viernes, 22 de noviembre de 2013

Se entregaron los premios del concurso literario “Manuel Mujica Láinez”

Di Rocco y Santiago muestran “Ella y otros cuentos”,
la publicación de los  cuentos ganadores en 2012
La obra ganadora fue “La elección de la víctima”, escrita por Héctor Oscar Di Rocco y Claudio Mario Santiago. La ceremonia se realizó en el Museo Beccar Varela, el miércoles 21 de noviembre.

Ayer por la tarde, en el Museo Beccar Varela de San Isidro, se realizó la ceremonia en la que se distinguió a los ganadores del Premio Municipal de Literatura “Manuel Mujica Láinez”. La obra “La elección de la víctima”, escrita por los tandilenses Héctor Oscar Di Rocco y Claudio Mario Santiago quedó en el primer lugar.

El segundo puesto fue para “Tierra, Fuego”, de Flavia Pantanelli. También recibieron mención especial: “Hermoso y durmiente”, de Pablo Pedroso; “Derrumbe”, de Mariana Travacio; “Arroz con pollo”, de Alicia Elena Paroni; “Los incomprendidos”, de Pablo Colacrai; “Costumbres familiares”, de Oscar Bracamonte; “Indefectible” y “Cortar por lo sano”, de Flavia Pantanelli y “En el corazón de las tinieblas”, de Carlos Guillermo Matute.

En el concurso se presentaron alrededor de mil cuentos, de los cuales 60 quedaron preseleccionados y fueron evaluados por los reconocidos escritores Silvia Hopenhayn, Claudia Piñeiro y Federico Jeanmaire; quienes eligieron a los 10 premiados.

Sobre el nivel de las obras, Jeanmaire quien también fue parte del jurado en la primera edición del certamen en 2006, afirmó: “Este año hubo cuentos muy buenos. Supongo que se debe a que este Premio se hizo conocido y ganó entidad”. Y agregó: “Lo lindo es que de los 60 cuentos que leímos, hubieron 30 muy buenos; lo que no es común, en general es más fácil elegir a los ganadores porque marcan una diferencia muy importante con el resto de los concursantes, pero acá el nivel fue alto”.

En la ceremonia, también se presentó la antología “Ella y otros cuentos”, la publicación de los trabajos que ganaron en 2012. 

La subsecretaria de Comunicación y Cultura, Eleonora Jaureguiberry, señaló que el concurso comenzó como una iniciativa para recuperar un lugar que se había perdido: el concurso de cuentos. “Creo que el éxito de la convocatoria tiene que ver con que, como todos los certámenes, Mujica Laínez también opera como una plataforma de lanzamiento para los escritores porque les da la posibilidad de darse a conocer. Muchos escritores reconocidos surgieron de un certamen y éste no es la excepción”, afirmó.

Sobre este punto, coincidió Jeanmaire quien se hizo conocido luego de ganar un concurso. “Es fundamental tener espacios como éste porque sino los escritores no tienen muchas posibilidades de que un editor lea su trabajo y lo publique; por eso los premios se convierten en una especie de salvación”, destacó.

Jeanmaire también comentó cómo fue el proceso para elegir el ganador: los tres jueces leyeron las 60 obras preseleccionadas y luego cada uno presentó las que más le gustaron. “No fue una coincidencia total pero las listas fueron bastante parecidas; después definimos a los 10 mejores y finalmente discutimos qué puesto se merecía cada uno”.

Los ganadores Di Rocco y Santiago, de 60 y 50 años, son amigos desde que eran chicos y hoy trabajan juntos en un laboratorio de física. Entre los dos escribieron “La elección de la víctima”, una historia que transcurre en un pueblo, a principios de los ’60, y que narra el vínculo entre dos amigos que se criaron juntos pero que por diferentes circunstancias tomaron caminos distintos. Uno es policía y al otro se lo acusa de un robo, pero cuando comienza la investigación, su gran amistad hace que sea imposible tratarse como desconocidos.

“Estoy sorprendido porque no me imaginé que iba a estar acá con algunos personajes de mi familia plasmados en un cuento y recibiendo un premio en este concurso que es muy importante”, concluyó Santiago sonriente.


jueves, 21 de noviembre de 2013

Feria del libro de la zona norte

La Junta de Historiadores del Camino del Bajo iniciara una nueva edición de la Feria del Libro de la Zona Norte.

El  lema de este ciclo es "Para conocernos mejor", ya que los autores dispondrán de una mesa de café para compartir la charla con sus lectores.

Invita a participar a los autores de la zona y a quienes escribieron sobre temas de la zona y especialmente a los medios de comunicación regionales.

Funcionara los domingos de 16 a 20 en el Puente Maipú (el que une la estación Mitre con el Tren de la Costa). Se accede por las escaleras ubicadas en la entrada de cada estación.
El lanzamiento se hará el domingo 24 a las 17.

Los que deseen participar en este día deben comunicarse previamente con estos correos jhcaminodelbajo@gmail.com y olivosmibarrio@hotmail.com y a los teléfonos 156 714 8129 ó 154 437-4928.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Baldomero Fernández Moreno en el aniversario de su nacimiento

Baldomero.
Baldomero Eugenio Otto Fernández Moreno nació el 15 de noviembre de 1886 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, primogénito del comerciante Baldomero Fernández, natural de Bárcena de Cícero, Cantabria, y de Amelia Moreno, de Bocígano, Guadalajara.

El poeta nacido en Buenos Aires en 1886 y fallecido en esa misma ciudad en 1950, pasó parte de su infancia en Santander, a orillas del Cantábrico. De regreso a la Argentina, obtuvo su título de Doctor en Medicina, ejerciendo su profesión en Chascomús.
A los veintinueve años publicó su primer libro de poesía, al que siguieron luego cinco o seis publicaciones más. En sus poemas se mezcla el erotismo y la espiritualidad, producto de su inspiración  en dos mujeres cuya identidad ha permanecido en el misterio.

Baldomero Fernández Moreno, con su poesía, universal y nacional al mismo tiempo, inmortalizó la geografía íntima de los barrios porteños y la placidez de las provincias y el campo argentino.
El escritor Jorge Luis Borges, por ejemplo, dice: “Yo creo que nadie ha expresado la llanura de la provincia de Buenos Aires como él”, a quien considera: “Uno de nuestros mayores poetas”.
En sus poemas aparece esa otra Buenos Aires, la lírica:

Piedra, madera, asfalto
¡si me enterraran bajo el pavimento!
Piedra, madera, asfalto
¡Y en una calle del centro!
Piedra, madera, asfalto
Casi no estaría muerto

Piedra, madera, asfalto, “Ciudad”

El poeta le habla a la ciudad y le dice:

¡Mira que te soy fiel, oh ciudad mía!
Otra vez en la calle como antes,
silenciosos mis pasos o sonantes
conforme a mi tristeza o mi alegría
Bajo el sol empolvado de tu día,
bajo tus crudos focos centelleantes,
entre el bullicio de tus habitantes,
estoy buscando algo todavía.

“Fidelidad”, en Ciudad

Borges le atribuye la “percepción genial del mundo exterior”; y otro poeta, Leopoldo Lugones, el “don sutilísimo de observación instantánea”.

Campos de mi provincia en el estío.
Infinitos, monótonos, iguales,
Carretadas de pastos naturales
Mas el alambre tenso de algún río.

“Campos de mi provincia”, en Campo argentino

El  propio Borges, considerado por muchos como el fundador de la poesía de Bs. As., asegura que  Baldomero Fernández Moreno es el precursor. Y los saluda como el iniciador del motivo ciudadano en la poesía argentina.

Roberto F. Giusti califica a BFM como el “poeta por antonomasia” de la ciudad. Borges dice: “el diecisiete BFM publicó “Ciudad”, integra posesión de la urbe (…) su visión no está vinculada a  lo tradicional, como la de Carriego: es realidad de vida, hecha directamente realidad de arte.”

Roberto Giusti puso de relieve que es con Baldomero Fernández Moreno que Buenos Aires encuentra su poeta. La novedad aportada por Fernández Moreno, dice, es que Baldomero no se pone frente a la ciudad, sino que escribe desde su interior, compenetrado con ella.

Uno de los que se sintieron inspirados por su obra también fue Mario Benedetti que sin rubor declaró que fue como su maestro aún sin conocerlo, pero su obra se le presentó reveladora para la poesía que él buscaba.
Ocre y abierto en huellas, el camino separa opacamente los sembrados. Lejos, la margarita de un molino, que por su paradigmática y mágica sencillez, nos descubre la provincia y la pampa en breves trazos.

Rebelión del alma insumisa
Que quisiera dar un salto,
Del trampolín del asfalto
Hasta la última cornisa

“Deténme, que me vuelo”, en Ciudad

La torre más alta
-“La torre, madre, más alta
es la torre de aquel pueblo,
la torre de aquella iglesia
hunde su cruz en el cielo.

-Dime, madre, ¿hay otra torre
más alta en el mundo entero?»
-«Esa torre sólo es alta,
hijo mío, en tu recuerdo”.

Amantes
Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, sonrosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.

Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndese el aliento unos instantes...
y he aquí el nudo sexual deshecho.

Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente,

un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente.

Algunas de sus obras
·         Las iniciales del misal (1915)
·         Ciudad (1917)
·         Por el amor y por ella (1918)
·         Campo argentino (1919)
·         El hogar en el campo (1923)
·         Aldea española (1925)
·         El hijo (1926)
·         Último cofre de Negrita (1929)
·         Sonetos (1929)
·         Yo, médico; yo, catedrático (1941)
·         Buenos Aires: ciudad, pueblo, campo (1941)
·         Tres poemas de amor (1941)

viernes, 15 de noviembre de 2013

Lectura y Derechos del niño y mucho color en Filbita 2013


Miércoles 20 de noviembre • 
En simultáneo en librerías
de CABA, GBA y La Plata

Este año Filbita dedicará espacios de
lectura y arte a reflexionar acerca de los derechos de niños, niñas y
adolescentes. Con una propuesta que funcionará como apertura y cierre del
festival, se invita a chicos y grandes a compartir historias y a crear entre todos
rompecabezas gigantes.

Apertura:
El miércoles 20 de noviembre, desde las 17

y en distintas sedes, se invita a los chicos a pasar una tarde entre libros, conversar
sobre sus derechos y crear entre todos rompecabezas con cajas, pinceles y
pinturas. A partir de una idea del ilustrador y editor Diego Bianki, siete librerías
desarrollarán esta actividad en simultáneo y compartirán las experiencias en vivo a
través de las redes sociales.
Invita: Tersuave
Se sugiere llevar ropa cómoda y que se pueda manchar.

Librerías participantes:
Corre como el viento | Debenedetti 711, La Lucila
Boutique del Libro de San Isidro | Chacabuco 459, San Isidro
El libro de arena | Aráoz 594, Palermo
Eterna Cadencia | HOnduras 5582, Palermo
La Nube | Jorge Newbery 3537, Chacarita
Los libros del vendabal | Gral. Enrique Martínez 836, Colegiales
Rayuela libros | Calle 44 n| 561, La Plata

Cierre:
El
 domingo 24, desde las 15, en el Parque Saavedra de La Plata, alrededor de la

Biblioteca Del otro lado del árbol (calle 14 entre 66 y 67, La Plata) Diego Biankir
realizará el taller Rompecabezas, en el cual invita a todos los asistentes a poner
manos a la obra y dar vida a gigantes rompecabezas con pinceles y colores. Esta
experiencia, que se ha realizado en distintos lugares del mundo como México, Chile
y España, formará parte de la jornada de actividades de cierre del festival. 
Domingo 24 de noviembre, de 15 a 19. Se suspende por lluvia.
Toda la programación en www.filba.org.ar Entrada libre y gratuita hasta colmar la
capacidad de las salas.



Evento realizado com o apoio do Ministério da Cultura do Brasil / Fundação
Biblioteca Nacional.
Evento realizado con el apoyo del Ministerio de Cultura de Brasil / Fundación
Biblioteca Nacional.




viernes, 8 de noviembre de 2013

Presentación: "Los cuarenta, una evocación", de Laureano Castaño


(Una crónica de Rubén Fiorentino)

Tal como estaba previsto, el 2 de Noviembre de 2013, en las instalaciones que gentilmente nos cedió para el acto institucional el San Isidro Automóvil Club, presentamos el libro "Los cuarenta, una evocación" de Laureano Castaño, nuestro par de CD del Centro Cultural del Tango Zona Norte, y a continuación, otro acto de verdadera justicia fue llevar adelante el Encuentro de Poetas "Jorge José Fernández", en memoria de quien fuera por años vocal de nuestra entidad, tarea esta que desempeñó con capacidad y dedicación hasta el momento de emprender el viaje sin retorno. 
Desde temprano pintaba linda la cosa puesto que eran muchos los que se acercaban a las coquetas instalaciones de la entidad amiga a participar de la velada literaria.  Entre los asistentes nos honraba con su presencia una importante delegación de la Sociedad Argentina de Escritores Zona Norte, con su presidenta Estela Garrido encabezándola. Junto a ella, infaltables, se destacaban los rostros conocidos de Martha Muñoz, Elsa María Calabria, Graciela Figueroa y Víctor Longo. También estaba representado el  Círculo de Poetas de Boulogne con su vicepresidente Oscar Vera, su esposa, Rosa Palavecino y Cristina Yagas como figuras salientes.  Tampoco faltaron poetas y escritores independientes cono nuestro querido amigo  Richard, Inés Aznares Marcó, Osvaldo Maximovich, Dante Fénix, Romeo Bellini e Irene Morinelli, cantautora, que alertados por los medios concurrían a participar de esta singular jornada y una exquisita cantante como es Marta Cortés se arrimó para mostrarse en hasta ahora otra de sus facetas menos conocidas que es la de escribir y hasta la escritora Mónica Graciela Sosto, que no pudo concurrir puesto que asistía a un congreso literario en Chile, a través de sus hijos nos hizo llegar un testimonio sonoro de sus obras.
También la prensa radial dijo presente con representantes de la talla de Roberto Fraga y Jorge Leive que engalanaron una jornada que fue por demás brillante.

Con algunos minutos de demora de la hora establecida para comienzo, Jorge Gatti tomó la conducción del acto para cederme luego la tarea de presentar el  libro de nuestro amigo Castaño, recientemente galardonado con el premio Ancla Dorada al Cuento Breve.  Hice hincapié en la identificación que sentí con la obra desde el instante mismo que llegó a mis manos y mis ansias de querer llegar pronto al final de la lectura, disfrutando cada palabra. Sucede que el libro nos retrotrae al tiempo feliz de la niñez y si bien Castaño acusa algunos abriles más que este cronista, por entonces los tiempos  no producían cambios tan vertiginosos como los que se dan hoy y la mayoría de las cosas que narra llegaron a vivirse todavía por algunos años más en otros lugares, como acaso mi barrio. Había preparado para la introducción frases de notables del tango como Enrique Cadícamo, "...de mis páginas vividas, siempre guardo un gran recuerdo, mi emoción no las olvida, pasa el tiempo y más me acuerdo...", de Julián Centeya, "Quisiera amasijarme en la infinita ternura de mi barrio de purrete, con un cielo cachuzo de bolita y el milagro coleao, de barrilete..." o acaso de Homero Manzi, "... calles lejanas cómo estarán, viejos amigos que hoy ni recuerdo, qué se habrán hecho, dónde andarán..." que venían como a la medida de lo escrito por Castaño y en verdad las utilicé, pero tuve el agrado y el honor además de leer el prólogo que el autor escribe para una segunda edición del libro que en la brevedad podremos disponer, y que como corresponde será corregido y aumentado.  No porque hubiera que modificar demasiado el original pero Laureano, celoso con embellecerlo, le agregó ilustraciones y algunos cuentos más que le habían quedado en el tintero.

Agotada la instancia de esta breve introducción procedí a leer uno de los capítulos que más me gustaron, el  que le dedica a las tradicionales fogatas de San Pedro y San Pablo. A medida que avanzaba en la lectura sentía las voces que expresaban distintas sensaciones que lo escuchado les producía, las mismas seguramente que experimenté cuando lo leí por vez primera.
Con nutridos aplausos para Castaño, que debió pasar al frente como en los tiempos del colegio, concluyó esta primera parte de una velada que todavía tenía mucho más para brindarnos como el anunciado encuentro de poetas. Como no podía ser de otra manera, una obra de Jorfer sirvió para la apertura. Se trató de Muchachada porteña que leí con singular emoción compartida desde la platea por Milagros, quien fuera su compañera, y los muchos amigos que acusaban su afecto para con el recordado conductor de "Tangomingo", compositor de tantas obras del cancionero ciudadano, ocasional cantor y sobre todas las cosas para el incondicional amigo.

Margarita Sosa había preparado un escrito que era algo así como una caricia para los poetas que allí se dieron cita pero la gola, que a veces se pianta, le jugó una mala pasada y en su lugar, Jorge Gatti tomó la posta para recibir en su nombre meritorios aplausos.
Uno a uno los poetas y narradores nos iban haciendo conocer sus trabajos y uno a uno fueron reconocidos por el Centro Cultural del Tango Zona Norte con un pergamino que atestiguaba su presencia en la casa de la avenida Santa Fe, a metros de los desaparecidos cines Astro y Bristol.  El encargado de las entregas fue un inesperado Roberto Rolón que con entusiasmo se abocó a la tarea.  El tirano reloj avanzaba sin piedad y quienes estábamos disfrutando renegábamos porque ello sucediera, pero muy a nuestro pesar no podíamos hacer nada para remediarlo.

Concluida la primera ronda de lectura se procedió a llevar adelante un pequeño ágape para agasajar a los presentes y allí pudo notarse la mano de Ricardo Demelli y Elsa Tablado, procurando que todo estuviese servido en tiempo y forma.

Al cabo de ese pequeño paréntesis que nos permitimos, había tiempo todavía para una segunda ronda, con un poco menos de representantes porque los que llegaron de lugares más alejados habían partido. No obstante, el número siguió siendo importante y respetando rigurosamente el turno adjudicado en la acreditación, Jorge Gatti fue haciendo pasar a los bardos, reservándome con un guiño cómplice el cierre.  Había motivo y todos lo aceptaron y comprendieron, queríamos rendirle postrer homenaje a un grande, un nativo de San Isidro que trascendió largamente las fronteras del barrio y que lamentablemente hace escasas horas se nos adelantó en la partida.  El tributo era para José Gobello, a quien dedicamos mi poema Lunfardo, poniendo broche a una jornada que perdurará en el recuerdo de los muchos que gozamos con esta faceta de la cultura.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Ganadores del premio “Manuel Mujica Láinez”

Hopenhayn y Jeanmaire.
Los cuentos “La elección de la víctima”, de Héctor Oscar Di Rocco y Claudio Mario Santiago, y “Tierra, Fuego”, de Flavia Pantanelli se llevaron los primeros galardones de este concurso municipal de literatura. En esta nueva edición hubo más de 800  participantes.

El 5 de noviembre se conocieron los ganadores del Premio Municipal de Literatura “Manuel Mujica Láinez” en la sede de la Subsecretaría de Comunicación y Cultura de San Isidro (Av. Del Libertador 16.208).

El jurado, integrado por los escritores Silvia Hopenhayn, Claudia Piñeiro y Federico Jeanmaire evaluó 55 de las 854 presentadas, de las que escogió 10: dos primeros premios y ocho menciones. Todas las obras integrarán una antología de cuentos.

El primer premio fue para la obra “La elección de la víctima”, de Héctor Oscar Di Rocco y Claudio Mario Santiago, de Tandil; el segundo premio se lo llevó “Tierra, Fuego”, de Flavia Pantanelli, de Martínez.

Las ocho menciones fueron para: “Hermoso y durmiente”, de Pablo Pedroso (Florida); “Derrumbe”, de Mariana Travacio (Ciudad Autónoma de Buenos Aires); “Arroz con pollo”, de Alicia Elena Paroni (La Plata); “Los incomprendidos”, de Pablo Colacrai (Rosario, Santa Fe); “Costumbres familiares”, de Oscar Bracamonte (Córdoba); “Indefectible” y “Cortar por lo sano”, de Flavia Pantanelli (Martínez) y “En el corazón de las tinieblas”, de Carlos Guillermo Matute (Martínez).

De la apertura de sobres participaron los jurados Silvia Hopenhayn y Federico Jeanmaire, quienes iban adivinando los seudónimos de los participantes y recordando las cualidades de cada cuento concursante.

Hopenhayn contó que se sorprendió por el buen nivel de las obras: “Estaban muy bien escritas; no respondían a las reglas de la gramática sino que los autores hicieron aportes nuevos a la lengua personal. Algunas fueron pequeñas sorpresas”. A su lado, Jeanmaire sostuvo que en la mayoría de las casos “hubo consenso” entre el jurado.

Sobre “La elección de la víctima” –primer premio– Jeanmaire lo definió como un cuento rural muy bien narrado. Cuenta la historia de dos amigos de toda la vida –adelantó Jeanmaire–, a quienes les fue muy distinto y siguen viviendo en el mismo lugar. La historia se cuenta mientras ellos caminan. Uno es policía y aparentemente el otro robó algo. Y mientras el oficial de la ley lleva a su amigo a la comisaría, estalla el cuento. “El título del cuento es la clave y el enigma del final”, agregó Hopenhayn.

“Tierra, Fuego” describe la relación entre una vaca y un centauro. “Es una escritura que respira. Trabaja por un lado la beatitud del campo con la fuerza del mito del centauro”, concluyó Hopenhayn.


El jueves 21 de noviembre, desde las 19, se llevará a cabo la entrega de premios a los ganadores del certamen. Será en el Museo Beccar Varela (Adrián Beccar Varela 774, San Isidro). Ese día, también se presentará la antología “Ella y otros cuentos”, correspondiente a la versión 2012 del Premio Municipal de Literatura “Manuel Mujica Láinez.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Aniversario de El llano en llamas


Al cumplirse 60 años de la publicación de ‘El llano en llamas’, varios autores celebran el libro de cuentos de Juan Rulfo y cuentan sus impresiones sobre el escritor mexicano.

Los escritores son: Luis Harss, Juan Villoro, Antonio Muñoz Molina, Rafael Gumucio, Cristina Fernández Cubas, Gonzalo Hidalgo Bayal, Piedad Bonnett, Yuri Herrera y Ana María Shua, relatados por Winston Manrique Sabogal, para El País de España.


Autorretrato tomado en el Nevado
de Toluca hacia 1940, obra del escritor
y fotógrafo mexicano Juan Rulfo.
El Tiempo sonámbulo. Y en él, personas que deambulan en un paisaje de polvo cuyo rastro viene de la miseria y va hacia lo fatídico. Ese fue el mundo con el cual Juan Rulfo abrió un nuevo y magistral territorio literario hace sesenta años bajo el título de El llano en llamas, editado por el Fondo de Cultura Económica. Un mosaico de quince piezas (en 1970 se sumarían dos más) de la condición humana y de la vida situadas al sureste del estado de Jalisco (México) que abarca desde la Revolución mexicana en 1910 hasta mediados del siglo XX. Con esos cuentos, Rulfo (1917- 1986) refundó la literatura en español que confirmaría dos años más tarde con Pedro Páramo.

Pero hoy es el día de la fiesta de El llano en llamas; y como las voces que suenan en esas historias, varios escritores levantan, poco a poco, con sus voces la cartografía de ese llano en llamas que suena así:

“La esencia de Rulfo es que con sencillez y dignidad y sin folclorismo sentimental elevó temas regionales al nivel de tragedia griega”, afirma Luis Harss.

“Con los cuentos logró una nueva representación del campo mexicano y la miseria en la que viven sus personajes. De manera emblemática, uno de los relatos lleva el título de ‘Nos han dado la tierra’. La herencia que reciben no es otra cosa que un montón de polvo. Los ultrajes y la violencia de estos relatos revelan una realidad devastada por la injusticia social. Lo peculiar es que Rulfo narra estas desgracias con hondo sentido poético. Sus cuentos están escritos en un doble registro: las acciones son vertiginosas y la vida mental de los personajes es demorada, de una reflexiva intensidad. Esto establece una peculiar tensión: lo que sucede es rápido y su efecto es lento. En estos cuentos, Rulfo renovó el lenguaje de México. Ningún campesino ha hablado como sus personajes pero ninguno ha sonado tan auténtico. Un milagro de la autenticidad que sólo puede ser literaria”, explica Juan Villoro.

“El llano en llamas me permitió, cuando era muy joven, imaginar una forma narrativa posible para las historias de la guerra y la postguerra española que había escuchado desde niño. No he dejado de leer esos cuentos desde que un amigo me los descubrió. Y algunos los he usado en clase una y otra vez para explicar cosas tan distintas como el peso que lo no dicho tiene en una historia y hasta la importancia del título en el proceso narrativo. Cuantas más veces los lee uno más cosas sorprendentes descubre en ellos. Esos cuentos no se acaban nunca”, recuerda Antonio Muñoz Molina.

“Es en muchos sentidos un libro mestizo. Un libro de cuentos que parece un enorme poema. Un testimonio cruento que parece un sueño. Un puñado de vidas que parecen paisajes y paisajes que gritan, lloran y susurran. Nadie ha escrito después o antes así. Sólo Rulfo en Pedro Paramo lo intento y logró. Después vino el silencio, el respetuoso silencio que sigue a todos los auténticos milagros. Nadie que yo haya leído escribe como Rulfo, todos los que lo hacemos en América Latina no hacemos más que dar vuelta alrededor de dos o tres imágenes quemantes, un entierro, una mujer y unas gallinas, la sequedad más seca de esa tierra de nadie que es nuestra”, reconoce Rafael Gumucio.

“Descubrí a Juan Rulfo en orden inverso. Llegué a él por Pedro Páramo y me dejó asombrada. Luego leí el llano en llamas, y fue como una prolongación del entusiasmo que había tenido con su novela”, dice Cristina Fernández Cubas.

“Dos o tres cosas recuerdo de la primera lectura del ‘El llano en llamas’: la sensación de encontrarme ante un texto fundacional retroactivo (porque, en la euforia de las lecturas latinoamericanas de mis años universitarios, conocí antes a los primeros discípulos que al maestro), su novedad frente al canon español de los cincuenta y la contundencia narrativa basada en la economía retórica, la invención coloquial, la sequedad y la aspereza de la tramas y el paisaje. He oído muchas veces luego la voz del propio Rulfo leyendo «Diles que no me maten», una grabación sin duda acorde con su literatura: directa, obligada, sin efectismos especiales. No sé, sin embargo, si Rulfo ha tenido al cabo del tiempo significación inmediata, estrictamente «rulfiana», en la literatura en español, si, más bien, dada la evidencia y la peculiaridad de su voz, su repercusión ha sido lateral o si, en fin, ha quedado como un referente clásico y, en cuanto clásico, un tanto remoto, aislado e inimitable”, admite Gonzalo Hidalgo Bayal.
“Fue absolutamente definitivo porque por él escribí un primer libro de cuentos que luego nunca publiqué. Rulfo dio una lección inmensa de austeridad y síntesis que le dio al cuento un tono muy contemporáneo y muy latinoamericano que viene de nuestra tragedia del campo”, asegura Piedad Bonnett.

“Entre otras cosas, Rulfo nos enseña que las cosas más terribles pueden ser contadas con un lenguaje que no cae en el melodrama. Los personajes de El llano en llamas suelen ser violentos porque es el modo que han encontrado para discurrir en el mundo y toman al mundo como viene. Esa especie de resignación expresada en los términos más precisos posibles -es decir: poéticamente- es la manera en que Rulfo habló de un país en el que el estado de derecho era una fachada para la mayoría. Y esa no es la primera razón, pero es una razón más por la que Rulfo sigue siendo vigente”, reflexiona Yuri Herrera.

“Buenos Aires, 1969, Facultad de Filosofía y Letras. Una profesora de gramática nos dicta un párrafo extraordinario de un autor al que no conocía. ¿Dónde queda Comala? pregunta alguien. Comala, nos dice la profesora, es un pariente cercano que Macondo tiene en México. Corro a la librería a buscar algo (lo que sea) de Rulfo. Me dan “El llano en llamas”. ¡Y yo no sabía que eso era posible! A los dieciocho años era obsesiva lectora del barroquismo popular de García Márquez, del barroquismo culto de Carpentier. Pero no sabía que, además de contar esas historias de pueblos perdidos y polvorientos sin piedad y sin buenas intenciones, era posible además ese lenguaje escueto, riguroso. No sabía que cada palabra podía ser como una piedra”, evoca Ana María Shua.

Winston Manrique Sabogal
[Publicado en El País de España].

viernes, 25 de octubre de 2013

Presentación de “Antología”, del Círculo de Escritores de San Fernando

Museo de San Fernando
Este viernes 25, a las 20.30, el Municipio invita a los vecinos a participar de la presentación que reúne los trabajos realizados durante el año por autores sanfernandinos reconocidos por la comunidad y que conforman el “Círculo de Escritores de San Fernando”. La misma tendrá lugar en el Museo de San Fernando, sito en Ituzaingó 1053.

La apertura del encuentro se hará con un cuadro de flamenco a cargo de la profesora y bailarina Silvina Marotta. Luego se entregarán Diplomas de reconocimiento por la trayectoria y el trabajo a diferentes personalidades que integran el círculo. También se realizará la lectura de algunos trabajos publicados.

El cierre estará a cargo de la orquesta “Los Doctores del Tango”.

El objetivo es poner en contacto al vecino con un grupo de escritores que, año tras año, renueva el compromiso con la cultura desde la escritura “que es la que registra, conserva y apuntala la identidad de un lugar”.

martes, 22 de octubre de 2013

Del Mencho, el Jacinto y doña Elvira

Por Helena de Peñaloza

Sabe que está despierta. No sueña el ruido insonoro del molino, el rotar algo más lejano de las moledoras en los galpones, las voces apagadas de los capataces. Sabe que es de día y también por la claridad que se filtra por sus párpados cerrados. Entonces ¿por qué? Siente que ni un músculo de su cuerpo le responde. Apenas el aire entrando y saliendo de sus pulmones, apenas esa sensación de sequedad en la boca. Tampoco sabe porqué está sola. No sabe que por largas horas, avisados por su ausencia, el personal de la finca de salado ha apelado a todos los medios para reanimarla; que el Jacinto ha echado los bofes buscando al “dotor”, sin encontrarlo. Que tampoco pudieron encontrar al patrón. El médico en pueblo vecino, retornaría a la tarde. Los más optimistas recomendaban calma. Calma. Doña Elvira es sana y fuerte. Se pondrá bien. Calma.

Se ríe. Cree que se ríe pero ni un gesto en ese cuerpo que se adivina vivo por la piel tibia, la mano laxa, la respiración, apenas…
-Ella se levanta cuando la noche se hace ceniza en el amanecer incierto. Cuando los grillos callan y las luciérnagas se apagan. Atisba mateando la fina cresta de sol sobre el bosquecito de mistoles y cuando restalla sobre la pampa chacra, ya ha recorrido los galpones, controlando las pariciones, distribuido el trabajo del día. Ya la finca marcha al ritmo seguro y firme de su mano avezada.- “Es mi nombre de confianza”, chichonea a menudo el patrón. Lo que parece una chuscada no es más que una verdad. Que se mezcla con el cariño y gratitud.

Todos los días y cada día el espectáculo de la vida se plasma y se renueva ante sus ojos sensitivos. Desde la aguada hasta el cerro, verde sobre verde, piedra sobre piedra, cada bicho y cada piedra, es su propia vida, esa existencia que ella ama, que solo la da la tierra libre de ciudades, limpia de asfaltos, ebria de sol.

-Ahora no la ve. La mente la retrotrae largo tiempo. Se ve pequeñita, aterrada, pegada entre el catre de su madre yacente. Ve a doña Blanca; oye la voz estremecida de la enferma; la niñita señora, la niñita… y la promesa llevando su tranquilidad a la moribunda- “Ante Dios te lo juro. Ella será mi hija amada. Tu lo verás, quédate tranquila”.
Luego aquella larga infancia de juguetes y paseos, de libros y lindos vestidos, del rezo cotidiano en la camita emperifollada. -“Cuida a mamá Diosito”- Más tarde la llegada de Martín. Su hermanito bien amado. El bebé de ambas. Martincito… Se ve restallante el día de su boda. Bajo el largo velo los largos cabellos cuidadosamente peinados, el traje lujoso, los zapatos, las flores. Ve la admiración en todos los rostros. Oye el aplauso sostenido ¡qué vivan los novios! Y el amor. El amor. Justino santo, Dios le tendrá en su gloria.
“¡La pucha! ¿Qué hacer?” -El querría hacer algo por esta mujer, tan gaucha, tan querida. Que lo ha tratado siempre deferente. Sus pobres derechos. ” ¿Querés que te enseñe a leer Jacinto? ¡Dale! ¡Animate!”. El se sabe bruto. Nunca aprenderá. Pero le halaga su interés, lo agradece. “Tal vez doña Elvira, algún día… Gracias”. Los años no lo han perdonado. Suma tierra, polvos sobre arrugas, escarcha y soles sobre su piel curtida. Los años anularon diferencias, juntaron realidades. Y es cuando en la tarde, silencioso llega a la casa antes de rumbear para el rancho, ya está la pava calentando el brasero, bajo la parra, y no falta una galleta para el mate y doña Elvira le conversa, ella solo cuenta, ríe, aconseja, chichonea. ¡Qué hubiera sido de su vida sin esta mujer, amiga, hermana, madre!... y ahora… “¿qué hacer?” A horcajadas sobre una vieja silla de paja, las manos aferradas al respaldo, casi no respira, atento a cualquier sonido- “Chiquito aunque sea, mi Dios”.

Ya la siesta aprieta. Todos descansan. Duermen. Él no. Tampoco el Mencho. El Mencho. También protegido por doña Elvira. Sin otro lugar en la hacienda, lejos de los doberman del patrón, duros, silenciosos, autómatas. Puros, claros. Tampoco nada que ver con los útiles cabreros de los puesteros. Mestizote, pata corta, largas orejas, cabezota, cuerpo chiquito, alargado, desteñido. Solo sus ojos, bellos, profundos, limpios.

“-Ese perro es una porquería, doña Elvira, tírelo al campo, liquídelo”- Cuantas veces pegado a su pollera, amparado oyó frases parecidas. Ahora ha llegado a la casa, también ansioso, también intranquilo. Se anima y entra. Allí está ella. La mano cuelga al costado de la cama alta. El Mencho llega hasta ella. La cubre de besos. Gimotea, muy bajito para que nadie lo oiga, para que nadie lo eche. La mujer lo siente. Lo entiende. Sabe lo que le está diciendo: “-por favor patrona, no me deje…, no me deje solito… sin rodilla para mi hocico… sin caricia para mis orejas… por favor  patrona, por favor…” Mordisquea suavemente los dedos laxos, se desespera. Y ella no puede hacer ni un gesto. Se esfuerza inútilmente. Las coordenadas de su cerebro ya no repiten órdenes. Solo los ojos se llenan de lágrimas.

-¡Qué hace acá perro inmundo! ¡Fuera caracho!
Doña Elvira identifica la voz; su débil corazón sangra siguiendo el quejido del perro, su miedo y su desdicha huyendo hacia el corral.
La hora se estira bochornosa, bajo el sol implacable. Ni los pájaros se animan a enfrentar la resolana impiadosa.

-¿Cuántas horas han pasado? Elvira piensa en sus hijos. No llegarán. Más de novecientos kilómetros los separan de la finca. Solo avisarles tomaría un día. Oye el crujido de la silla y las articulaciones del peón, duro en la espera; seguramente ha cambiado de posición. Todos duermen. Él no. La gratitud, el amor, se mezclan con angustia. Mira a todos lados –como si alguien lo viera- se inclina sobre la mano de Elvira y reverente, la besa. Luego la acomoda, respetuoso, sobre la cama. Vuelve a su posición. Todos duermen. Él no.

Tampoco el Mencho. Ha superado el miedo y se arrastra bajo el sol hirviente rumbo a la “casa”. Sabe que duerme el puntapié alevoso y se anima. Entra, llega a la cama, busca la mano que ya no pende. Apenas si el hombre escucha su gemir, su afán de llegar hasta ella. Empinado sobre sus patas traseras la vida se le va en el estiramiento. Puja por llegar. Jadea.
Por fin apenas si logra apoyar su hocico contra el costado del cuerpo y se mantiene con la fuerza de la desesperación tratando de evitar que el contacto termine.  El peón contiene el aliento. Dilata sus ojos. Lo juraría. La mano de doña Elvira se ha movido; apoya breve sobre el Mencho y luego ensaya un ademán inteligible para él. Que entiende. Que ve como cae otra vez. Los ojos de la mujer se entreabren, aún llenos de lágrimas. El Mencho se estremece; pega un alarido y sale corriendo del cuarto. El Jacinto crispa las manos sobre el espaldar, mira el reloj. Y sigue inmóvil, viendo pasar los minutos, sin atreverse a mirarla, sin atreverse a tocarla.

De pronto oye, conocido, el sordo rebotar contra los cerros del jeep del médico ¡por fin! La esperanza lo enciende.
“Apura” el paso del vehículo, se levanta, duro por la espera. Entra, presuroso el médico. El Jacinto sale, un instante nomás y oye barbotar al médico, dirigiéndose al patrón que ha llegado con él.
-“¡No hay derecho carajo! ¡Algo se podría haber hecho, atendiéndola antes! ¡Mire Usted, no hará ni una hora que ha muerto!”.
-“A las cuatro y medio “dotor”. Sombrero en mano el peón ha vuelto a entrar al cuarto.

-“¿Y vos cómo sabés? ¿Quién te lo ha dicho?”- se sorprende el médico. “El Mencho, “dotor”, él me lo ha dicho”, ahora sí, mira conmovido al cadáver. Los ojos permanecen semi abiertos. Las lágrimas no se han secado. Quiere decirle que ha comprendido, saludarla. Las palabras no brotan, despaciosamente sale al patio, casi no escucha el bullicio que comienza, el llanto, los gemidos, la angustia por Martín: “perdóname Elvira, perdón mamita, no supe cumplir”.
Ya vendrá el correr de los muebles, alguien encenderá pabilos, alguien preparará a la muerta, alguien se ocupará del vino, alguno del café.
-En la semi oscuridad del patio, el cuerpecito del Mencho parece enterrado en él mismo. Resignado a su destino, ni siquiera gime. No tiene fuerzas. Se acabo su aliento. El peón le pasa al lado, rumbo al rancho. Castañetea los dedos y sigue despacio. El Mencho se yergue. Sus mansos ojos se encienden, relampaguean de la casa del Jacinto.
Cree entender. Duda. Mira la mano ruda que repite el envite. El hombre se vuelve apenas, muequea apenas una sonrisa, y la voz, bronca, se vuelve tierna.
-“¿Venís?”. Y el Mencho va…


Del libro: "Cuentos a la hora del té"
Primer premio del Concurso organizado por la revista “El Mirador” de San Isidro. Año 1998.