jueves, 28 de octubre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (49) por Roberto Brey

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Giacomo Leopardi


Giacomo Leopardi (1798-1837) por su parte, aún hoy es el poeta más popular de Italia. Su vida estuvo signada por la enfermedad, por su gran dependencia de la familia, por lo que consideraba su fealdad y se sentía encerrado por las restricciones de todo tipo que le imponía su madre. En 1817 le escribía a un amigo: “¿Es que viviré y moriré en esta cueva?”

Ese pesimismo, inmerso en sus obras, le impide hallar nada que le satisfaga completamente, surge el tedio (la “naia”, como él decía), ese deseo de felicidad imposible para todos los seres de la creación: la vida es más dolor que placer, es más mala que buena y sólo vivimos por la esperanza de que algo cambie.

“Hoy no envidio ya ni a los necios ni a los sabios, ni a los grandes ni a los pequeños, ni a los débiles ni a los poderosos; envidio a los muertos, sólo por ellos me cambiaría”, diría en su “Diálogo entre Tristán y un amigo”, que forma parte de sus ensayos filosóficos, publicados con el título de Opúsculos morales (1827).

En 1830 deja Recanati el puerto de Le Marche (región de Las Marcas) al que no vería nunca más. Su despedida fue el poema “Le ricordanza”, cuyo primer verso daría título a una película del gran director Luchino Visconti: “Vaghe stelle dell'orsa” (¿Bellas (o pálidas) estrellas de la Osa mayor?).

Sobre la traducción: Para publicar en este trabajo se eligió una traducción donde “vaghe” se cambia por “bellas”; sin embargo hay quien traduce “pálidas”, o quien, como Miguel Guerrero Martínez, que en una edición de Cedal de 1968 hace desaparecer “vaghe” y dice: “Estrellas de la Osa”; que, sin embargo, en el presente caso se cambia por “las tres Marías”.

En el segundo verso, Leopardi utiliza “per uso”, cuyo sentido es: no creí volver a verlas “como usaba o hacía antes” o “como todas las noches”. Aquí Armando Uribe traduce “no creía volver a veros nunca”, pero Guerrero Martínez dirá: “cual de costumbre”.

Son sólo dos líneas y son tantas las diferencias, que más vale no seguir buscando y encomendarse a la gracia del traductor o, si uno está en condiciones, recurrir al original.

Vaghe stelle dell’orsa, io non credea
tornare per uso a contemplarvi
sul paterno giardino scintillanti,
e ragionar con voi dalle finestre
di questo albergo ove abitai fanciullo,
e delle gioie mie vidi la fine.

Bellas estrellas de las tres Marías,
no creía volver a veros nunca
en el jardín de mi padre, centellas,
conversar con vosotras a través
de la ventana aquí donde vivía
de niño y donde vi acabar mis gozos.
¡Cuántas imágenes un tiempo y cuántas
fantasías creáronme en la mente
vuestra apariencia y la de otras estrellas
alrededor de vosotras! Entonces,
cuando en silencio sentado entre plantas
verdes solía pasar una parte
de la noche mirando el cielo, oyendo
el canto de las ramas en el campo
lejos, intermitente la luciérnaga
por los arbustos, a ras del prado, al viento
susurrando en senderos olorosos,
y los cipreses allá en su selva; y bajo
el techo patrio voces alternándose
y los trabajos de la servidumbre
tranquilos. ¡Y qué inmensos pensamientos,
qué sueños dulces me inspiró la vista
de aquel lejano mar, la cordillera
púrpura que de acá se me descubre
y que pensaba atravesar un día,
mundos arcanos me fingía, arcana
felicidad fingíame en la vida!
Ignaro del destino. Y cuántas veces
esta desnuda dolorosa vida
con gusto por la muerte cambiaría.
(fragmento)
Versión de Armando Uribe

En 1835 Leopardi fue elegido diputado de las Marcas en la Asamblea Constituyente de Bolonia, pero perdió la fe en el movimiento liberal y renunció a su escaño; muere en Nápoles en 1837 y su gran amigo Antonio Ranieri costea su tumba y lápida para librar su cuerpo de la fosa común.
Una encuesta realizada en Italia hace pocos años señalaba su poema “A Silvia” (dedicado a la hija muerta de un criado de su padre, de la que estaba enamorado) como el más popular de la península.

A Silvia

¿Todavía recuerdas
de tu vida mortal, Silvia, aquel tiempo,
en el que la beldad resplandecía
en tus ojos huidizos y rientes,
y alegre y pensativa, los umbrales
juveniles cruzabas?

Resonaban las calmas
estancias, y las calles
vecinas con tu canto inagotable,
mientras a las labores femenil
este sentabas, dichosa
de aquel vago futuro de tus sueños.
Era el mayo oloroso: y tú solías
pasar el día así.

Yo los gratos estudios
tal vez dejando y los sudados pliegos,
que mi temprana edad
gastaban y de mí la mejor parte,
en los balcones del hogar paterno
escuchaba el sonido de tu voz
y tu mano ligera
recorriendo la tela fatigosa.
Miraba el cielo calmo,
los dorados caminos y los huertos,
y allá el lejano mar, y allá los montes.
Lengua mortal no dice
lo que mi alma sentía.

¡Qué dulces pensamientos
que esperanzas, qué pálpitos, oh Silvia!
¡Cómo la vida humana
y el hado contemplábamos!
Cuando recuerdo tantas ilusiones,
me abruma un sentimiento
acerbo y sin consuelo,
y me vuelve a doler mi desventura.
Oh tú, naturaleza,
¿por qué no das después
lo que un día prometes? ¿por qué tanto
engañas a tus hijos?

Antes que el frío arideciera el prado,
de extraña enfermedad presa y vencida,
moriste, oh mi ternura, sin que vieras
las flores de tu edad;
no alegraba tu alma
el dulce elogio o de las negras trenzas
o de tu vista esquiva y amorosa;
ni contigo en las fiestas las amigas
de amoríos hablaban.
También murieron pronto
mis dulces esperanzas: a mis años
también les negó el hado
la juventud. ¡Ah, cómo,
cómo pasaste, cara compañera
de mi primera edad,
mi llorada ilusión!

¿Es éste el mundo aquel? ¿éstas las obras,
el amor, los sucesos, los placeres
de los que tanto entre los dos hablábamos?
¿ésta es la suerte de la raza humana?
Al llegar la verdad
tú, mísera, caíste: y con la mano
la fría muerte y la desnuda tumba
de lejos señalabas.

Versión de Luis Martínez de Merlo
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martes, 26 de octubre de 2010

Entrega de premios del III Certamen Literario Internacional

La entrega de premios del III Certamen Literario Internacional, organizado por el Club de Leones de Martinez, con el Auspicio del Municipio, declarado de Interés Municipal, se realizó el sábado 25 de septiembre.

El evento sirvió de marco para una reunión que convocó a más de 120 personas, en el salón del Club, en la calle Hipólito Yrigoyen 946, de Martínez. El jurado estuvo integrado por los escritores: Ángela Prado, Antonieta de Ferreyra, Graciela Falcone, Estela Garrido, Abel Cammi, José A. González, Pedro Naimogín y Guillermo Gionio.

El León presidente, José Luis Armendariz, coronó con su presencia el acto, demostrando que además de conducir una entidad de bien público, también está presente defendiendo el desarrollo de la cultura.

Tanto en poesía como en cuento, los ganadores del primer, segundo y tercer premio recibieron un diploma y una plaqueta. Asimismo, se entregaron diplomas a las menciones especiales.

En la categoría Poesía: el primer premio fue para “Carta a Buenos Aires”, de Hilda Norma Vale (Ituzaingó); el segundo lo recibió “Racconto”, de Luis Guillermo Ledri (Gualeguaychú) y el tercero se lo llevó “Poema Inconcluso”, de María Cristina Cordido (General Pringles).

Asimismo, recibieron menciones: “Fotos”, de Marta Elvira Vega (Mar del Plata); “Es de noche”, de Martha Isabel Muñoz (Carapachay); “La Carta”, de Guillermo Santos Ledri (Gualeguaychú); “Alma de chimango”, de Gustavo Nelson Juan Schaller (Ciudad Autónoma de Buenos Aires); “Indago”, de Angélica Batista (Villa Adelina); “Chaltén”, de Ricardo Guerriero (Ciudadela); “Desborde”, de Yolanda López Ferrari (Escobar); “Rasgos”, de Daniel Brondo (Ituzaingó); “El viaje”, de Sara Gitto Pretti (Martín Coronado) y “Nuestra Esencia”, de Raúl Fernández (Villa Adelina).

En lo que respecta a la categoría Cuento, el primer premio lo obtuvo “El diario y la mermelada”, de Gustavo Green (San Antonio de Areco), mientras que el segundo lo recibió “El mundo de al lado”, de Edgardo Molinari (Mar del Plata) y el tercero fue para “Fuero de foco”, de Martine Tallier (Florida).

También recibieron menciones; “El científico en el laberinto”, de Fernando Azamor (Zárate); “Un sueño con mensaje”, de Mario Gelati (San Martín); “Verde, azul y blanco”, de José María Guerrero (Olivos); “La carretera”, de Julia Ravizzi (Turdera); “La vecina del quinto”, de Nora García (La Lucila); “Solo para tus ojos”, de Mónica Rodríguez del Rey (Paso del Rey); “Tengo que escribir tu mente”, de Matilde Araujo; “Con sabor a tango”, de Ernesto Bianco (Martínez); “El ómnibus”, de Osvaldo Nóbili (Bernal); “Corazón cubano”, de Claudia Claverie (Hurlingham) y “La inauguración esperada”, de Patricia Pecce Aznarez (San isidro).

viernes, 22 de octubre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (48) por Roberto Brey

48

El romanticismo e “il resurgimento”


Con la revolución francesa y la llegada de Napoleón a Italia, se reafirman las ideas revolucionarias; y con la posterior recaída bajo el domino de Austria, comienza el resurgimiento nacional en Italia, que es acompañado en la literatura por el Romanticismo.
La unidad y la independencia nacionales es el principal reclamo durante todo el siglo XIX hasta la unificación total alrededor de 1870.

El periódico milanés “Il conciliatore” (El conciliador), que entre otros literatos reunía a Silvio Pellico (1789-1854), “Mie Prigioni” (1816), Luigi Carrer (1801-1850) y Giovanni Berchet (1783-1851), fundado el 3 de septiembre de 1818, fue el mayor impulsor del primer romanticismo, tanto en lo poético como en lo político. De acuerdo a la doctora María Cristina Giambelluca, ellos “se rebelaban contra la preceptiva basada en la imitación clasicista y la tradición mitológica”. Clausurado al año siguiente, la figura más importante del grupo era Giovanni Berchet, que en su “Carta semiseria de Crisóstomo a su hijo” decía:
“la única poesía verdadera es la poesía popular… La poesía debe mejorar las costumbres de los hombres, cultivar las almas, satisfacer las necesidades de la fantasía y del corazón (…) Si la poesía es la expresión de la naturaleza viva, deberá ser tan viva como el objeto que muestra, tan libre como el pensamiento que la origina, tan audaz como el objetivo que quiere alcanzar…”
Todos ellos sufrieron cárcel y exilio por su actividad patriótica y literaria.

Pero las figuras de la época serían Alessandro Manzoni (1785-1873) y Giacomo Leopardi (1798-1837). El primero destacado por su novela “Los novios” (I promessi sposi-1848), considerada la más alta expresión del romanticismo italiano. Esa obra dio lugar a numerosas novelas históricas, como “Marco Visconti” de Tommaso Grossi (1790-1853) y “Memorias de un italiano” de Giuseppe Giusti (1809-1850).

Para el escritor contemporáneo Alberto Moravia (1907-1990), que Manzoni hubiera elegido una historia del siglo XVII se debió a la importancia que la religión tenía en la novela (totalmente diferente a la del siglo XIX). Y lo eligió “porque durante ese siglo el catolicismo alcanzó por última vez un aspecto de universalidad”. Para Moravia, “Los novios” refleja una Italia similar a la de su época: “El fracaso del Risorgimiento (también conocido como la unificación en el siglo XIX), junto con la catástrofe del fascismo, han eliminado muchas diferencias que podrían existir entre la Italia moderna y la de “Los novios”. Por eso los italianos no se colocan frente a Manzoni con una opinión destacada: siempre fue difícil juzgarse a sí mismos…”

Sobre Manzoni
Umberto Eco elogia desde la primera página a Los novios, y eso que la novela, y en particular su primera página, es considerada muy aburrida por los estudiantes italianos. Eco dice que Manzoni en realidad estaba ya en su tiempo haciendo cine y que esa famosa página hay que leerla imaginando que uno está con una cámara de cine y un mapa sobrevolando la región que describe Manzoni. Dice que esa página "está hecha por los ojos de Dios y no por los de los hombres", y agrega que desde niño leyó a Manzoni "a escondidas, como algo prohibido" cuando aún no lo habían puesto como "obligatorio" en las escuelas.
Otro escritor italiano, Leonardo Sciascia, lo valora y estudia, pero lo califica de "autor difícil". El historiador literario Carlos Muscella, considera que los personajes de I promessi sposi (Los novios) no pueden ser más actuales. Otros lo caracterizan como "católico progresista", y el experto en su vida y obra, Dante Isella, dice que fue "quien inventó la lengua italiana", cuando il risorgimiento se iniciaba. Para muchos, I promessi sposi hoy debería ser interpretada en clave ético-política en vez de religiosa.

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viernes, 15 de octubre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (47) por Roberto Brey

47

Cinquecento, Seicento

Otro de los seguidores de Boccacio, ya en el siglo XVI (Il Cinquecento), fue el fraile y militar, Mateo Bandello (1485-1561), quien tomó la estructura, pero escribió en dialecto piamontés, más de 200 historias (bajo el nombre de “Novelas”), donde destacaba con efectismo aventuras, amores o crímenes, sin pretensiones literarias o de religiosidad. Algunos de sus temas, como la historia de amor de los amantes de Verona, fueron utilizados luego por Shakespeare y otros famosos autores. (“Tiene el mérito de ser menos inmoral que Bocaccio”, dice Gardner.)

Gianfrancesco Straparola da Caravaggio, (c1490-1557) escritor del Renacimiento, se cree que su nombre es el seudónimo de una figura de la corte Sforza. La acción de sus novelle se desarrolla en Venecia con el título de Le piacevoli notti, (Las Noches Agradables) (1550). De estructura, similar a la de “El Decameron”, consta de 75 historias, donde damas y caballeros se narran mutuamente durante trece noches. Los temas, tomados de narraciones precedentes, fueron luego inspiración de otras historias más modernas como “La bella y la bestia”. También fueron estudiados por los folcloristas las fuentes populares de algunos de sus cuentos, como "La bambola Poavola", "La foresta d'agli", "Giovannin cercò la morte", "Il rubino meraviglioso", "L'augel belverde", "Pietropazzo", "La gatta", "Re Porco", "L'uomo selvático", "Brancaleone", "La bella prigioniera", "Il ladro matricolato", etcétera.

El Seicento, puede considerarse el siglo de Galileo Galilei (1564-1642), la figura más grande de la época. Si bien se lo reconoce como el padre de la Astronomía, se destaca en sus escritos la calidad literaria con que fueron elaborados. Pero la figura del cuento fue sin duda Giambattista Basile (1575-1632). Lejos ya de la tradición literaria toscana, había nacido en Nápoles y sirvió como militar para varios príncipes italianos, escribió poesía y una colección de cuentos, "Lo cunto de li cunti overo lo trattenemiento de peccerille”, publicados en forma póstuma como "Pentamerón", por su estilo similar al de Bocaccio. Las historias, recogidas durante sus viajes, fueron adaptadas luego por Perrault y los hermanos Grimm.

En la versión original de "La Bella Durmiente", de Giambattista Basile, Talia, la princesa durmiente, que yace dormida en un palacio ubicado en mitad de un bosque, es encontrada por un noble que la viola. A los 9 meses la durmiente Talia da a luz a los gemelos: Sol y Luna, como la madre sigue durmiendo a los niños los cuidan las hadas. Un día el niño chupa el dedo de la madre y extrae una astilla envenenada que la hace despertar.

El príncipe vuelve a pasar por allí, y al encontrarla despierta le confiesa que él es el padre de los niños y los dos viven felices…. durante una semana. Al príncipe se le había olvidado decirle que estaba casado y regresa a casa con su esposa.
La mujer del príncipe es malísima y al enterarse de su historia con la bella durmiente manda apresar a los niños y a la rompe hogares. Le pide al cocinero que los degüelle y prepare un sabroso guiso para su marido. Cuando el príncipe está terminando la comida la mujer le comenta cuáles eran los principales ingredientes de tan apetitoso plato. Pero el cocinero ha sustituido a los niños por una cabra y estos están a salvo. Enfadada la esposa legal intenta quemar viva a la princesa, pero el príncipe rescata a Talia… y colorín colorado.

Breve historia
Luego de la caída del Imperio Romano, el territorio italiano se convirtió en un
campo de batalla de todo tipo de conquistadores. La Edad Media estaría signada
por las luchas entre las ciudades, verdaderos estados independientes, con
alianzas circunstanciales entre ellas y con otras potencias más lejanas, todas
luchando entre sí para conseguir hegemonía territorial.
Durante los siglos XV y XVI la actividad cultural y artística de sus ciudades dio lugar al llamado Renacimiento, que hizo brillar a un oscuro período de guerras y ambiciones en toda Europa. Por entonces la Iglesia Católica intenta alcanzar el poder que
sostenía en la región el Imperio Español, lo que llevó a alianzas del papado con
franceses, españoles y venecianos en forma alternativa.
La monarquía española dominaría durante muchos años en Italia, hasta la Guerra de Sucesión Española en 1714, que dio lugar al predominio austro germano en la península.
El predominio de Austria, por otro lado, dio lugar al avance del nacionalismo italiano y a todo un período de guerras, donde los revolucionarios se alzaron en todas las ciudades a lo largo de la península.
El fin del siglo XVIII, trajo como consecuencia de la Revolución Francesa (1789), una serie de enfrentamientos entre franceses y austríacos por los territorios italianos.
Con el avance del joven Napoleón Bonaparte en el sur de Italia y la derrota de
los austríacos hacia 1797, se crearía la República de Italia presidida por Napoleón, luego el reino de Nápoles y el Reino de Italia, hasta la caída de Napoleón en 1815.
A partir de allí, el desarrollo del nacionalismo (que se iba abriendo paso en toda Europa), el avance de la Revolución Industrial (con el crecimiento de la clase obrera) y los conflictos sociales que acarrearía, sumado al cada vez mayor predomino de la burguesía, fueron enmarcados en el terreno cultural por el surgimiento y desarrollo del Romanticismo, que produciría grandes cambios en el terreno artístico.
El amo confiado y el criado inocente, de Mateo Bandello, puede leerse en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/mini/amo.htm

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jueves, 7 de octubre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (46) por Roberto Brey

46

Italia y los primeros cuentos

Desde el Decameron de Boccacio, el cuento italiano no despega como género literario sino hasta mediados del siglo XVIII con Giovanni Verga.
Por supuesto que el relato popular, la tradición oral del cuento, existe, como en toda Europa, pero no es utilizada en forma literaria, como sí vimos que ocurriría en Rusia, Francia, Alemania o América.

El origen del cuento moderno es posterior todavía al de Inglaterra, ya que el predominio de la lírica fue determinante en el siglo XVIII y principios del XIX.

Giovanni Bocaccio (1313-1375), puede considerarse el primer cuentista italiano con sus célebres cuentos del Decameron. Diez jóvenes, siete mujeres y tres hombres, se trasladan a una villa campestre para escapar de la peste que asolaba Florencia por esa época. Para pasar el tiempo cada uno debe contar una historia por día. En estos cuentos, la tendencia es el dejar a un lado los convencionalismos religiosos imperantes, y expresar la vida de seres de diferentes orígenes y condición social, que van mostrando, dentro de sus relatos, los cambios operados en la sociedad, con la decadencia del sistema feudal y el crecimiento de la incipiente burguesía.

Admirador de Dante Alighieri (1265-1321), que con su obra poética “La Divina Comedia” llegó a la cumbre de la literatura universal, Bocaccio fue amigo de otro gran poeta: Francesco Petrarca (1304-1374), y sus comienzos están más relacionados con la poesía, en la que introdujo lo que se llamó “ottava rima”, proveniente de la poesía popular. También se reconoce una incursión en la novela psicológica (“Fiammetta”), pero se destacó en los cien cuentos del Decameron, que le dieron nueva vida al cuento (novella). Al decir del crítico ultra católico Edmund Gardner, Bocaccio perfeccionó artísticamente al cuento, considera a la prosa “adornada y poética”, pero carente de “sencillez y franqueza, y estima que el “Decameron” “nos coloca en una situación apropiada para ver ciertos aspectos de la vida de la sociedad del siglo XIV, aunque desfigurados por la obscenidad y empapados de una idea superficial y sensual de la vida.”
Boccacio tuvo diferentes seguidores, que copiaron su estilo y en forma culta o popular contaron historias sin demasiadas pretensiones literarias.

Ser Giovanni Florentino autor de la recopilación Pecorone (c. 1390) es uno de ellos, y de sus novelle señala Laura Carlucci, “se caracterizan por un desinterés casi total hacia la realidad de la época (…) que asumen matices fantásticos que, a menudo, se superponen al plan realista de la narración.” La estudiosa considera que una “observación detallada de la sociedad y la preocupación moral”, caracterizan en cambio las novelle de Franco Sacchetti, Treccentonovelle (c. 1335-1400) y Giovanni Sercambi, Nouvelle (1347-1424). No se puede dejar de lado que la intención de aquellos escritores no era meramente artística, sino que en muchos casos tenían pretensiones moralistas, e intentaban dejar enseñanzas de diferente tipo entre sus lectores, aunque ya no estaban imbuidos de lograr adhesiones religiosas. Sercambi, por ejemplo, no deja de regodearse en sus novelle, en la inseguridad y la violencia de su época, con una serie de narraciones referidas a los asaltantes de caminos, detallando infinitas fechorías, robos, asesinatos donde se caracterizaba a sus responsables como a personajes irredentos, sin aportar alguna actitud comprensiva, o considerar la responsabilidad social que los convirtió en el terror de los mercaderes que transitaban los caminos de Italia.

De Sacchetti se rescatan 222 cuentos de los trescientos originales, y algunos son sólo bocetos incompletos, pero los mejores tiene una clara intención relatora antes que literaria, con un gran detallismo en su observación y muy realista en su expresión, ya que, según el filólogo José Antonio Trigueros, el mismo Sacchetti poseía una vasta experiencia psicológica basada en su vida práctica y activa. Ve en él “un moralismo sereno y amplio, acompañado de un sano y sólido buen juicio, matizado a veces de una cierta tristeza en la contemplación nostálgica de los valores ya superados.”

El parto Franco Sacchetti puede leerse en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ita/sacchett/parto.htm

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jueves, 30 de septiembre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (45) por Roberto Brey

45

Los tejedores de Silesia

Tal vez la postura crítica y participativa de Heine frente a los acontecimientos de la vida que lo rodearon, se sintetice en una de sus poesías más radicales: “Los tejedores de Silesia”.

Alrededor del 1844, en plena época de la llamada “Revolución Industrial” en el centro de Europa, la expansión fabril era imparable, y junto con ella la explotación a la que eran sometidos los trabajadores, miembros de una clase nueva, el “proletariado”, que había nacido y se desarrollaba en la medida en que se afianzaba el capitalismo en el orbe. Todavía se estaba lejos de las luchas que en todo el mundo se desarrollarían con mayor fuerza en defensa de las ocho horas de trabajo y un trato humanitario a principios del siglo XX. Por la época de Heine los derechos laborales no existían y las jornadas eran de sol a sol, sin descanso ni consideración de ninguna especie.

En Alemania en particular, a medida que avanzaban las fábricas, crecía el número de obreros y los habitantes de las ciudades se multiplicaban. Sólo durante la juventud de Heine, por ejemplo, la población de Berlín creció en un 80 por ciento y el aumento mayor se dio en las industrias minera y textil. Por entonces, Alemania estaba sensiblemente menos desarrollada que Inglaterra y Francia, donde ya la industria había crecido, junto con el número de obreros y también su organización política. Al decir de Federico Engels (1820-1895): “La clase obrera alemana iba en el desarrollo social y político tan a la zaga de la clase obrera de Inglaterra y Francia como la burguesía alemana de la de estos dos países”.

En Alemania, por ejemplo, todavía era mayoritaria la población de trabajadores a domicilio -con respecto a los fabriles-, que todavía no habían roto con el trabajo del campo.
Si los trabajadores fabriles trabajaban entre 14 y 16 horas y el pago era mínimo y a veces en mercaderías, la situación de los trabajadores domiciliarios era todavía peor. Recién en 1833 surge un grupo que trata de mejorar la situación de esclavitud con un nombre que lo dice todo: “La liga de los miserables”.

Ese clima de tremenda opresión y miseria dio como resultado insurrecciones, cuyo antecedente mayor fue el de la ciudad de Silesia, donde los tejedores no sólo eran explotados, sino que además debían pagar un impuesto al terrateniente por dejarlos tejer, entre otras obligaciones. Pero esta situación, si es posible, empeoraba con la llegada de nuevas y más avanzadas maquinarias, y eran cada vez más los casos de muerte por inanición. A comienzo de junio de 1844 la indignación estalló al fin, en una canción que se hizo popular: “El juicio sangriento”. Un obrero que la cantaba fue apaleado y detenido y los obreros del lugar fueron a pedir aumento de salarios al fabricante local. El patrón, soberbio e indignado los echó, pero debió huir raudamente a otro pueblo cuando los obreros reaccionaron quemando su casa y marchando a otras empresas vecinas.

El gobierno envió tropas, que en principio mataron 11 insurrectos y dejaron numerosos heridos. Pero los trabajadores aprendieron la lección, contraatacaron e hicieron huir a las tropas. Finalmente el gobierno envió varias unidades militares, con lo que hubo matanzas, detenciones y torturas. Ese episodio, considerado históricamente como el comienzo de la organización de los obreros alemanes, se desparramó como aceite por todo Alemania y recibió la adhesión de todos los trabajadores del país, con motines, huelgas y la consigna “Vivan los tejedores de Silesia”.

Fue allí que Heinrich Heine escribe su famosa canción, donde maldice al dios, al rey y a la patria y llama a enterrar a Alemania con el sudario que le tejían los trabajadores de Silesia:

Die Schlesischen Weber

Im düstern Auge keine Träne
Sie sitzen am Webstuhl und fletschen die Zähne:
Deutschland, wir weben dein Leichentuch,
Wir weben hinein den dreifachen Fluch -
Wir weben, wir weben!

Ein Fluch dem Gotte, zu dem wir gebeten
In Winterskälte und Hungersnöten;
Wir haben vergebens gehofft und geharrt -
Wir weben, wir weben!

Ein Fluch dem König, dem König der Reichen,
Den unser Elend nicht konnte erweichen
Der den letzten Groschen von uns erpreßt
Und uns wie Hunde erschiessen läßt -
Wir weben, wir weben!

Ein Fluch dem falschen Vaterlande,
Wir nur gedeihen Schmach und Schande,
Wo jede Blume früh geknickt,
Wo Fäulnis und Moder den Wurm erquickt -
Wir weben, wir weben!

Das Schiffchen fliegt, der Webstuhl kracht,
Wir weben emsig Tag und Nacht -
Altdeutschland, wir weben dein Leichentuch,
Wir weben hinein den dreifachen Fluch,
Wir weben, wir weben!

Heinrich Heine


Los Tejedores de Silesia

Sin lágrima en el ceño duro
Están junto al telar y aprietan los dientes:
Alemania, tejemos tu sudario,
Y en él la triple maldición.
Tejemos, tejemos.

Maldito el ídolo al que impetramos
En fríos de invierno y angustias de hambre,
En vano creímos y le miramos,
Nos ha vendido, nos ha engañado.
Tejemos, tejemos.

Maldito el rey, el rey de los ricos,
Que no ablandó nuestra miseria,
Que nos arranca lo que sudamos,
Que como perros nos manda matar.
Tejemos, tejemos.

Maldita sea la patria falsa,
Para nosotros humillación,
Siega temprana de toda flor,
Festín podrido de los gusanos.
Tejemos, tejemos

Cruje el telar, la lanzadera vuela,
Siempre tejemos, de día y de noche,
Vieja Alemania, es tu sudario,
Y en él la triple maldición.
Tejemos, tejemos.

Traducción al español de Manuel Sacristán Luzón.
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martes, 28 de septiembre de 2010

Para Mafalda… clase mediaestúpida

Público de todas las edades convocó el historiador Ezequiel Adamovsky en una conferencia sobre su libro, Historia de la Clase Media Argentina.

Apogeo y decadencia de una ilusión, 1919-2003, organizada por el partido Nuevo Encuentro, en la Biblioteca Popular de Martínez. El joven escritor charló, debatió y contestó preguntas de un auditorio que se mostró curioso y deseoso de hablar y conocer sobre sí mismo, sobre las clases sociales y sobre su rol en la vida social y política actual.

Mafalda, el eterno y querible personaje del reconocido dibujante, Quino, pertenecía a la clase media. Con la inocencia y la frescura de su niñez, la punzante niña más de una vez se preguntó y le preguntó a la sociedad qué significaba el ser “clase media” hasta que un día ensayó el autocrítico: “clase mediaestúpida”.

Estamento social para algunos, rejunte cambalachesco para otros, la clase media es una categoría ineludible para hablar de lo social y político en el país desde principios del siglo pasado cuando Joaquín V. González la nombró explícitamente por primera vez, según relató el historiador Ezequiel Adamovsky

El viernes de la semana última, Adamovsky estuvo en la Biblioteca Popular de Martínez para hablar de su obra, Historia de la Clase Media Argentina. Apogeo y decadencia de una ilusión 1919-2003, (2009-Planeta) frente a un auditorio muy entusiasmado que lo bombardeó con preguntas, opiniones e interpretaciones sobre sí.

El evento estuvo organizado por el partido Nuevo Encuentro, una fuerza que desde que se incorporó al mapa ideológico local tuvo la buena idea de darse a conocer, y en la medida de las posibilidades, plantear sus ideas y visiones en encuentros artísticos y culturales, que hacen más ameno el abordaje político del tema que sea.

“Creo que fue analizarnos a nosotros mismos, que nos creemos clase media y nos queremos separar de la clase obrera. Esa cosa de creer que estamos un poquito más arriba” le dijo Norma, de Martínez, a Prensa Libre, después de la charla, mientras varios se acercaban con sus libros al autor para que se los dedique.

“Me hizo pensar en los ´90, que sentimos como que dejábamos de ser clase media para ser pobres” relató luego Laura (30), de Olivos, otra de las participantes; “no conocía el libro ni al autor pero me aportó una nueva mirada” reconoció Luis, de Boulogne y su pareja, Adriana, acotó que ella lo había conocido por Internet.

Una de las ideas que ensayó el joven autor fue que durante los ´60 y los ´70 “hubo solidaridad entre la clase media y el resto de la población; y que, por entonces, “había más canales de ascenso social que actualmente” y los medios de comunicación “influían menos en cómo la sociedad se pensaba a sí misma”.

Para Adamovsky, así como la solidaridad estaba presente a principios de los ´70 pues “había sueños de una vida en igualdad”, antes, durante los años ´20 “igual hubo lazos” que surgieron tras la “oleada revolucionaria internacional (europea) que llegó al país, y la ausencia de medios de comunicación poderosos”.

El otro punto de encuentro político entre la clase media y los trabajadores se produce con la crisis de 2001, sin embargo, la diferencia con principios de siglo la da el hecho de que “en 2001 no hubo una ideología unificante como la socialista, pero si unió el miedo al colapso” señaló.

El joven historiador reveló que para los años ´30 los discursos “no eran hacia la clase media ni la nombraban” y que “la UCR (radicalismo) tenía líderes conservadores que no eran de clase media”. Además indicó que Yrigoyen “fue votado por varias” clases sociales y que su presidencia “no expresa el acceso de la clase media al poder”.

Para Adamovsky, sin embargo, “los obreros con el peronismo sí utilizaron el imaginario de la clase media; el ideal de la casa californiana, por ejemplo”, graficó el analista e indicó: “aunque (el ex presidente Juan Domingo) Perón no sedujo a la clase media, acostumbrada a pensar el ascenso social como esfuerzo individual y paciente “.

El historiador explicó luego: “hoy la clase media es transversal y hay un abismo entre los que se sienten clase media y lo que un sociólogo puede clasificar así”; y destacó: “hay tendencia a una visión estática de la clase media que no es tal” y además a diferencia del pasado “la clase alta toma modos de la clase baja, como la cumbia”.

A modo de síntesis Adamovsky interpretó que hoy “falta un proyecto de vida social entre iguales que sea propio, no inducido por los medios de comunicación u otra clase social” y en esta línea enfatizó: “cada vez resulta más obvio y evidente que no somos europeos” y que “ésta es una imagen falseada”.

Sobre el leit motiv de su libro el historiador, en charla con Prensa Libre, expresó: “la inquietud tiene que ver con pensar la participación de gente que no es obrera, o trabajadora, en pie de igualdad con personas de distintas condiciones en la refundación de un movimiento social emancipatorio”.

“Es crucial pensar en el establecimiento de lazos de solidaridad entre lo que llamamos los sectores medios y los más pobres” advirtió, y relató que la idea de escribir sobre la clase media no nació tras los sucesos de 2001, aunque la crisis “si orientó algunas de las preguntas que hice hacía el pasado”.

Adamosky comenzó a trabajar en su obra hacia finales de los ´90 y reveló: “aunque no viene directamente de ahí, el 2001 y ese reencuentro que hubo entre clases populares y sectores medios fue de alguna manera una clave para interpretar algunos aspectos del pasado” puntualizó.

“El tema clase media interpela a mucha gente. Todo el mundo tiene una opinión formada acerca de cómo es, qué hace y qué dice la clase media. En ámbitos más bien progresistas hay una visión crítica, o autocrítica, y eso siempre genera interés en alguna discusión”, observó el intelectual.

Ezequiel Adamovsky es historiador y ejerce la docencia en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), y en la Escuela de Humanidades de la Universidad de San Martín. Actualmente escribe sobre las clases populares, con Gabriel Di Meglio (autor de La plebe urbana de Buenos Aires y la política entre la revolución de mayo y el rosismo).

viernes, 24 de septiembre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (44) por Roberto Brey

44

Heine y la Joven Alemania

1830 es el comienzo de una nueva época en Europa Central. Luego del final de las guerras de liberación contra napoleón (1813-1815), se extiende la desilusión hacia la política restauradora. En muchos sectores intelectuales se ve a Francia y a las ideas que de allá provienen como el último refugio de la libertad. Algo similar sucedería en América Latina (con Esteban Echeverría y José María Gutiérrez en el Río de la Plata).

Las ideas liberales de la revolución del ‘30 en Francia se propagan en Alemania y la reacción controla a los sospechosos, que aparecen en todos los ámbitos.
En literatura surge el grupo de escritores de la Joven Alemania cuyos precursores serían Ludwig Börne (1786-1837), poeta y periodista que vive un tiempo en París y desde allí transmite el espíritu revolucionario previo a 1848. Por esos años publica sus “Cartas parisienses” (1830/33), donde documenta ese estado. El otro precursor, que guardaría sin embargo una eterna rivalidad con Börne, sería el gran poeta Heinrich Heine (1798-1856).

Por entonces, como vimos que ocurría en la Rusia zarista, al decir del crítico Alfredo Dorheim: “La literatura se transformó entonces en medio de renovación espiritual, luchando contra la reacción política, el romanticismo demasiado alejado de la vida real, y las convenciones morales rígidas mediante una orientación social reformista y una política revolucionaria y progresista liberal.” Ese movimiento fue madurando hacia 1848, cuando fracasó una nueva revolución democrática.

Heine, nacido en Dusseldorf, en una familia judía, entró pronto en contacto con el espíritu francés. En 1821 interrumpió los estudios y se radicó en Berlín para relacionarse con importantes figuras de la intelectualidad alemana. Estudió con los principales pensadores de su época, hasta con el filósofo Georg Wilhelm Friedrich Hegel en su juventud. Su carrera literaria lo convirtió en una de las figuras más brillantes de la poesía alemana. Su primer libro, "Poemas", se publicó en 1822. De esa época es su famoso "Libro de canciones" , desarrolla también el género de los relatos de viaje (desde 1826); con un agudo sentido de la observación, con humorismo e ironía crítica, revela los abusos y la actitud moral y social de sus contemporáneos. En 1827 viajó a Inglaterra e Italia y finalmente, en 1831 se instala en París como corresponsal de la Gaceta de Augsburgo, y se convierte en el poeta lírico más grande de su época. Después de la prohibición de sus obras en Alemania, escribe sus mejores obras en Francia y se transforma en un ídolo para muchos de los jóvenes intelectuales de su patria. Allí escribió sus poemas satíricos, "Alemania, un cuento de invierno" y "Romancero" en 1851.

Cuadros de viaje (fragmento) "La vida y el mundo son el sueño de un dios ebrio, que escapa silencioso del banquete divino y se va a dormir a una estrella solitaria, ignorando que crea cuanto sueña... Y las imágenes de ese sueño se presentan, ahora con una abigarrada extravagancia, ahora armoniosas y razonables... La Ilíada, Platón, la batalla de Maratón, la Venus de Médicis, el Munster de Estrasburgo, la Revolución Francesa, Hegel, los barcos de vapor, son pensamientos desprendidos de ese largo sueño. Pero un día el dios despertará frotándose los ojos adormilados y sonreirá, y nuestro mundo se hundirá en la nada sin haber existido jamás." (¿Algo de esto tomó Borges?)

En la década del treinta y adelante, llegó a ser tan popular que su editor enriqueció gracias a la venta de sus libros. Pero, como suele ocurrir en el ámbito del arte, los ingresos del creador fueron exiguos y debió recurrir al auxilio de su familia, y en cierto período del gobierno francés, para poder sobrevivir.

Fue simpatizante del saintsimonismo, y sus ideales socialistas le valieron múltiples persecuciones. Sus últimos ocho años de vida los pasó medio ciego y casi paralítico. Cuentan que poco antes de morir pronunció una de las más famosas frases que se le atribuyen: “Dios me perdonará: es su oficio.”

Heine “creó el lenguaje, el estilo y la técnica del moderno reportaje, abierto a la atmósfera del instante y a las impresiones subjetivas, elocuente con facilidad, tensión, ingenio y movimiento… La vivacidad y actualidad del reportaje lo hacían muy adecuado para una época en que la literatura aspiraba a seguir de cerca el movimiento del día, los conflictos de ideologías y partidos, la discontinua formación de una nueva forma del mundo… En Heine, incluso la polémica se convertía en obra de arte”. Esto opina el mencionado Fritz Martini en su “Historia de la literatura alemana”.

Como poeta que vivía la situación política y social de su época, frecuentó a los filósofos e intelectuales de su entorno. También escribió sobre literatura, y una “Historia de la literatura alemana” en 1833. Allí hace comentarios sobre algunos de sus contemporáneos.

De la fantasía de Tieck diría Heine: “…es una linda amazona que cabalga por el bosque encantado persiguiendo animales mitológicos, quién sabe si persiguiendo al singular unicornio, que solo se deja cazar por una doncella pura.” Advierte luego que en sus cuentos la fantasía va cediendo a la razón, sin dejar de lado la ironía, y elogia esa nueva actitud, aunque es crítico con ciertas vacilaciones y con lo que él considera su permanente imitación de Goethe.

Otro de sus elogiados es von Chamizo, de quien dice que le favorecen los cambios que observa, y lo reconoce como un hombre ligado a lo que él llama La nueva Alemania.

Se puede leer “Alemania, cuento de invierno y otras poesías”, con prólogo de Jorge Luis Borges y Alfredo Bauer en: http://www.elaleph.com/presenta_datos_pago.cfm?id=537422&identifica=970849&wgratuito=1

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jueves, 16 de septiembre de 2010

El cuento: origen y desarrollo (43) por Roberto Brey

43

El cuento en Alemania (continuación)

Hacia 1830

No es tarea fácil caracterizar a las distintas escuelas románticas de principios del siglo XIX. Alfredo Dornheim, por ejemplo, señala a Joseph von Eichendorff (1788-1857) como al representante máximo del romanticismo tardío, ya que iniciado en el movimiento a principios de siglo, prosigue su influencia hasta muy avanzado el siglo XIX. Por otra parte, señala a Adalbert Stifter (1781-1838) y a Eduard Mörike (1804-1875) como representantes del realismo poético, parte de una transición influenciada por la situación histórica y espiritual que se manifiesta a partir de 1830.

A Novalis (1772 -1801) -su nombre real era Georg Friedrich Philipp Freiherr von Hardenberg- se lo suele encuadrar dentro del primer Romanticismo. Escribió novelas, poemas y escritos teóricos, publicados a su muerte por Tieck.

Wilhelm Heinrich Wackenroder (1773 –1798), la muerte temprana sólo le dio tiempo de dejar una obra principal, Desahogos de un monje amante del arte (1796), y algunos ensayos publicados póstumamente por Tieck, Fantasías sobre el arte (1799).
A diferencia de Tieck, que practica cierto nihilismo, Wackenroder parte del misticismo. Considera al arte como un lenguaje cifrado de Dios, que representa “lo invisible en lo visible”, es decir, en la belleza.

Johann Ludwig Tieck (1773-1853). Hispanista, traductor de “El Quijote”, Tieck escribió cuentos, novelas y poesía. Estudioso de la literatura, fue a la biblioteca vaticana a descubrir antiguos manuscritos alemanes y estudió a Shakespeare en Londres. Fue fundador de la importante revista literaria Das Athenäum y editó obras antiguas y de escritores contemporáneos. Entre sus cuentos se destacan: Eckbert el rubio (1796) y La montaña de las runas (1802), basados en tradiciones folklóricas. “No despertéis a los muertos” está considerado uno de los primeros relatos sobre vampirismo en alemán.

Karl Gutzkow (1811-1878). Sus escritos críticos ejercieron influencia sobre el movimiento de la Joven Alemania. Escribió: “Cartas de un necio a una necia” (1832), con influencia de Börne y Heine, y su novela más importante: Wally la escéptica (1835).

Friedrich Heinrich Karl de la Motte Fouqué (1777-1843). De familia de militares, luego de haber abrazado la carrera y participado en batallas, se dedica a la literatura. Escribió algunas novelas de caballería en 1813, luchó de nuevo con el ejército prusiano contra Napoleón, y se sumó a los escritos patrióticos de la época. Entre 1810 y 1815 crece su popularidad y escribe novelas románticas y obras de teatro. La más importante, que inspiraría a los grandes autores del género terrorífico y por la que todavía se recuerda a su autor, fue Undine (Ondina), aparecida hacia 1811.

Karl Georg Büchner (1813-1837), más que nada dramaturgo, tal vez su obra hubiera sido muy importante de no haber muerto tan joven. A los 22 años publica su primera obra (La muerte de Danton), sobre la Revolución francesa y otras obras que se publican en revistas literarias. Su drama más famoso, Woyzeck, tiene la característica de ser la primera obra literaria en alemán con personajes de la clase trabajadora, cruelmente explotados. En realidad no alcanzó a terminarla, por lo que fue reconstruida y publicada después de su muerte. Es la base de la famosa ópera de Alban Berg (estrenada en 1925).
Una idea de su pensamiento se da en una carta escrita a Karl Gutzkow, donde afirma: "la lucha entre ricos y pobres es el único combate revolucionario en el mundo".

Heinrich von Kleist (1777-1811) Nacido en el seno de una familia de militares, llevó hasta el final el nacionalismo alemán, entró al ejército a los 15 años y peleó en la guerra de liberación contra Napoleón. Después de abandonar el ejército, se dedicó a viajar y a escribir dramas, cuentos y novelas y fundó efímeras revistas literarias. En 1807 fue encarcelado por los franceses por supuestas actividades de espionaje.
Llegó a fundar un diario en 1809, el Berliner Abendblätter, donde criticaba la ocupación francesa, al que finalmente debió cerrar.
Acosado por deudas, y decepcionado por la indiferencia con que eran recibidas sus obras, decidió suicidarse junto a su compañera, Adolfine Vogel, enferma de un cáncer terminal, disparando primero contra ella y luego contra sí mismo. Pasarían muchos años hasta que sus obras, muchas de un fuerte pesimismo, fueran reconocidas por la crítica.

Blancanieves de los hermanos Grimm se puede leer en:
http://www.grimmstories.com/es/grimm_cuentos/blancanieves
Otro es “Los tres pelos del diablo”: http://www.grimmstories.com/es/grimm_cuentos/los_tres_pelos_de_oro_del_diablo
“El cuento del santo desnudo” de Wackenroder:
http://www.noteolvido.com/2009/10/el-cuento-del-santo-desnudo-wilhelm-heinrich-wackenroder/
“El terremoto en Chile” de Heinrich von Kleist:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ale/kleist/terremo.htm
“La mendiga de Locarno” de Heinrich von Kleist:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ale/kleist/mendiga.htm
“No despertéis a los muertos” de Johann Ludwig Tieck:
http://www.crowland.com.ar/textosbiblioteca/vampiros/nodesperteisalosmuertos.doc

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martes, 14 de septiembre de 2010

Borges y el peronismo

Borges, un ser irónico por naturaleza, nunca dejó de explorar los límites del lenguaje político. El ironista consumado es el que se lanza a hablar sin medir sus palabras y sus consecuencias. Quien no mide sus palabras, pero las enfunda en un uso reversible de los conceptos, hiere con efecto retardado y enigmático. Así actuó Borges toda su vida, con lo que él mismo denominó “los juegos irresponsables de un tímido”, para poner toda su literatura como un entretenimiento que partía ni más ni menos que del profundo estado de situación del lenguaje en una sociedad histórica determinada.

Todos los que lo leyeron literalmente están en su derecho de sentirse ofendidos o de tentarse a emplear con él su misma medicina, que difícilmente llegue a la cumbre de esa arte inventada que de ese mismo modo pocos manejarán: la injuria de combate dicha en estilo distraído, aristocrático y diferido. Es lógico que en especial el peronismo se haya sentido agraviado con las numerosas declaraciones que hizo Borges respecto del “hombre capaz de todos los males”, así como el demócrata común y corriente, en su sentido común básico, quizá no supo sentirse tan molesto con el descabellado juicio de Borges sobre “la democracia como un abuso de la estadística”. Predominaba en él el deseo de frasear lo incontenible. La incontinencia de Borges es un regodeo sutil con el idioma; nunca una persona notable pudo ser más perjudicada por su incontinencia, una maña que ya había condenado Aristóteles en la Etica a Nicomaco. Como buen anarquista conservador, nunca se privó de tocar ningún objeto venerable de las culturas populares. Sobre todo las del peronismo, frente a las cuales hizo el papel de gran profanador.

Es indudable que aún es necesario preguntarse qué hacer con él en la significación más genérica de su literatura y su vida. En el enorme volumen recientemente publicado post-mortem, el Borges de Bioy Casares, hay un formidable desnudamiento de su figura, que lo muestra poseedor de una teoría estética magnífica, pero dicha en forma entrecortada, dañina y deliberadamente desdeñosa. Casi siempre herética y extrañamente devocional de cultos minoritarios, pero vistos con severa imaginación, que acaso no fuera soportada ni por su propio autor. El de Bioy es un libro formidable y quizás equivocado. Pero está allí la historia argentina en sus heridas fundamentales: fusilamientos, golpes de Estado, miedos, conspiraciones, estados mayores literarios participando de toda clase de conjuras y de políticas de premios literarios, entregados siempre con mordacidad y pequeños cálculos de cenáculo.

Una actividad civil y resignada –como el mismo Borges diría– para resolver sobre su trayectoria pública en el máximo nivel de la potencialidad interpretativa que su figura hoy permite –hay que destacar el gran ensayo de Viñas de los años ’80, “Borges y Perón”–, exige considerar que su literatura reintroduce, de un modo extraordinario, todos los temas sobre los cuales opinara políticamente, en muchos casos de un modo desastrado. Y esta reabsorción en su literatura “de traidores y héroes” de todos aquellos temas políticos sobre los cuales se pronunciara, lo hace quizás el único caso de la literatura argentina en que un autor puede ser leído como un caso eximio de refutación de sí mismo.

El acto de lectura de Borges equivale a entrar en su corazón secreto que lo anula a sí mismo, pero también le exige al lector ser otro. Muchos lo saben, y forman parte de una gran legión de lectores mundiales (seamos amplios y polares con las denominaciones) de derecha y de izquierda, libertarios y autoritarios, peronistas y gorilas, aristocráticos y plebeyos. A todos estos modos de lectura afecta y redime, haciéndoles diversos y alternativos a ellos mismos.

Ahora bien, las fuerzas del trabajo y de la producción. Las de la emancipación y las de la invención de nuevas tecnologías productivas. Las fuerzas políticas ligadas al peronismo en sus numerosas variantes –y los movimientos obreros en general–, todas, todas ellas, fueron afectadas de diversa manera por la presencia de Borges, el “tímido irresponsable”. Era y es un indicio del poder de su literatura. No puede ni debe resolverse la paradoja de su existencia, que arrastra, confirma y niega las figuras de Jauretche, Manzi, Ernesto Palacio, las Madres de Plaza de Mayo y todos sus contrarios, sino como una gran obra alocada de un Shakespeare argentino, como si fuera una broma de Mario Sapag –su imitador– contada por Faulkner en Las palmeras salvajes y recitada por Discepolín. Un canto de los ’70, “Borges y Perón, un solo corazón”, Borges lo comentó con simpatía en las cenas con Bioy. Era la simpatía del que vivía a contramano de la historia, como golpista y libertario, como emancipador y cautivo, pero todo eso ocurriendo en canales profundos del ser social. En 1973 se negó a tomar un café con Jauretche, omitiendo con esa reconciliación de los dos grandes yrigoyenistas y criollistas un capítulo que hubiera reescrito buena parte de la historia literaria argentina. No evitó mezquindades de arrogante imberbe, mientras meditaba sobre el alucinado secreto de sangre de la historia nacional.

El truco, el tango de la época de “El Choclo”, el fileteado, la gauchesca como una posibilidad de vanguardia, la quiebra de la temporalidad racional de la historia, son flechas borgeanas que señalan quizás alienadamente todos los problemas argentinos, al revés de tantos y tantos no alienados y pretendidos ciudadanos juiciosos, correctos en su expresión política, pero que no atinan a señalar problema alguno. Borges no puede ser convertido en un icono, ni puede serles indiferente a los obreros argentinos y a las herederas de Emma Zunz, la obrera, o de Fergus Kilpatrick, el jefe ambivalente del movimiento nacional irlandés.

Que se lo vitupere no trae problema para el gran vituperador Borges, que elevó ese modo de expresión a la altura de una épica del lenguaje de los argentinos. A las fuerzas vivas y militantes de la sociedad argentina, estudiantes, trabajadores, sindicalistas, intelectuales, les está reservada una tarea que siempre comienza y siempre cesa en el mismo punto. Historiar a Borges, que lógicamente puede ser condenado. Y también borgeanizar el linaje político social argentino, que puede así adquirir notas nuevas, con nuevas posibilidades de movilización. Para ello no es necesario citarlo, apenas sospechar las ironías del destino que todos tenemos reservadas.

Leerlo sigue siendo terrible, es un oficio para aventureros de la lengua y soñadores del cambio social. Los oficiantes de una condena previa inadecuadamente desplegada no deben privarse de adentrarse allí, porque es ahí que subyacen también sus existencias. Que origine humoradas, no es problema: su figura pública televisiva lo permitió, pues fue el gran clown de los oscuros simbolismos argentinos, y cuando tuvo que decirles cobardes a quienes lo merecían, acertó póstumamente dándole un giro más a su figura pública doliente. Por lo demás, siempre es tarde, para él o para nosotros, para desdecirse. Falta una gran tarea historiográfica adicional sobre su trayecto social y lingüístico; y faltan nuevos libros sobre el tema. La reciente publicación de Borges, libros y lectores, de la Biblioteca Nacional, es un paso gigantesco en dirección al crecimiento de la crítica borgeana.

Que su nombre surja siempre como si fuera el de un ser ajeno sometido a mordacidad o repulsión, son signos de estos tiempos donde todo vuelve a estar en discusión. En buena hora que al antiguo yrigoyenista Borges le broten alrededor, como espigas urticantes, nuevas humoradas, que podrán demostrar –y no creemos estar equivocados al decirlo– que esta época está en condiciones de releerlo todo, que la historia argentina puede ser también un magnífico tribunal literario renovado, y que las relaciones entre historia viva y ficción escrita no han agotado sus vaivenes. Contra o a favor de Borges crece el pensamiento crítico. Ahí las tradiciones que más lo han enfrentado, las nacional-populares, pueden renovar en nuevos duelos la práctica más importante que le reconocemos al oficio político, la atracción para sí de lo más asombroso que ni siquiera el otro, los otros o lo otro sabían que poseían. Poco falta para que sean sus adversarios quienes mejor lo lean y renueven un legado. No podemos sino marchar con estas tareas a la transformación de los aires simbólicos y populares de la historia argentina que estamos viviendo aquí y ahora.

* Sociólogo, ensayista, director de la Biblioteca Nacional.