martes, 8 de mayo de 2012

Novedad de la editorial "La Bestia Equilátera"


Informes de lectura / Cartas a Montale
Lector invicto, víctima de una pereza inagotable, Roberto “Bobi” Bazlen fue una leyenda en vida. Haciéndole una reverencia (tal era el genio que lo habitaba), supo encontrarle a esa pereza un oficio y hasta asignarle una reputación. Bazlen nació en Trieste en 1902 y leyó los mejores libros de la literatura europea de la segunda mitad de siglo –a menudo por primera vez– y les encontró sitio en el mundo editorial. Hizo algo mejor: sin llevar un diario de lecturas –su pereza era lo contrario de una pose–, contó a amigos, editores y poetas cómo estaban hechos esos libros, de qué manera lo impresionaban y, sin prejuicios académicos, qué importancia podían tener en una cartografía literaria que conocía a la perfección. En estos informes se puede leer una crítica literaria única, previa, anterior, la que permitió desarrollar el oficio de lector sin que lo avalara escuela ni carrera alguna, como ejercicio solitario y solidario, ejemplar. Las cartas a Eugenio Montale agregan una nota admirable sobre la amistad. El gran poeta le rindió un homenaje póstumo en “Carta a Bobi”: “Así se hizo de ti / una leyenda superficial y vana. Dicen / que eres un maestro no escuchado, tú / que a demasiados maestros escuchaste / y no has desconfiado de ellos. Confesor / inconfesado no podías dar nada / a quien ya no estuviera en tu camino”.

Roberto Bazlen
Nació en Trieste en 1902, de padre alemán y madre italiana. Dio muestras de precocidad, y esta a menudo tiene que inventar cómo ser utilizada y cómo pasar inadvertida para proteger al portador. La imaginación del niño bastaba para construir, a la sombra y a escala de sus lecturas, un mundo. En su ciudad natal, Bazlen frecuentó a Umberto Saba, Italo Svevo, se hizo amigo de Eugenio Montale, Giacomo Debenedetti, Sergio Solmi, que fueron tan reales o fantasmales como los personajes de las novelas de aventuras. Vivió en Génova y en Milán. Se aficionó a pintar acuarelas. Su actividad de asesor literario o consejero editorial se afirmó después de la Segunda Guerra. Un amigo lo animó a que preparara un programa para una casa editora que estaba por fundarse, nómina que afloró parcialmente más tarde en Edizioni di Comunità. En los años siguientes, se dedicó a aconsejar libros a distintos interesados, como Bompiani y Astrolabio, pero el arreglo más duradero lo estableció con Einaudi. Se instaló en Roma, en la calle Margutta, hasta 1965, cuando, dos meses antes de su muerte, volvió a Milán. Nada publicó en vida; póstumamente, amigos y admiradores hicieron publicar, al cuidado de Roberto Calasso, los fragmentos de una novela, El capitán de altura, y los informes de lectura y las cartas a Montale, los dos últimos reunidos en este volumen.


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