariz, coronó con su presencia el acto, demostrando que además de conducir una entidad de bien público, también está presente defendiendo el desarrollo de la cultura.

Tanto en poesía como en cuento, los ganadores del primer, segundo y tercer premio recibieron un diploma y una plaqueta. Asimismo, se entregaron diplomas a las menciones especiales.

En la categoría Poesía: el primer premio fue para “Carta a Buenos Aires”, de Hilda Norma Vale (Ituzaingó); el segundo lo recibió “Racconto”, de Luis Guillermo Ledri (Gualeguaychú) y el tercero se lo llevó “Poema Inconcluso”, de María Cristina Cordido (General Pringles).

Asimismo, recibieron menciones: “Fotos”, de Marta Elvira Vega (Mar del Plata); “Es de noche”, de Martha Isabel Muñoz (Carapachay); “La Carta”, de Guillermo Santos Ledri (Gualeguaychú); “Alma de chimango”, de Gustavo Nelson Juan Schaller (Ciudad Autónoma de Buenos Aires); “Indago”, de Angélica Batista (Villa Adelina); “Chaltén”, de Ricardo Guerriero (Ciudadela); “Desborde”, de Yolanda López Ferrari (Escobar); “Rasgos”, de Daniel Brondo (Ituzaingó); “El viaje”, de Sara Gitto Pretti (Martín Coronado) y “Nuestra Esencia”, de Raúl Fernández (Villa Adelina).

En lo que respecta a la categoría Cuento, el primer premio lo obtuvo “El diario y la mermelada”, de Gustavo Green (San Antonio de Areco), mientras que el segundo lo recibió “El mundo de al lado”, de Edgardo Molinari (Mar del Plata) y el tercero fue para “Fuero de foco”, de Martine Tallier (Florida).

También recibieron menciones; “El científico en el laberinto”, de Fernando Azamor (Zárate); “Un sueño con mensaje”, de Mario Gelati (San Martín); “Verde, azul y blanco”, de José María Guerrero (Olivos); “La carretera”, de Julia Ravizzi (Turdera); “La vecina del quinto”, de Nora García (La Lucila); “Solo para tus ojos”, de Mónica Rodríguez del Rey (Paso del Rey); “Tengo que escribir tu mente”, de Matilde Araujo; “Con sabor a tango”, de Ernesto Bianco (Martínez); “El ómnibus”, de Osvaldo Nóbili (Bernal); “Corazón cubano”, de Claudia Claverie (Hurlingham) y “La inauguración esperada”, de Patricia Pecce Aznarez (San isidro).

viernes, 22 de octubre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (48) por Roberto Brey

48

El romanticismo e “il resurgimento”


Con la revolución francesa y la llegada de Napoleón a Italia, se reafirman las ideas revolucionarias; y con la posterior recaída bajo el domino de Austria, comienza el resurgimiento nacional en Italia, que es acompañado en la literatura por el Romanticismo.
La unidad y la independencia nacionales es el principal reclamo durante todo el siglo XIX hasta la unificación total alrededor de 1870.

El periódico milanés “Il conciliatore” (El conciliador), que entre otros literatos reunía a Silvio Pellico (1789-1854), “Mie Prigioni” (1816), Luigi Carrer (1801-1850) y Giovanni Berchet (1783-1851), fundado el 3 de septiembre de 1818, fue el mayor impulsor del primer romanticismo, tanto en lo poético como en lo político. De acuerdo a la doctora María Cristina Giambelluca, ellos “se rebelaban contra la preceptiva basada en la imitación clasicista y la tradición mitológica”. Clausurado al año siguiente, la figura más importante del grupo era Giovanni Berchet, que en su “Carta semiseria de Crisóstomo a su hijo” decía:
“la única poesía verdadera es la poesía popular… La poesía debe mejorar las costumbres de los hombres, cultivar las almas, satisfacer las necesidades de la fantasía y del corazón (…) Si la poesía es la expresión de la naturaleza viva, deberá ser tan viva como el objeto que muestra, tan libre como el pensamiento que la origina, tan audaz como el objetivo que quiere alcanzar…”
Todos ellos sufrieron cárcel y exilio por su actividad patriótica y literaria.

Pero las figuras de la época serían Alessandro Manzoni (1785-1873) y Giacomo Leopardi (1798-1837). El primero destacado por su novela “Los novios” (I promessi sposi-1848), considerada la más alta expresión del romanticismo italiano. Esa obra dio lugar a numerosas novelas históricas, como “Marco Visconti” de Tommaso Grossi (1790-1853) y “Memorias de un italiano” de Giuseppe Giusti (1809-1850).

Para el escritor contemporáneo Alberto Moravia (1907-1990), que Manzoni hubiera elegido una historia del siglo XVII se debió a la importancia que la religión tenía en la novela (totalmente diferente a la del siglo XIX). Y lo eligió “porque durante ese siglo el catolicismo alcanzó por última vez un aspecto de universalidad”. Para Moravia, “Los novios” refleja una Italia similar a la de su época: “El fracaso del Risorgimiento (también conocido como la unificación en el siglo XIX), junto con la catástrofe del fascismo, han eliminado muchas diferencias que podrían existir entre la Italia moderna y la de “Los novios”. Por eso los italianos no se colocan frente a Manzoni con una opinión destacada: siempre fue difícil juzgarse a sí mismos…”

Sobre Manzoni
Umberto Eco elogia desde la primera página a Los novios, y eso que la novela, y en particular su primera página, es considerada muy aburrida por los estudiantes italianos. Eco dice que Manzoni en realidad estaba ya en su tiempo haciendo cine y que esa famosa página hay que leerla imaginando que uno está con una cámara de cine y un mapa sobrevolando la región que describe Manzoni. Dice que esa página "está hecha por los ojos de Dios y no por los de los hombres", y agrega que desde niño leyó a Manzoni "a escondidas, como algo prohibido" cuando aún no lo habían puesto como "obligatorio" en las escuelas.
Otro escritor italiano, Leonardo Sciascia, lo valora y estudia, pero lo califica de "autor difícil". El historiador literario Carlos Muscella, considera que los personajes de I promessi sposi (Los novios) no pueden ser más actuales. Otros lo caracterizan como "católico progresista", y el experto en su vida y obra, Dante Isella, dice que fue "quien inventó la lengua italiana", cuando il risorgimiento se iniciaba. Para muchos, I promessi sposi hoy debería ser interpretada en clave ético-política en vez de religiosa.

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viernes, 15 de octubre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (47) por Roberto Brey

47

Cinquecento, Seicento

Otro de los seguidores de Boccacio, ya en el siglo XVI (Il Cinquecento), fue el fraile y militar, Mateo Bandello (1485-1561), quien tomó la estructura, pero escribió en dialecto piamontés, más de 200 historias (bajo el nombre de “Novelas”), donde destacaba con efectismo aventuras, amores o crímenes, sin pretensiones literarias o de religiosidad. Algunos de sus temas, como la historia de amor de los amantes de Verona, fueron utilizados luego por Shakespeare y otros famosos autores. (“Tiene el mérito de ser menos inmoral que Bocaccio”, dice Gardner.)

Gianfrancesco Straparola da Caravaggio, (c1490-1557) escritor del Renacimiento, se cree que su nombre es el seudónimo de una figura de la corte Sforza. La acción de sus novelle se desarrolla en Venecia con el título de Le piacevoli notti, (Las Noches Agradables) (1550). De estructura, similar a la de “El Decameron”, consta de 75 historias, donde damas y caballeros se narran mutuamente durante trece noches. Los temas, tomados de narraciones precedentes, fueron luego inspiración de otras historias más modernas como “La bella y la bestia”. También fueron estudiados por los folcloristas las fuentes populares de algunos de sus cuentos, como "La bambola Poavola", "La foresta d'agli", "Giovannin cercò la morte", "Il rubino meraviglioso", "L'augel belverde", "Pietropazzo", "La gatta", "Re Porco", "L'uomo selvático", "Brancaleone", "La bella prigioniera", "Il ladro matricolato", etcétera.

El Seicento, puede considerarse el siglo de Galileo Galilei (1564-1642), la figura más grande de la época. Si bien se lo reconoce como el padre de la Astronomía, se destaca en sus escritos la calidad literaria con que fueron elaborados. Pero la figura del cuento fue sin duda Giambattista Basile (1575-1632). Lejos ya de la tradición literaria toscana, había nacido en Nápoles y sirvió como militar para varios príncipes italianos, escribió poesía y una colección de cuentos, "Lo cunto de li cunti overo lo trattenemiento de peccerille”, publicados en forma póstuma como "Pentamerón", por su estilo similar al de Bocaccio. Las historias, recogidas durante sus viajes, fueron adaptadas luego por Perrault y los hermanos Grimm.

En la versión original de "La Bella Durmiente", de Giambattista Basile, Talia, la princesa durmiente, que yace dormida en un palacio ubicado en mitad de un bosque, es encontrada por un noble que la viola. A los 9 meses la durmiente Talia da a luz a los gemelos: Sol y Luna, como la madre sigue durmiendo a los niños los cuidan las hadas. Un día el niño chupa el dedo de la madre y extrae una astilla envenenada que la hace despertar.

El príncipe vuelve a pasar por allí, y al encontrarla despierta le confiesa que él es el padre de los niños y los dos viven felices…. durante una semana. Al príncipe se le había olvidado decirle que estaba casado y regresa a casa con su esposa.
La mujer del príncipe es malísima y al enterarse de su historia con la bella durmiente manda apresar a los niños y a la rompe hogares. Le pide al cocinero que los degüelle y prepare un sabroso guiso para su marido. Cuando el príncipe está terminando la comida la mujer le comenta cuáles eran los principales ingredientes de tan apetitoso plato. Pero el cocinero ha sustituido a los niños por una cabra y estos están a salvo. Enfadada la esposa legal intenta quemar viva a la princesa, pero el príncipe rescata a Talia… y colorín colorado.

Breve historia
Luego de la caída del Imperio Romano, el territorio italiano se convirtió en un
campo de batalla de todo tipo de conquistadores. La Edad Media estaría signada
por las luchas entre las ciudades, verdaderos estados independientes, con
alianzas circunstanciales entre ellas y con otras potencias más lejanas, todas
luchando entre sí para conseguir hegemonía territorial.
Durante los siglos XV y XVI la actividad cultural y artística de sus ciudades dio lugar al llamado Renacimiento, que hizo brillar a un oscuro período de guerras y ambiciones en toda Europa. Por entonces la Iglesia Católica intenta alcanzar el poder que
sostenía en la región el Imperio Español, lo que llevó a alianzas del papado con
franceses, españoles y venecianos en forma alternativa.
La monarquía española dominaría durante muchos años en Italia, hasta la Guerra de Sucesión Española en 1714, que dio lugar al predominio austro germano en la península.
El predominio de Austria, por otro lado, dio lugar al avance del nacionalismo italiano y a todo un período de guerras, donde los revolucionarios se alzaron en todas las ciudades a lo largo de la península.
El fin del siglo XVIII, trajo como consecuencia de la Revolución Francesa (1789), una serie de enfrentamientos entre franceses y austríacos por los territorios italianos.
Con el avance del joven Napoleón Bonaparte en el sur de Italia y la derrota de
los austríacos hacia 1797, se crearía la República de Italia presidida por Napoleón, luego el reino de Nápoles y el Reino de Italia, hasta la caída de Napoleón en 1815.
A partir de allí, el desarrollo del nacionalismo (que se iba abriendo paso en toda Europa), el avance de la Revolución Industrial (con el crecimiento de la clase obrera) y los conflictos sociales que acarrearía, sumado al cada vez mayor predomino de la burguesía, fueron enmarcados en el terreno cultural por el surgimiento y desarrollo del Romanticismo, que produciría grandes cambios en el terreno artístico.
El amo confiado y el criado inocente, de Mateo Bandello, puede leerse en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/mini/amo.htm

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jueves, 7 de octubre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (46) por Roberto Brey

46

Italia y los primeros cuentos

Desde el Decameron de Boccacio, el cuento italiano no despega como género literario sino hasta mediados del siglo XVIII con Giovanni Verga.
Por supuesto que el relato popular, la tradición oral del cuento, existe, como en toda Europa, pero no es utilizada en forma literaria, como sí vimos que ocurriría en Rusia, Francia, Alemania o América.

El origen del cuento moderno es posterior todavía al de Inglaterra, ya que el predominio de la lírica fue determinante en el siglo XVIII y principios del XIX.

Giovanni Bocaccio (1313-1375), puede considerarse el primer cuentista italiano con sus célebres cuentos del Decameron. Diez jóvenes, siete mujeres y tres hombres, se trasladan a una villa campestre para escapar de la peste que asolaba Florencia por esa época. Para pasar el tiempo cada uno debe contar una historia por día. En estos cuentos, la tendencia es el dejar a un lado los convencionalismos religiosos imperantes, y expresar la vida de seres de diferentes orígenes y condición social, que van mostrando, dentro de sus relatos, los cambios operados en la sociedad, con la decadencia del sistema feudal y el crecimiento de la incipiente burguesía.

Admirador de Dante Alighieri (1265-1321), que con su obra poética “La Divina Comedia” llegó a la cumbre de la literatura universal, Bocaccio fue amigo de otro gran poeta: Francesco Petrarca (1304-1374), y sus comienzos están más relacionados con la poesía, en la que introdujo lo que se llamó “ottava rima”, proveniente de la poesía popular. También se reconoce una incursión en la novela psicológica (“Fiammetta”), pero se destacó en los cien cuentos del Decameron, que le dieron nueva vida al cuento (novella). Al decir del crítico ultra católico Edmund Gardner, Bocaccio perfeccionó artísticamente al cuento, considera a la prosa “adornada y poética”, pero carente de “sencillez y franqueza, y estima que el “Decameron” “nos coloca en una situación apropiada para ver ciertos aspectos de la vida de la sociedad del siglo XIV, aunque desfigurados por la obscenidad y empapados de una idea superficial y sensual de la vida.”
Boccacio tuvo diferentes seguidores, que copiaron su estilo y en forma culta o popular contaron historias sin demasiadas pretensiones literarias.

Ser Giovanni Florentino autor de la recopilación Pecorone (c. 1390) es uno de ellos, y de sus novelle señala Laura Carlucci, “se caracterizan por un desinterés casi total hacia la realidad de la época (…) que asumen matices fantásticos que, a menudo, se superponen al plan realista de la narración.” La estudiosa considera que una “observación detallada de la sociedad y la preocupación moral”, caracterizan en cambio las novelle de Franco Sacchetti, Treccentonovelle (c. 1335-1400) y Giovanni Sercambi, Nouvelle (1347-1424). No se puede dejar de lado que la intención de aquellos escritores no era meramente artística, sino que en muchos casos tenían pretensiones moralistas, e intentaban dejar enseñanzas de diferente tipo entre sus lectores, aunque ya no estaban imbuidos de lograr adhesiones religiosas. Sercambi, por ejemplo, no deja de regodearse en sus novelle, en la inseguridad y la violencia de su época, con una serie de narraciones referidas a los asaltantes de caminos, detallando infinitas fechorías, robos, asesinatos donde se caracterizaba a sus responsables como a personajes irredentos, sin aportar alguna actitud comprensiva, o considerar la responsabilidad social que los convirtió en el terror de los mercaderes que transitaban los caminos de Italia.

De Sacchetti se rescatan 222 cuentos de los trescientos originales, y algunos son sólo bocetos incompletos, pero los mejores tiene una clara intención relatora antes que literaria, con un gran detallismo en su observación y muy realista en su expresión, ya que, según el filólogo José Antonio Trigueros, el mismo Sacchetti poseía una vasta experiencia psicológica basada en su vida práctica y activa. Ve en él “un moralismo sereno y amplio, acompañado de un sano y sólido buen juicio, matizado a veces de una cierta tristeza en la contemplación nostálgica de los valores ya superados.”

El parto Franco Sacchetti puede leerse en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ita/sacchett/parto.htm

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jueves, 30 de septiembre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (45) por Roberto Brey

45

Los tejedores de Silesia

Tal vez la postura crítica y participativa de Heine frente a los acontecimientos de la vida que lo rodearon, se sintetice en una de sus poesías más radicales: “Los tejedores de Silesia”.

Alrededor del 1844, en plena época de la llamada “Revolución Industrial” en el centro de Europa, la expansión fabril era imparable, y junto con ella la explotación a la que eran sometidos los trabajadores, miembros de una clase nueva, el “proletariado”, que había nacido y se desarrollaba en la medida en que se afianzaba el capitalismo en el orbe. Todavía se estaba lejos de las luchas que en todo el mundo se desarrollarían con mayor fuerza en defensa de las ocho horas de trabajo y un trato humanitario a principios del siglo XX. Por la época de Heine los derechos laborales no existían y las jornadas eran de sol a sol, sin descanso ni consideración de ninguna especie.

En Alemania en particular, a medida que avanzaban las fábricas, crecía el número de obreros y los habitantes de las ciudades se multiplicaban. Sólo durante la juventud de Heine, por ejemplo, la población de Berlín creció en un 80 por ciento y el aumento mayor se dio en las industrias minera y textil. Por entonces, Alemania estaba sensiblemente menos desarrollada que Inglaterra y Francia, donde ya la industria había crecido, junto con el número de obreros y también su organización política. Al decir de Federico Engels (1820-1895): “La clase obrera alemana iba en el desarrollo social y político tan a la zaga de la clase obrera de Inglaterra y Francia como la burguesía alemana de la de estos dos países”.

En Alemania, por ejemplo, todavía era mayoritaria la población de trabajadores a domicilio -con respecto a los fabriles-, que todavía no habían roto con el trabajo del campo.
Si los trabajadores fabriles trabajaban entre 14 y 16 horas y el pago era mínimo y a veces en mercaderías, la situación de los trabajadores domiciliarios era todavía peor. Recién en 1833 surge un grupo que trata de mejorar la situación de esclavitud con un nombre que lo dice todo: “La liga de los miserables”.

Ese clima de tremenda opresión y miseria dio como resultado insurrecciones, cuyo antecedente mayor fue el de la ciudad de Silesia, donde los tejedores no sólo eran explotados, sino que además debían pagar un impuesto al terrateniente por dejarlos tejer, entre otras obligaciones. Pero esta situación, si es posible, empeoraba con la llegada de nuevas y más avanzadas maquinarias, y eran cada vez más los casos de muerte por inanición. A comienzo de junio de 1844 la indignación estalló al fin, en una canción que se hizo popular: “El juicio sangriento”. Un obrero que la cantaba fue apaleado y detenido y los obreros del lugar fueron a pedir aumento de salarios al fabricante local. El patrón, soberbio e indignado los echó, pero debió huir raudamente a otro pueblo cuando los obreros reaccionaron quemando su casa y marchando a otras empresas vecinas.

El gobierno envió tropas, que en principio mataron 11 insurrectos y dejaron numerosos heridos. Pero los trabajadores aprendieron la lección, contraatacaron e hicieron huir a las tropas. Finalmente el gobierno envió varias unidades militares, con lo que hubo matanzas, detenciones y torturas. Ese episodio, considerado históricamente como el comienzo de la organización de los obreros alemanes, se desparramó como aceite por todo Alemania y recibió la adhesión de todos los trabajadores del país, con motines, huelgas y la consigna “Vivan los tejedores de Silesia”.

Fue allí que Heinrich Heine escribe su famosa canción, donde maldice al dios, al rey y a la patria y llama a enterrar a Alemania con el sudario que le tejían los trabajadores de Silesia:

Die Schlesischen Weber

Im düstern Auge keine Träne
Sie sitzen am Webstuhl und fletschen die Zähne:
Deutschland, wir weben dein Leichentuch,
Wir weben hinein den dreifachen Fluch -
Wir weben, wir weben!

Ein Fluch dem Gotte, zu dem wir gebeten
In Winterskälte und Hungersnöten;
Wir haben vergebens gehofft und geharrt -
Wir weben, wir weben!

Ein Fluch dem König, dem König der Reichen,
Den unser Elend nicht konnte erweichen
Der den letzten Groschen von uns erpreßt
Und uns wie Hunde erschiessen läßt -
Wir weben, wir weben!

Ein Fluch dem falschen Vaterlande,
Wir nur gedeihen Schmach und Schande,
Wo jede Blume früh geknickt,
Wo Fäulnis und Moder den Wurm erquickt -
Wir weben, wir weben!

Das Schiffchen fliegt, der Webstuhl kracht,
Wir weben emsig Tag und Nacht -
Altdeutschland, wir weben dein Leichentuch,
Wir weben hinein den dreifachen Fluch,
Wir weben, wir weben!

Heinrich Heine


Los Tejedores de Silesia

Sin lágrima en el ceño duro
Están junto al telar y aprietan los dientes:
Alemania, tejemos tu sudario,
Y en él la triple maldición.
Tejemos, tejemos.

Maldito el ídolo al que impetramos
En fríos de invierno y angustias de hambre,
En vano creímos y le miramos,
Nos ha vendido, nos ha engañado.
Tejemos, tejemos.

Maldito el rey, el rey de los ricos,
Que no ablandó nuestra miseria,
Que nos arranca lo que sudamos,
Que como perros nos manda matar.
Tejemos, tejemos.

Maldita sea la patria falsa,
Para nosotros humillación,
Siega temprana de toda flor,
Festín podrido de los gusanos.
Tejemos, tejemos

Cruje el telar, la lanzadera vuela,
Siempre tejemos, de día y de noche,
Vieja Alemania, es tu sudario,
Y en él la triple maldición.
Tejemos, tejemos.

Traducción al español de Manuel Sacristán Luzón.
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martes, 28 de septiembre de 2010

Para Mafalda… clase mediaestúpida

Público de todas las edades convocó el historiador Ezequiel Adamovsky en una conferencia sobre su libro, Historia de la Clase Media Argentina.

Apogeo y decadencia de una ilusión, 1919-2003, organizada por el partido Nuevo Encuentro, en la Biblioteca Popular de Martínez. El joven escritor charló, debatió y contestó preguntas de un auditorio que se mostró curioso y deseoso de hablar y conocer sobre sí mismo, sobre las clases sociales y sobre su rol en la vida social y política actual.

Mafalda, el eterno y querible personaje del reconocido dibujante, Quino, pertenecía a la clase media. Con la inocencia y la frescura de su niñez, la punzante niña más de una vez se preguntó y le preguntó a la sociedad qué significaba el ser “clase media” hasta que un día ensayó el autocrítico: “clase mediaestúpida”.

Estamento social para algunos, rejunte cambalachesco para otros, la clase media es una categoría ineludible para hablar de lo social y político en el país desde principios del siglo pasado cuando Joaquín V. González la nombró explícitamente por primera vez, según relató el historiador Ezequiel Adamovsky

El viernes de la semana última, Adamovsky estuvo en la Biblioteca Popular de Martínez para hablar de su obra, Historia de la Clase Media Argentina. Apogeo y decadencia de una ilusión 1919-2003, (2009-Planeta) frente a un auditorio muy entusiasmado que lo bombardeó con preguntas, opiniones e interpretaciones sobre sí.

El evento estuvo organizado por el partido Nuevo Encuentro, una fuerza que desde que se incorporó al mapa ideológico local tuvo la buena idea de darse a conocer, y en la medida de las posibilidades, plantear sus ideas y visiones en encuentros artísticos y culturales, que hacen más ameno el abordaje político del tema que sea.

“Creo que fue analizarnos a nosotros mismos, que nos creemos clase media y nos queremos separar de la clase obrera. Esa cosa de creer que estamos un poquito más arriba” le dijo Norma, de Martínez, a Prensa Libre, después de la charla, mientras varios se acercaban con sus libros al autor para que se los dedique.

“Me hizo pensar en los ´90, que sentimos como que dejábamos de ser clase media para ser pobres” relató luego Laura (30), de Olivos, otra de las participantes; “no conocía el libro ni al autor pero me aportó una nueva mirada” reconoció Luis, de Boulogne y su pareja, Adriana, acotó que ella lo había conocido por Internet.

Una de las ideas que ensayó el joven autor fue que durante los ´60 y los ´70 “hubo solidaridad entre la clase media y el resto de la población; y que, por entonces, “había más canales de ascenso social que actualmente” y los medios de comunicación “influían menos en cómo la sociedad se pensaba a sí misma”.

Para Adamovsky, así como la solidaridad estaba presente a principios de los ´70 pues “había sueños de una vida en igualdad”, antes, durante los años ´20 “igual hubo lazos” que surgieron tras la “oleada revolucionaria internacional (europea) que llegó al país, y la ausencia de medios de comunicación poderosos”.

El otro punto de encuentro político entre la clase media y los trabajadores se produce con la crisis de 2001, sin embargo, la diferencia con principios de siglo la da el hecho de que “en 2001 no hubo una ideología unificante como la socialista, pero si unió el miedo al colapso” señaló.

El joven historiador reveló que para los años ´30 los discursos “no eran hacia la clase media ni la nombraban” y que “la UCR (radicalismo) tenía líderes conservadores que no eran de clase media”. Además indicó que Yrigoyen “fue votado por varias” clases sociales y que su presidencia “no expresa el acceso de la clase media al poder”.

Para Adamovsky, sin embargo, “los obreros con el peronismo sí utilizaron el imaginario de la clase media; el ideal de la casa californiana, por ejemplo”, graficó el analista e indicó: “aunque (el ex presidente Juan Domingo) Perón no sedujo a la clase media, acostumbrada a pensar el ascenso social como esfuerzo individual y paciente “.

El historiador explicó luego: “hoy la clase media es transversal y hay un abismo entre los que se sienten clase media y lo que un sociólogo puede clasificar así”; y destacó: “hay tendencia a una visión estática de la clase media que no es tal” y además a diferencia del pasado “la clase alta toma modos de la clase baja, como la cumbia”.

A modo de síntesis Adamovsky interpretó que hoy “falta un proyecto de vida social entre iguales que sea propio, no inducido por los medios de comunicación u otra clase social” y en esta línea enfatizó: “cada vez resulta más obvio y evidente que no somos europeos” y que “ésta es una imagen falseada”.

Sobre el leit motiv de su libro el historiador, en charla con Prensa Libre, expresó: “la inquietud tiene que ver con pensar la participación de gente que no es obrera, o trabajadora, en pie de igualdad con personas de distintas condiciones en la refundación de un movimiento social emancipatorio”.

“Es crucial pensar en el establecimiento de lazos de solidaridad entre lo que llamamos los sectores medios y los más pobres” advirtió, y relató que la idea de escribir sobre la clase media no nació tras los sucesos de 2001, aunque la crisis “si orientó algunas de las preguntas que hice hacía el pasado”.

Adamosky comenzó a trabajar en su obra hacia finales de los ´90 y reveló: “aunque no viene directamente de ahí, el 2001 y ese reencuentro que hubo entre clases populares y sectores medios fue de alguna manera una clave para interpretar algunos aspectos del pasado” puntualizó.

“El tema clase media interpela a mucha gente. Todo el mundo tiene una opinión formada acerca de cómo es, qué hace y qué dice la clase media. En ámbitos más bien progresistas hay una visión crítica, o autocrítica, y eso siempre genera interés en alguna discusión”, observó el intelectual.

Ezequiel Adamovsky es historiador y ejerce la docencia en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), y en la Escuela de Humanidades de la Universidad de San Martín. Actualmente escribe sobre las clases populares, con Gabriel Di Meglio (autor de La plebe urbana de Buenos Aires y la política entre la revolución de mayo y el rosismo).