miércoles, 7 de julio de 2010

Lectores entrevistan a Enrique Vila–Matas: “El personaje central de Dublinesca necesita volver a ver con entusiasmo el mundo”

Un grupo de lectores, agrupados en una sociedad virtual (son parte activa de una red social) llamada Leyendo a Enrique Vila-Matas, ha entrevistado al escritor español más importante del momento. Enrique Vila-Matas, referencia de las voces narrativas posteriores al boom latinoamericano, es poseedor de un estilo único que juega por igual con la ficción y la realidad. En esta interesante entrevista, el autor de Doctor Pasavento, revela algunas claves de su nueva novela Dublinesca.

Pregunta: Escribe en su libro "Exploradores del abismo": “Mis exploradores son optimistas y sus historias, por lo general, son las de personas corrientes que, al verse bordeando el precipicio fatal, adoptan la posición del expedicionario y sondean en el plausible horizonte, indagando qué puede haber fuera de aquí, o en el más allá de nuestros límites”. ¿De qué manera se protegen sus exploradores de las Sirenas o es que no alcanzan a escuchar su Canto?

Enrique Vila–Matas: He perdido el control sobre esos expedicionarios. Ya hace demasiado tiempo de todo, y para mí es también ya demasiado el tiempo que ha transcurrido desde que perdí la pista de mis exploradores. Las últimas noticias que tuve de ellos hablaban de que Orfeo les protegía noche y día.

Pregunta: Gracias a usted mucha gente conoce la figura de Robert Walser. ¿Cuál o cuáles serían a su juicio otros autores que merecerían ser rescatados de la invisibilidad a la que se han podido ver abocados por diversas circunstancias?

Enrique Vila–Matas: Teniendo en cuenta que la gente lee a Dan Brown, bastará que le dé la lista de libros que rondan mi mesita (mesita de día, porque de noche, en la cama, no leo) para que tenga la impresión de hallarse ante algunos autores no muy visibles y en cambio apasionantes: El Padre Muerto (Donald Barthelme), La cuestión de Bruno, El proyecto Lázaro (dos libros de Aleksandar Hemon), La voz a las tres de la madrugada (Charles Simic) El amigo del desierto (Pablo d´Ors), Noches insomnes (Elizabeth Hardwick) Contes rusos (Francesc Serés) .

Pregunta: ¿Tiene la clave para resolver el mensaje cifrado del relato de Bolaño? 3860 + 429777–469993? + 51179–588904 + 966 – 39146 + 498207856

Enrique Vila–Matas: Hay un cuento de Nabokov que terminaba con un acróstico que supuestamente resolvía el misterio del mundo. En el mensaje cifrado de Bolaño hay un juego parecido. Es como la cajita china de Belle de jour, de Buñuel, que contiene lo que cada espectador quiera imaginar que contiene.

Pregunta: ¿Podría usted desarrollar/profundizar sobre el concepto, a mi parecer, vanguardista, de "blog en web"?

Enrique Vila–Matas: Es otro juego, en este caso de palabras. En la intimidad lo llamo “blwebg”. Se trata de probar y ver si alguien en un futuro inmediato sigue la estela de la expresión blog en web. En ese caso, Elena (la realizadora del web) y yo nos habríamos inventado un término. En la vida real, la fundación del término blog en web es más prosaica. Surge de la idea de que mi web no sea un lugar muerto, es decir, un sitio de pura propaganda del autor: esos lugares que se visitan una vez y ya no se vuelve. El blog dentro de la web le da vida. En el último blog en web, “¿Ha llegado ya Emilie Dickinson?”, el espectador asistía –con una frecuencia más o más semanal- a la creación en vivo de un texto de ribetes vanguardistas. Ahora bien, el blog acabó en un callejón sin salida y se ha convertido en un “blog truncado”. No pasa nada. Seguirán otras experiencias. Recomiendo HALP, el anterior blog, está ya entero en la red: http://www.enriquevilamatas.com/

Pregunta: "Dietario voluble" lleva al límite el juego entre realidad e invención presente en toda su obra. Planteada como una recopilación de artículos de su diario personal, acaba convirtiéndose en un relato de ficción sobre su propia vida. ¿Es este planteamiento formal un pretexto para novelarse a sí mismo, o un nuevo recurso expresivo para seguir desarrollando la intertextualidad entre vida y literatura? ¿O tal vez ambas cosas?

Enrique Vila–Matas: Observará que en la página 36 de Dietario voluble hay una nota a pie de página que explica que lo que cuento en el dietario acerca de lo que me pasó en ese mes de mayo de 2006 –la descripción del colapso físico que me dejó a las puertas de la muerte: un hecho para mí, como usted comprenderá, muy serio, gravísimo- ya lo había contado, casi de forma idéntica, en una ficción, en el relato “Porque ella no lo pidió”, incluido en mi libro Exploradores del abismo. ¿Qué quiere decir esto? Que algo que me ocurre en mi vida real (aunque sea de una gravedad tal que me obligue a pensar que aquello es desgraciadamente un hecho real) puedo transformarlo en material para la ficción y viceversa. No veo tantas separaciones entre ficción y realidad. A fin de cuentas, la vida es un sueño. ¿O no? En mi artículo “La lluvia en Brighton” (El País-Cataluña, 29 noviembre 2009) ya hablo de la pregunta que parece desprenderse de la biografía de Kafka: ¿Puedo vivir mi vida de tal forma que cada una de las experiencias vividas se transformará en escritura, y puedo escribir de tal forma que toda mi escritura tendrá un impacto experiencial transformativo en cómo vivo? Si no fuera porque me moriré sería capaz de ficcionalizar hasta mi propia muerte.

Pregunta: En “Paris no se acaba nunca” escribe usted: “No creo que tarde en ausentarme de aquí. Me iré con mi conciencia, que siempre fue para mí una ironía en crecimiento que, a medida que se hacía fuerte y grande, tendía al mismo tiempo, paradójicamente, a desaparecer (…) Me iré de aquí para disolverme, disociarme, desintegrarme, dejar hecho trizas todo conato de personalidad o de conciencia, cualquier nostalgia de Paris. Después de todo, ironizar es ausentarse.” Pregunta: ¿Podría usted explicar la expresión: “ironizar es ausentarse”?

Enrique Vila–Matas: La ironía (al menos en literatura) es un complot contra la realidad. Al ironizar, nos liberamos de la realidad que nos acongoja y que quiere hacernos creer que es ella lo único que existe. Ironizamos y nos ausentamos de su reino malévolo.

Pregunta: Estimado Sr. Vila-Matas, es un placer siempre recorrer o descubrir a su lado paisajes olvidados o perdidos de la gran Literatura, muchos vamos siguiéndole poco a poco, tras sus pasos de gigante, pero ¿Hacia dónde vamos, cuál es el futuro de la Literatura, de la escritura? ¿Dónde están los nuevos horizontes, las nuevas voces y plumas, que abren grietas en la novela y cuento actual?

Enrique Vila–Matas: No tenemos nada que envidiar a épocas anteriores. A finales del siglo pasado, surgieron autores de gran calado, como Roberto Bolaño, Aleksandar Hemon, Sergio Chejfec, W.G. Sebald. Que vinieron a unirse a otros grandes, que ya estaban entre nosotros: Claudio Magris, Sergio Pitol, Tomas Pynchon, César Aira, Don DeLillo, Giorgio Agamben, J.M: Coetzee, Alice Munro, Peter Handke… Hay actualmente diversas propuestas narrativas que no cuentan con mucho público, pero sí con un buen número de lectores. Como dice Aira: “Nosotros preferimos tener lectores que público”

Pregunta: He leído lo siguiente: cuando uno lee, quiere escribir, pero el que escribe no es alguien que lee. El que quiere escribir porque lee es siempre un mal escritor. Usted, sin embargo, ha conseguido ser un gran escritor porque ha entendido que escribir podía ser su modo de seguir leyendo y para eso crea novelas que son la escritura de una lectura. ¿Qué cree usted?

Enrique Vila–Matas: Soy un lector que escribe. Parte del interés que he despertado en los lectores lo atribuyo –después de darle muchas vueltas a la recepción que ha tenido mi obra en los últimos años- a que le hago participar al lector de la misma búsqueda que yo hice en el momento de escribir el libro: búsqueda de información, textos y libros sobre un determinado tema y unos determinados autores. Dicho de otro modo, en lugar de dedicarme a leer a Robert Walser, por ejemplo, me puse a escribir sobre él para tener que leerlo. Lo mismo me ha sucedido en mi último libro, Dublinesca. Me he volcado sobre esa ciudad irlandesa y su literatura sin saber casi nada al principio sobre ella. He tenido que aprender mucho sobre Dublín para poder hablar con cierta solvencia sobre su cultura. Y ahora tengo la impresión de que el lector de Dublinesca vivirá conmigo esa reciente aventura mía como lector, y la vivirá tal como la he vivido yo: fascinado.

Pregunta: Usted ha escrito que cuando le preguntaron a Juan Rulfo por qué había dejado de escribir, éste esgrimió como excusa la muerte de su tío Celerino que había sido el que le contaba todas sus historias. ¿Ha tenido Usted en algún momento algún tío Celerino? En tal caso, ¿cuáles han sido sus tíos Celerinos, cara a la galería o para colmarse a si mismo?

Enrique Vila–Matas: Si algún día dejo de escribir, no buscaré excusas. He estado siempre sin tío Celerino y no voy a inventarme ahora uno para tratar de justificar mi deserción de la literatura.

Pregunta: ¿Por qué cree que determinados "escritores realistas" dicen falsamente que usted no es un narrador, sino un "metaliterato"?

Enrique Vila–Matas: Si todos esos mediocres supieran lo que pienso realmente de ellos, hablarían cien mil veces peor de mí.

Pregunta: ¿Qué papel juega Catherine Deneuve en la vida y en la obra, o en el duermevela en el que se entrecruzan ambas, de Enrique Vila-Matas?

Enrique Vila–Matas: En Dublinesca, mi próximo libro, se aclaran algunos de los puntos oscuros de mi relación con Deneuve. O, mejor dicho, se embrollan más las cosas. El hecho es que confundo (en Dublinesca al menos) a Deneuve con la propia literatura. Todo debió empezar en mi adolescencia, cuando vi “Los paraguas de Cherburgo”.

Pregunta: Entiendo que ha leído y conoce personalmente a escritores venezolanos como Ednodio Quintero y Victoria di Stefano. En alguna oportunidad ha reconocido el valor literario de sus obras. Me gustaría saber si ha tenido oportunidad de leer a otros escritores venezolanos actuales y qué opinión tiene -de tenerla- de sus trabajos.

Enrique Vila–Matas: Rafael Cadenas, Luis Moreno Villamediana, Antonio López Ortega, Ana Teresa Torres, Alberto Barrera Tyszka, José Balza, Norberto José Olivar, Lidia Salas, Daniel Centeno, Jacqueline Goldberg, Juan Carlos Méndez, Edgar Borges son algunos de los autores venezolanos que he leído con sumo interés. Era, por otra parte, un admirador del magnífico Eugenio Montejo. Gran poeta, sin duda. Tan grande como Cadenas, por supuesto. Y como Luis Enrique Belmonte, un joven genio. Ya desaparecidos, Oswaldo Trejo, Pedro Berroeta, Adriano González León, fueron escritores que traté y que en su momento me impresionaron literariamente, por diversos motivos.

Pregunta: Señor Vila-Matas, me gustaría conocer su relación con el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti y qué le impactó cuando le oyó hablar en el Instituto Francés de Barcelona allá por el año 1981. ¿Sigue depositando su fe sólo en lo más rabiosamente subjetivo? ¿Sigue creyendo que en la burla está la cura de la literatosis, haciendo que esta enfermedad aparezca como lo que es en realidad: una batalla por los derechos de la ficción?

Enrique Vila–Matas: Es un grandísimo narrador que, de ser norteamericano, sería conocido hoy en todo el mundo. En 1981 oí hablar, por primera vez, de él. No le escuché en el Instituto Francés porque ese día andaba yo en asunto personal, rabiosamente subjetivo, que me interesaba más. En cuanto a los derechos de la ficción, no sé qué decirle. Tiene sus derechos, los mismos que la realidad. Pero la realidad y la ficción están separadas por una lábil frontera que también tiene sus derechos. Mi abogado vive en esa frontera.

Pregunta: Estimado, Sr. Vila-Matas. Nobleza obliga, y como librero no puede dejar de preguntarle ¿Qué sensaciones tiene respecto al e-book y los nuevos tiempos y campos que se abren en la venta, distribución, edición y creación de libros? ¿"Esto matará aquello", jugando con la mítica frase? ¿Hacia dónde cree que vamos, hacia el residuo del libro como pura antigualla, o los verdaderos viciosos seguiremos atados a la erótica del libro y sus formas?

Enrique Vila–Matas: El e-book se venderá mucho esta navidad. Pero como regalo. Los regalos de la Navidad de 2009 no pueden competir con la historia de los libros. Mi amigo Juan Villoro sostiene la tesis de que si lleváramos quinientos años de e-books y hubieran este año descubierto los libros, las ediciones impresas (tan cómodas y tan buen invento, por cierto), todo el mundo se precipitaría a regalar libros estas navidades. El libro aparecería como un descubrimiento impresionante… En cuanto al futuro, no sabemos, nadie sabe. Miro todo con optimismo. Creo que el mundo anda muy mal, pero que aún andará peor. Estamos viviendo en el fondo en una buena época, teniendo en cuenta lo que se avecina.

Pregunta: Podemos estar enfermos de literatura, querer inventar otra vida, tener nuestro propio tío Celerino... Hoy en día nos encontramos ante un fenómeno en auge: los escritores de las redes sociales y sus lectores. Se trata de escritores que no han publicado sus escritos y entonces los difunden a través de la red social -especialmente Facebook- para que las personas que conforman su lista de amigos los lean, interactúen, comenten. Por otra parte, quienes no escriben y se reconocen como lectores -me incluyo- publican textos de otros escritores con la finalidad de compartirlos. Sin embargo, a través de la selección que realizan de autores y textos, se dan a conocer, se cuentan a sí mismos, se muestran ante el público o el lector virtual. Cantidades de citas de autores como también de fragmentos de poemas, novelas, etc. reflejan los distintos estados de ánimo de las personas de la red. Tanto quienes se denominan escritores como los que se consideran lectores, desean ser leídos, y la mayoría de ellos podría declararse como enfermo de literatura al punto que más de uno utiliza como nombre de usuario el de un escritor famoso, y escondido bajo su nombre y su imagen opina sobre lo que lee y sobre diversos temas profundos o triviales. ¿Qué opinión le merece este nuevo fenómeno que toca de cerca a la literatura, a sus escritores y sus lectores?

Enrique Vila–Matas: Me parece sensacional internet, la biblioteca de Babel. Me paso horas ahí. Mi propia web (y esta misma entrevista) demuestra que me he volcado sobre estas nuevas redes sociales.

Pregunta: ¿Podría adelantarnos algo más de lo escuchado en los medios sobre su próxima novela Dublinesca?

Enrique Vila–Matas: Hay en el personaje central del libro, Samuel Riba, una pasión por lo extranjero. Está fatigado de la cultura española y de la francesa, de las que ha vivido siempre impregnado. Necesita respirar, buscar lo extranjero, huir de lo familiar. Para él, lo inglés es el inicio de la diferencia, de lo exótico. Y sabe que sólo lo ajeno a su mundo familiar, sólo lo extranjero, será capaz de atraerle en alguna dirección apasionante. Se da cuenta de que necesita aventurarse en geografías donde reine la extrañeza y también el misterio y la alegría que rodea lo nuevo: volver a ver con entusiasmo el mundo, como si lo estuviera contemplando por primera vez. En definitiva, se da cuenta de que le convendría lo que él acaba llamando “el salto inglés”: centrar sus intereses en la ciudad de Dublín sobre la que no sabe nada, pero sobre la que ha tenido un sueño muy emotivo, probablemente premonitorio. Quiere celebrar en Dublín un funeral por el fin de la literatura o, mejor dicho, por el fin de la era Gutenberg. No sabe qué hacer con su vida y de pronto comprende que lo apocalíptico le ofrece paradójicamente una idea de futuro. Conecta con unos amigos para celebrar un festivo funeral en Dublín. Es el libro más alegre (no optimista, pero muy alegre) que he escrito.

Pregunta: ¿Qué significa para usted, que con frecuencia habla en su obra de esta necesidad, “convertirse en literatura”?

Enrique Vila–Matas: No es que me interese la literatura, sino que soy literatura”, le dijo Kafka a su novia Felice Bauer. Es una sorprendente frase, ¿no? Inicialmente la idea de ser o de convertirse en literatura probablemente vino de ahí. En “El mal de Montano” la desarrollé a mi manera al crear un personaje quijotesco que cree que él es la literatura misma. Ya cuando escribía ese libro me pareció que creer algo así era una locura, y por eso le inventé rápidamente un acompañante al personaje, una especie de Sancho Panza, que tratara de hacerle entrar en razón. Hoy me siento alejado de todo esto, mis intereses son otros. Hoy hasta a Sancho Panza lo encuentro loco.

Pregunta: ¿Si tuviera que llevarse sólo libros de tres autores a una isla desierta, ¿cuáles elegiría en un abrir y cerrar de ojos?

Enrique Vila–Matas: Durante unos días, en circunstancias que algún día narraré, fui a parar a una isla desierta. Y no necesitaba libros, se lo juro. Otras cosas me eran mucho más esenciales. La falta de libros la suplía fácilmente imaginando/recordando historias. Con esas historias trataba de ahuyentar mi angustia. Hubo por suerte un final feliz. Y estoy refiriéndome con esto, por supuesto, a un final feliz a mi pequeña tragedia de la vida real. Aprendí mucho en esos días, y no lo aprendí de los libros. No conocía las verdaderas dimensiones y la potencia de la mente humana. Algunos que han estado en cautividad, sin nada, hablan también de esto.

Pregunta: Sus obras han sido traducidas a numerosos idiomas y supongo que habrá tenido la oportunidad de hablar con lectores de diversos países. ¿Ha notado diferencias a la hora de entender su obra con respecto a los diferentes lectores de los distintos países en los que se han publicado sus libros? ¿Cuál cree que han sido los lectores que mejor han sabido captar lo que usted quería transmitir?

Enrique Vila–Matas: No va por nacionalidades. Lo he contado muchas veces. Cuando publiqué Bartleby y compañía, las cartas (muchas) que me fueron llegando de unos lugares y de otros (20 países) tenían estructuras idénticas. En la primera parte de las cartas se dedicaban a decirme que quien me escribía era un bartleby (me contaban sus circunstancias personales). En la segunda parte de sus cartas, tal vez para disimular que hubieran hablado tanto de sí mismos y de su problema bartleby, me daban nombres de autores que podrían haber aparecido –como bartlebys- en mi libro. Llegué incluso a recibir una lista de escritores bartlebys coreanos (del Sur).

Pregunta: Cuando leo la obra 2666 de Roberto Bolaño tengo la impresión de estar leyendo a un escritor centroeuropeo tipo Sebald o Magris. ¿Qué opina usted sobre ello?

Enrique Vila–Matas: Aquí Bolaño se reiría, pero no sé lo que diría. Yo creo que era una mezcla de muchas culturas, había leído mucho. En Norteamérica gusta ahora Bolaño una barbaridad, porque en realidad escribe historias muy narrativas, que es lo que no hacen ya los grandes genios actuales de los Estados Unidos. Lo han adoptado como si fuera suyo. También aquí, al oír que lo han adoptado, Bolaño se reiría. Era un escritor de muchos lugares. Pero para mí, será siempre el escritor que conocí en Blanes. Un escritor de carne y hueso. Aunque hoy en día, me parece ya de orden casi fantástico, casi inverosímil, haberme peleado y reído tantas veces con él. En la calle del Loro. Hablábamos a fondo. Fue una época importante para mí. Bolaño me hizo reencontrarme con el espíritu con el que había yo debutado en la literatura.

Participaron en esta entrevista: Juan Salas Villanueva, Javier Avilés, Karlatone Olvera, Montxo Armendáriz, Rosa María Pérez Betancort, Adolfo López Chocarro, Luciano Poblete, Silvia Rodríguez Court, Santiago Gil, Valmore Muñoz Arteaga, Susana Borobio, Librería Zubieta-Troa Librerías, Alejandra Moglia, Gerardo C, Carmen Galván, Manolo de la Fe y Elisa Rodríguez Court.

Grupo Leyendo a Enrique Vila-Matas

viernes, 2 de julio de 2010

El cuento: origen y desarrollo (32) por Roberto Brey

32

Mark Twain:


Obras y Palabras

En la época de Mark Twain, el norteamericano era considerado como un vándalo por los europeos. Por eso en una conferencia, el escritor dice:

“Si hay alguna moraleja en esta conferencia es una invitación a todos los vándalos para que viajen. Me alegra que el vándalo norteamericano vaya al extranjero. Esto le hace bien. Lo transforma en un hombre mejor. Borra una cantidad de viejos e innecesarios prejuicios y desviaciones. El contacto con individuos de diferentes países y diversos credos le enseña que existen otros pueblos en el mundo, además de su pequeño círculo propio, y otras opiniones, tan dignas de atención y respeto como la suya. Mis oyentes nunca vieron en el curso de sus vidas a un hombre extraordinariamente mezquino, fanático, testarudo, intolerante y vanidoso; sin embargo, ese hombre se ha aferrado a su sitio desde que nació y piensa que Dios creó el mundo, la dispepsia y la bilis para su especial comodidad y satisfacción.”

El realismo coloquial de Mark Twain marca toda una línea literaria, que lo diferencia del otro estilo, más elaborado y ambiguo que encabeza Henry James.

Si bien Mark Twain se caracteriza en particular por sus novelas: “Tom Swayer” y “Huckleberry”, “Príncipe y Mendigo” y tantas otras que le dieron justa fama y popularidad hasta hoy, en sus cuentos, desde “La rana saltarina” se vislumbra el talento del escritor, y su estilo es el que utilizaría en sus otras obras.

“La célebre rana saltarina del distrito de Calaveras” (1865), “Los inocentes en el extranjero” (1869), libro de viajes satírico, y “Pasando fatigas” (1872), relatos de la dura vida en el lejano oeste, son algunos, y en ellos se observa su ironía, su profundo sentido del humor y la capacidad de reírse de sus propias desventuras.

Todos ellos revelan el entusiasmo por un tipo de vida en la frontera, tratados con humor y una sátira que lo diferencia de Henry James que en el choque entre “dos mundos” ve un drama intrincado y sutil, propio de su refinamiento literario.

Más adelante, las aventuras de Tom Swayer lo llevarán a la cumbre de la novela en relatos que marcarán las diferencias entre el Norte y el Sur, entre la civilización y el Oeste bárbaro, en los límites que marcaba el río Misisipi.

El mayor dominio de la técnica y la escritura, Mark Twain, fracasado constante en sus negocios, debe utilizarlos como una forma de conseguir dinero, con muchos cuentos que desbordan ingenio y humor, más que cualquier otra cosa, como “Narraciones humorísticas” (1892) y “El billete de un millón de libras” (1893), entre otras.

En la última época, puso mayor empeño en la crítica social, donde se destacan el egoísmo y la avaricia como un mal en crecimiento en su país. “El corruptor de Hadleyburg” (1899) es uno, donde con la sátira más cruda, muestra un pueblo honesto en apariencia, que se convierte en "mezquino, avaro, duro", por la gracia del pecado (el dinero) que lo corrompe hasta la degradación. Allí no está la sutileza de un Melville, un James o un Hawthorne, pero sí está la presencia del pecado, contado con toda sencillez, para ser comprendido sin duda alguna por su amplio público; al decir del crítico Joseph Club: “con la claridad y la eficacia de un mensaje publicitario”.

Una muestra de su ironía puede leerse en las frases más conocidas de Twain:

“Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa.”

“Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda.”

“Cuando era más joven podía recordar todo, hubiera sucedido o no.”
“Si dices la verdad, no tendrás que acordarte de nada.”

“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”“La mejor manera de alegrarte es intentar alegrar a alguien.”

“Recogéis a un perro que anda muerto de hambre, lo engordas y no os morderá. Esa es la diferencia más notable entre un perro y un hombre.”

“Suelen hacer falta tres semanas para preparar un discurso improvisado.”“El invierno más frío que he pasado fue un verano en San Francisco”.

O en aquella anécdota que relata Rudyard Kipling en su famosa entrevista, cuando Twain le cuenta que no le gusta leer ficción, que lo que le interesa son informaciones y estadísticas. Acaba de leer un artículo de un libro sobre matemática pura. No he entendido ni una palabra, le dice, “pero los hechos, o lo que uno entiende como hechos, son siempre una delicia. Ese matemático creía en sus hechos. También yo. Primero hazte con los hechos, y luego –agregó bajando la voz al mínimo- puedes distorsionarlos tanto como quieras.”
Tal vez el mejor consejo que pueda darse, acuñado en sus largos años como periodista.

"La célebre rana saltarina" se puede leer en:
http://es.wikisource.org/wiki/La_c%C3%A9lebre_rana_saltarina_del_distrito_de_Calaveras


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miércoles, 30 de junio de 2010

Premio municipal de literatura “Manuel Mujica Láinez”

La Dirección General de Cultura de la Municipalidad de San Isidro convoca a participar de la cuarta edición del concurso de cuentos Premio Municipal de Literatura “Manuel Mujica Láinez”.

Los interesados podrán participar presentando cuentos inéditos con tema libre. Las obras a presentar no deben exceder las 10 páginas, escritas en castellano, en hoja tipo A4, con letra tamaño 12, interlineado sencillo y por triplicado.

Los trabajos serán firmados con seudónimo y remitidos dentro de un sobre cerrado en cuyo exterior figure el título del cuento y el seudónimo del autor. Además, ese sobre deberá contener otro sobre cerrado en cuyo exterior figure el seudónimo y que contenga en su interior los datos personales del autor.

La entrega deberá hacerse personalmente a partir del 1 de julio hasta el 27 de agosto, de lunes a viernes, de 9 a 17, en:
* Dirección General de Cultura: Av. del Libertador 16.208, San Isidro, 4512-3210/13.
* Casa de Cultura de Acassuso: Perú 167, Acassuso, 4580-3111/12
* Centro Cívico Cultural de Beccar: Av. Centenario 1891, Beccar, 4512-3160
* Centro Cívico Cultural de Boulogne: Av. Rolón 2315, Boulogne, 4513-7803/04
* Casa de Cultura de Martínez Centro: Saavedra 1710, Martínez, 4793-9532
* Casa de Cultura de San Isidro: Av. Centenario 77 (local 7), San Isidro, 4512-3057
* Casa de Cultura de Villa Adelina: Av. de Mayo 964, Villa Adelina, 4513-7893/94

Las obras podrán también ser enviadas por correo a la Dirección General de Cultura (Avenida del Libertador 16.208, San Isidro, Código Postal: 1642). Se considerará como fecha de recepción la que figure en el sello postal hasta el 27 de agosto inclusive.

No serán admitidas las obras remitidas por correo electrónico.

El jurado, integrado por los escritores Ivonne Bordelois, Silvia Plager y Ernesto Mallo, se expedirá el martes 2 de noviembre de 2010 y su fallo será inapelable

* Primer Premio $ 2.000 (pesos dos mil), medalla y diploma.

* Segundo Premio $ 1.000 (pesos mil), medalla y diploma.

* 8 menciones con entrega de medallas y diplomas.
Los premios y menciones serán incluidos en una antología que se publicará en 2011. Los premios serán entregados en el transcurso del año. Si los ganadores fueran menores de edad no emancipados, el premio será entregado al padre, madre o tutor, quien deberá acreditar esta condición

Las obras que no hayan sido premiadas serán destruidas y los premios podrán considerarse desiertos.

viernes, 25 de junio de 2010

El cuento: origen y desarrollo (31) por Roberto Brey

31

Mark Twain

(1835-1910)

Samuel Langhorne Clemens nació el 30 de noviembre en una pequeña aldea de Florida, en Missouri. A los cuatro años su familia se trasladó a la cercana Hannibal, puerto fluvial en el río Misisipi y allí se inspiró Sam para muchos de sus escritos. Cuando tenía doce años muere su padre y debe ayudar a su hermano mayor en la imprenta del periódico local. En 1851 comienza a publicar algunos breves relatos de viajes en el Journal de Muscatine, que ya pertenecía a su hermano Orion.

Decidido a probar fortuna se enrola en un barco a vapor, y luego obtiene su título de piloto. Allí adquiere su seudónimo “twain” (deformación de two). “Mark twain” era el grito de habitual cuando se llegaba a las dos brazas de profundidad, que permitía que el barco pudiera navegar.

Al comenzar la Guerra de Secesión (en 1861) fue soldado de la Confederación junto a su hermano, y al tiempo que emprende varios negocios, casi siempre desafortunados, comienza a trabajar como periodista, en 1862, en el Territorial Enterprise de Virginia City y, al año siguiente comenzó a firmar con el seudónimo Mark Twain.

En 1864 conoce a Artemus Ward, escritor humorista y conferenciante, que lo introdujo en el negocio de las conferencias. Su relato “La rana saltarina del condado de Calaveras" (1865) le dio una súbita popularidad y ese mismo año firmó un contrato con el Sacramento Union para escribir una serie de cartas sobre el servicio de pasajeros de la recién inaugurada línea de barcos de vapor entre San Francisco y Honolulu. En estas cartas aparece ya perfilado su estilo con una inimitable y mordaz ironía.

En 1867 viajó a Europa y Tierra Santa, aprovechando para escribir su libro de viajes “Los inocentes en el extranjero” (1869), donde explota con humor la decadencia y el aristocratismo antidemocrático europeos y, por otro lado, el provincianismo y la irreverencia de los estadounidenses en contacto con Europa. Con su habitual ironía afirmó: «He descubierto que no hay manera más segura de saber si amas u odias a alguien que hacer un viaje con él».

En 1870 se casó con Olivia Langdon, el gran amor de su vida, a quien llamó Livy. Olivia era hija de un capitalista progresista que ayudó a escapar a muchos esclavos como parte de la red de liberación llamada Ferrocarril subterráneo. Twain siguió escribiendo libros de viajes, como A tramp abroad (1880) sobre una excursión a los Alpes y la Selva Negra alemana, y el clásico “Vida en el Misisipi” (1883), compuesto con materiales publicados o redactados anteriormente y que se centra en un período de introspección sobre su infancia y juventud y en el que figuran los más valiosos trabajos del escritor: Las aventuras de Tom Sawyer (1876), Las aventuras de Huckleberry Finn (1884).

Twain tenía opinión sobre los temas políticos de su época y los últimos años de su vida los pasó manifestando su oposición al capitalismo y al imperialismo de entonces.

Otra mala inversión lo arruinó completamente durante el pánico de 1893, pero logró salir dando conferencias por todo Estados Unidos y el mundo. Sobre esta experiencia publicó el libro de viajes “Siguiendo el Ecuador” (1897).

Su hija mayor, Susy, murió de meningitis, Livy se quedó inválida y otro hijo murió por un descuido suyo, como dolorosamente cuenta en su Autobiografía. Siempre luchando contra los apuros económicos, el escritor se sumió en el pesimismo. Finalmente su mujer muere en Florencia en 1904 y seis años después murió súbitamente su hija. Sin poder recuperarse, murió cuatro meses después, el 21 de abril de 1910, en Redding, Connecticut.

De Mark Twain puede leerse:

“Una fábula” en: http://www.sprensalibre.com.ar/index.php?id=2852
"El hombre que corrompió Hadleyburg":
http://www.sprensalibre.com.ar/index.php?id=2853

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jueves, 24 de junio de 2010

Carlos Enrique Urquía, el poeta de la amistad


Apuntes para una biografía de Carlos Enrique Urquía, la vida del poeta sanfernandino a través de sus libros.

Bajo este título el escritor y editor Hugo Boulocq presentará una semblanza del mayor poeta sanfernandino, de la generación neohumanista del 50. Urquía vivió toda su vida en San Fernando, salvo un lapso en el que dirigió una escuela de Formosa. Fundó la filial local de la SADE y otras entidades culturales en el distrito. Fue docente y profesor de lengua y literatura, y también secretario de cultura comunal en la década del 60. Falleció a los 83 años en su casa de Virreyes.

Amistad. Si hay una palabra para definir la poesía Carlos Enrique Urquía esa palabra es amistad, relata su amigo Hugo Boulocq, escritor y editor, que la próxima semana presentará la obra Apuntes para una biografía de Carlos Enrique Urquía, la vida del poeta sanfernandino a través de sus libros.

En charla con Prensa Libre Boulocq habló del autor de Amistad en las islas (1957), y de sus apuntes para una biografía que comenzó como un proyecto de un año y quedó terminada –con 160 páginas- después de seis años de consultar fuentes orales, recortes periodísticos, la obra del poeta y la propia memoria de su confraternidad con él.

Boulocq se planteó la tarea al año siguiente del fallecimiento del escritor (en febrero de 2003), y fue tanto el material sobre el poeta que el trabajo no solo se extendió en el tiempo, sino que se convirtió en una suerte de bosquejo –de allí el planteo de que son apuntes- sobre la vida del poeta, más que en un producto acabado.

El editor señaló que la obra más compacta de Urquía fue, Cuarenta años de poesía argentina, una antología en tres tomos sobre la poética nacional entre 1920 y 1960. Luego indicó que Urquía perteneció a la generación neohumanista de los ´50, a la que pertenecieron Juan Gelman, Oscar Hermes Villordo y José Isaacson, entre otros.

A lo largo de su carrera Urquía publicó más de una decena de títulos de autor, otras tantas obras colectivas, formó parte de antologías y fue un activo promotor de la lectura. En San Fernando, la calle Constitución al 600, donde se levanta la Biblioteca Popular Madero, fue rebautizada “Cuadra de los Escritores” merced a una iniciativa de su autoría.

El viernes 25 a las 20.30, la SADE filial Delta presentará la biografía sobre Urquía, en el Ateneo Popular Esteban Echeverría, en 25 de mayo 1168, con la presencia del autor y editor Hugo Boulocq, y de otro amigo, el compositor y escritor, Francisco Vázquez.

También fundó la revista Amistad, que salía cuatro veces al año, en cada cambio de estación; y un 25 de mayo, junto a 25 amigos de las artes locales, no solo la literatura, fundó la Sociedad Patriótica y Cultural Amistad 25, que perdura hasta la actualidad y suele destacar esquinas y rincones históricos de la ciudad con placas recordatorias.

Urquía fundó la SADE Filial Delta Bonaerense y la presidió por alrededor de 30 años. Una curiosidad que adelantó Bouloqc a Prensa Libre es la participación del poeta sanfernandino en las páginas literarias de la revista, Jurispridencia, del Colegio de Abogados de San Isidro, cuya sección dirigió también durante sus años de actividad.

El poeta sanfernandino también fue docente por años; dictaba la materia lengua y literatura en el Industrial Naval N° 1 y fue director del Colegio San Fernando. En los primeros años de su carrera docente durante un lapso dirigió también una escuela del interior del país, en Formosa, relató Boulocq.

“Fue un gran orador. Un amigo entrañable. La palabra que más lo define es humano. Tenía una visión optimista de la vida” definió Boulocq sobre el autor de La Cimbra (1961) y agregó: “Fue un poeta excepcional, de esos cuya obra se rescata recién con los años. Un representante fiel de la cultura sanfernandina junto a Atilio Betti y a Adolfo Cordero”.

El viernes 25 del actual, a las 20.30, la SADE filial Delta –que cumplió 37 años el 19 de mayo último- presentará la biografía sobre Urquía, en el Ateneo Popular Esteban Echeverría, situado en 25 de mayo 1168, con la presencia del autor y editor Hugo Boulocq, y de otro amigo del poeta, el compositor y escritor, Francisco Vázquez.

Urquía sobre el río

Fragmento del poema, Permanencia del río, en la página 72 de la obra, La Cimbra (1961), segundo libro sobre las islas delteñas del poeta sanfernandino. El propio autor relata que el título remite al palo que sostiene la línea que el isleño deja de noche para “pescar el surubí o su cachorro, el dorado grande, o cualquier pieza nocturna y solitaria”.

Río

Lúcida galería recostada
tendón de la corriente paralela
rienda lacia anudada en las mareas
vidrio central dejado en el paisaje

Por todo lo que es flor en las muñecas
y porque asilo un hombre
traigo además del canto el pugilismo
para mostrar que estoy y me defiendo.

viernes, 18 de junio de 2010

El cuento: origen y desarrollo (30) por Roberto Brey

30
Henry James y sus contemporáneos


El crítico Lionel Acher produjo un interesante trabajo a partir de escritos de James en los que opina sobre Maupassant. James, marcado por el puritanismo anglosajón, pero con “un deslumbrante cosmopolitismo” se dirige a un público anglosajón y puritano para hablarle del escritor francés. Allí, dice Acher, James aprueba totalmente a Maupassant al considerar: “el escritor no tiene otra misión que reproducir con fidelidad (la ilusión que se hace del mundo), con todos los procedimientos del arte que ha aprendido y de los que puede disponer”. Y, asegura Acher, se muestra reservado sobre el axioma de Maupassant: “la psicología debe ocultarse en el libro como se oculta en la realidad bajo los hechos de la existencia”.

Henry James no oculta tampoco su predilección por los cuentos de Maupassant, que “merecen un primer lugar en toda apreciación imparcial de su talento (…) resulta que su originalidad se encuentra en ellos perfectamente representada, y su brevedad, extrema en algunos casos, no les impide constituir una colección de obras maestras. (Hablo de los mejores, pues son desiguales).” ¡Vaya elogio, proviniendo de uno de los más grandes cuentistas de todos los tiempos!

Pero para Acher la admiración por Maupassant escritor, por parte de un crítico objetivo como James, cede en un punto ante su propio moralismo victoriano, al achacarle el exceso de importancia que el francés le otorga al sexo, al reprobar la visión de la vida que propone Maupassant. Critica en el cuento “Descubierta” (1884) lo que llama “erupción de anglofobia casi inconcebible (…) de irresponsabilidad y mal gusto”. Señala también: “sus observaciones están despojadas de toda superstición, de todas nuestras complacencias inglesas, de nuestras superficialidades delicadas y a menudo imaginativas”. Para señalar después que Maupassant es un escritor “a la vez tan licencioso y tan impecable…”

Para el argentino Tomás Eloy Martínez, el aporte central de Henry James será “la creación de realidades que están siempre en duda”, afirma en un reciente artículo. “Todo lo que suceda será de una manera o de otra. El lector así tiene que decidir cuál es el verdadero lugar de cada cosa…”

Coincide con que cierta “incomodidad lo aquejaba al narrar la vida sexual de sus personajes”, y cita a “Washington Square” (1881), “Otra vuelta de tuerca” (1898) y “Los embajadores” (1903) como referencia de lo que se sugiere sin decir.

Martínez considera que muchas de sus ficciones tienen varios sentidos posibles “y que solo en la ambigüedad encuentran su razón de ser.” Y que “por su complejidad y la delicadeza de su ejecución, la obra de James tiene pocos herederos”, y de entre ellos rescata al Bioy Casares de “Moscas y arañas”

Algunos cuentos de Henry James que se pueden leer en Internet:
Los amigos de los amigos: http://es.wikisource.org/wiki/Los_amigos_de_los_amigos
El árbol de la ciencia: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/james/arbol.htm
La edad madura http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/james/edad.htm
La figura en el tapiz: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/james/figura.htm
La leyenda de ciertas ropas antiguas:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/james/leyenda.htm
Lo mejor de todo:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/james/mejor.htm

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jueves, 17 de junio de 2010

"Árbol de familia"

Podrían ser las meigas gallegas, el machí o chamán Mirá Más Lejos o la mismísima María Héguiz, y todos juntos, conjurados por las páginas de María Rosa Lojo, los que hicieron que el sábado 5 de junio por la tarde pasáramos en Tierra de Libros una tarde mágica. Quien escribe, absolutamente tomada por la emoción de escuchar palabras viejas en una voz nueva, que convocaba, evocaba, invitaba a recordar, tuvo el placer de compartir con un auditorio atento, respetuoso y participativo la presentación de "Árbol de familia".

En esta novela encontramos personajes entrañables, inolvidables, seres humanos con contradicciones, héroes cotidianos que vivieron el desarraigo como algo trágico. Un árbol puede ser también un entramado, sus ramas pueden formar una textura, en definitiva, un texto literario. De la mano magistral de la autora, donde nuestro idioma revive en todo su esplendor, tenemos el placer de leer historias de vida con las que sin duda nos sentiremos identificados. Más allá de pertenecer o no a las corrientes de inmigrantes de pre o posguerra. Más allá de ser españoles, o italianos, o polacos, o alemanes. El disfrute está garantizado.

Hablamos también de "Finisterre", un texto que consideramos un poco "precuela" del libro en cuestión, novela epistolar e histórica, donde se entremezclan Oscar Wilde, Manuelita Rosas y la protagonista Elizabeth Amstrong, con los epígrafes de Rosalía de Castro y las coplas que se escuchaban cuarenta años antes en la pampa argentina, cuando el Restaurador gobernaba por primera vez estas tierras. En 1835 también había gente que cruzaba "La Mar Océana" como le gusta decir a María Rosa, desde Inglaterra a una Argentina en ciernes, ida y vuelta, una y otra vez. Y mientras se siguen tejiendo las historias. ¿Cuál será el delicado borde entre la ficción y lo real? ¿Cuántas cautivas gallego-irlandesas habrán pasado sus días aquí y luego se habrán vuelto a su otro lugar en el mundo, el fin de la tierra?

En este caso, lo cierto no importa, tan sólo lo verosímil. Y la autora logra que le creamos a pie juntillas. En "Finisterre" y en "Árbol de familia".
En la presentación del sábado tuvimos una voz nueva, dije, fue la de la actriz, cantante y narradora María Héguiz, quien nos encantó a todos. Sin excepción. Ella recreó momentos de "Árbol de familia" de un modo tan especial que hasta la autora, dicho por ella misma, creía estar escuchando las palabra escritas por otro… Ése es el hechizo que ejerce la Héguiz, al ponerse en el cuerpo de "La Embruxada", "Margot", "Julia" y especialmente "Doña Ana" en su diálogo final con su amiga Asunción.

El "finale" fue un brindis con Malbec, firma de ejemplares y la promesa de volver de ambas, autora y actriz, para la reedición próxima de "La princesa federal". Que así sea.

Silvina Rodríguez
Tierra de Libros
tierradelibros@fibertel.com.ar

viernes, 11 de junio de 2010

El cuento: origen y desarrollo (29) por Roberto Brey

29

Henry


James

(1843-1916)

Una vida de aristócrata fue la que tuvo Henry James en su país. Nacido en Nueva York, dentro de una familia irlandesa que resolvió todos los problemas económicos para varias generaciones, desarrolló su amor por la cultura europea, como producto de los viajes promovidos por su padre, que lo consideraba como parte ineludible de su educación. Intentó tomar, tanto de Europa como de América, lo mejor de ambas culturas, pero finalmente llegó a naturalizarse como británico poco antes de su muerte.

Como Irving y Hawthorne, James también vivió en Europa y conoció innumerables intelectuales. Europa fue el destino de muchos (intelectuales y nuevos ricos) para adquirir ese barniz de cultura y de urbanidad, que pudieran alejarlos del “salvajismo” de América. Para ellos era inocultable la admiración que sentían por el viejo continente, la patria de sus ancestros. Todo lo contrario de lo que ocurría con Mark Twain, que en su literatura solía burlarse de lo que para otros era el inigualable carácter europeo.

Según el crítico Jaime Rest, Henry James se inspira en Europa para obtener su literatura de más alta calidad. Y el propio James, en uno de sus cuentos analiza horrorizado el destino de un norteamericano, que de no haber obtenido la cultura europea, se hubiera convertido en un mediocre comerciante sin aspiraciones trascendentes. Sin embargo, Rest rescata “un gran sentido crítico y un absoluto equilibrio en el análisis de los sentimientos encontrados que origina el enfrentamiento de culturas…” Y sugiere que ese tema no sólo deriva de la experiencia del escritor en sus viajes por Europa, sino también por la influencia que recibe de Hawthorne.

Y sobre el tema es el propio Henry James quien escribe en un ensayo biográfico sobre Hawthorne: “Un hombre que tuvo el honor de llegar al mundo nada menos que en el día (4 de julio de 1804) en que la gran República sufre su más agudo ataque de autoconciencia... y es saludado por el tañido de campanas y el trueno de los cañones... recibe por esto el encargo de realizar algo grande”.

Para su biógrafo, León Edel, James no tiene nada que ver con ese individuo esquivo y distante con el que a veces se lo identifica, sino que por el contrario, tuvo vinculaciones con casi todos los escritores más importantes de la época, entre los que nombra a Browning, Stevenson, Daudet, Turguéniev, Emile Zolá, Maupassant, Conrad, H.G.Wells, Kipling. Edel asegura que James domina la literatura de los Estados Unidos “porque las ramificaciones de su carrera son abundantes –y complejas-, en comparación con las vidas más simples y las obras más simples de otros novelistas norteamericanos. En verdad, el llamado ‘renacimiento’ del interés por la obra de James ha consistido en descubrir que es una gran figura mundial de las letras, un verdadero puente entre el movimiento romántico y todo lo que es ‘moderno’ en el arte del siglo veinte.”

Como se dijo antes, si dos fuerzas gigantescas atraviesan la literatura norteamericana de fin del siglo XIX, una de ellas bien podría estar representada por Henry James con su cosmopolitismo y la otra por quienes intentan encontrar una voz propia, una fuerza ‘nacionalista’, encarnada en la literatura de Mark Twain.

Cuentista
Para Jaime Rest, la capacidad novelística de James es incomparable, aunque su “detallado análisis de la conciencia y de la conducta a veces deriva hacia una atmósfera enrarecida que puede fastidiar al lector” no acostumbrado. Pero también asegura: “…la naturaleza del cuento moderno –con su característico manejo de una realidad fluida y caleidoscópica- se presta sobremanera para el temperamento de James, que halló esta forma muy apta para el despliegue de su estrategia irónica.”

Rest cree que el centenar de relatos cortos que escribió son de una “calidad excepcionalmente uniforme”, pero rescata algunos relatos que tipifican esa percepción. Los fantásticos: “El altar de los muertos”, “Los amigos de los amigos”, “La fuente sagrada”, “Otra vuelta de tuerca”. Experiencias de artistas: “La Lección del maestro”, “La figura en el tapiz”, “El árbol de la ciencia”, “Lo real”.

James también ejerció la crítica literaria (“El arte de la ficción”, “El futuro de la novela” y centenares de artículos sobre escritores), incursionó en el teatro con éxito escaso y escribió varios libros de viajes y tres volúmenes de autobiografía.

Si bien James puede ser considerado un narrador realista (sin militancia en el realismo como movimiento artístico, aclara Rest), se destaca en la indagación del hombre y su mundo circundante, “a través de un detenido estudio de los niveles más profundos de la relación interpersonal, en los cuales se cargan de sentido las actitudes inexpresadas y las palabras superficialmente imprecisas.”

La ambigüedad fue considerada una de las características de su escritura, que indaga en la condición humana, en los móviles que guían a su personajes, que generalmente terminan en el fracaso y la muerte a causa de sus antagonistas.

Uno de sus relatos más famosos (llevado al cine en numerosas adaptaciones) es “Otra vuelta de tuerca” (1898, año en que nace Hemingway), que cuenta la historia de una institutriz que debe educar a dos niños huérfanos en una apartada y rica mansión. Contratada por el tío de los niños, se encuentra con una difícil situación cuando empieza a descubrir extrañas conductas en ellos y conoce la historia de la muerte de la persona a quien sustituye y de la relación sentimental que la unía a un jardinero que trabajó en la casa con anterioridad. Aparentemente la relación influía en los niños y, de alguna manera, sigue presente a través de apariciones que sólo ella ve. Por sus características, el drama que se desata y su final bien puede ser considerado un perfecto relato de terror. Claro que algunos críticos se inclinan por acentuar el carácter psicologista de la historia, poniendo en duda los hechos, que bien pueden estar sólo dentro de la mente de la trastornada institutriz. En el relato, la historia proviene de la lectura realizada por un tercero, de la crónica de los hechos que dejó escrita la protagonista (un recurso común entonces), por lo que de esa manera el autor parece desentenderse por completo de la autenticidad de la narración.
Pero lo que más pesa en la historia es que por primera vez aparece un niño protagonizando un relato terrorífico (para colmo son dos), lo que le da mayor efecto al relato, acentuado además por la ambigüedad señalada, que posibilita las diversas interpretaciones que produce.

Cabalmente reconocido después de su muerte, James se convirtió en el escritor más representativo del cosmopolitismo y un precursor de las innovaciones literarias del siglo XX.

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miércoles, 9 de junio de 2010

Dicente (Bicentenario)

Por Juan Disante



Quise ser dicente
de dos siglos,
de sus llanos, montañas y ríos
sin hálitos humanos.
Y a poco de ver
encontré al Hombre
con su signo,
su espada filosa y su mimo.

Ya no sólo es celeste y soles,
el vuelo es revesado azul
latitud del norte,
centenarios ávidos.

Todo mi interés en ese argentífero
cantero de bienes,
sin desapego
ni la llama
ni el colmillo.

Montaraz cielo sin sures
donde el mito hace historia
y la inocencia pueblo,
rito.

viernes, 4 de junio de 2010

El cuento: origen y desarrollo (28) por Roberto Brey

28
Herman Melville (1819-1891)


“Si Emerson, Thoreau y Whitman son los profetas esperanzados, y Hawthorne es el alma puritana atormentada por la culpa, Melville es un titán perseguido por el mal”, lo definiría Nora Dottori. Pero para ella, éste no se encierra en la introspección: “sale a buscar el mal por el mundo, y no vuelca esta búsqueda en estructurados relatos, sino en una epopeya grandiosa, desgarrada y vital.”
Nacido en Nueva York y perseguido por la humillación que la quiebra comercial de la familia le produce, a los 15 años trabaja como empleado y al poco tiempo se embarca como marinero. Varios años transcurre en los barcos balleneros de la entonces floreciente industria, recorriendo el Pacífico y llegando a vivir con los indios de Tahití, y a su vuelta, a partir de 1846, traduce en libros las experiencias vividas.
“Typee” (1846) describe la vida en el paraíso indígena de Taipi, comparándola con el mundo occidental.

En “Omoo” (1847), en tono de comedia dramática describe la vida de los vagabundos y de la degradación que el blanco provoca en los indígenas. “Mardi” (1849), una alegoría de difícil interpretación y dos novelas con experiencias marineras, serían el prólogo a su obra más famosa: “Moby Dick” (1851). De una estructura singular, la simbólica persecución del mal, encarnado en la ballena blanca, era presentada como novela, pero en ella coexistían largas descripciones del mar, de la vida marinera, de la caza y de las ballenas en sí, de su mitología y de su inserción en la literatura y la leyenda.

Libro controvertido por sí mismo, toda la obra de Melville sufrió diferentes y contradictorios avatares hasta el presente, pero Moby Dick permitió múltiples interpretaciones. El horror representado en su blancura, en el capítulo ‘La blancura de la ballena’ puede hasta remitir a las páginas de Poe que rescata Borges del Nantucket de Arthur Gordon Pym como: “una sistemática pesadilla cuyo tema secreto es el color blanco”.

Los cuentos de Melville también hablan de la maldad humana, de las almas perdidas en un mundo incomprensible, como “Bartleby”, el cuento publicado 1856, tomado de sus experiencias tempranas como oficinista, las que curiosamente retoma en la Aduana de Nueva York después de la mala acogida con que fuera recibida Moby Dick. Para algunos, ese cuento puede haber sido producto de su decepción, encarnada en la decisión de Bartleby de “no copiar más”. Y para algunos influyó en otros escritores, como Emily Dickinson en su poema “There’s a certain slant of light”. Para otros, Batherbly permite prefigurar a Franz Kafka.

Melville escribe sobre su amigo, al que también consideraba su maestro, Nathaniel Hawthorne:

“A pesar de toda la luz de veranillo de San Martín que ilumina la parte de acá del alma de Hawthorne, el otro lado –como la mitad oscura del globo terráqueo- está envuelta en una oscuridad diez veces negra. Pero esta oscuridad no hace sino destacar más la aurora que lo mueve todo, avanza constantemente a través de él y circunnavega su mundo… Es cierto, sin embargo, que de esta gran potencia de oscuridad que hay en él deriva la fuerza de sus apelaciones a ese sentimiento calvinista de la Depravación Innata y el Pecado Original de cuyas visitaciones, en una u otra forma, no está siempre y enteramente libre ninguna mente que piensa profundamente. Pues en ciertos estados de ánimo ningún hombre puede pesar este mundo sin poner en el platillo algo que se parezca de algún modo al pecado original para nivelar la balanza desnivelada… Ahora bien, es esa oscuridad de Hawthorne la que me llama tanto la atención y me fascina tanto; esa oscuridad es la que produce la sombra infinita de su fondo, ese fondo contra el cual Sahkespeare destaca sus más grandes concepciones, las cosas que le han dado su fama más alta si bien más circunscripta como el más profundo de los pensadores… Hay en él esas cosas profundas y lejanas, esos destellos ocasionales de la verdad intuitiva, esas indagaciones breves y rápidas en el mismo eje de la realidad; son las mismas cosas que hicieron Shakespeare a Shakespeare. Por boca de personajes enigmáticos como Hamlet, Timón Lear y Yago dice hábilmente, o a veces insinúa, las cosas que sabemos son terriblemente ciertas, que sería todo menos locura que cualquier hombre bueno dijera o que insinuara. Atormentado por la desesperación, Lear, el rey frenético, se arranca la careta y dice las locuras de la verdad vital…”

El cuento más famoso de Melville, “Bartleby”, puede leerse en:
http://www.booksfactory.com/cgi-bin/schlabo/dl4.pl?bartleby_escribiente

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jueves, 3 de junio de 2010

Bernardo Lozier Almazán presentó su nueva reseña histórica de San Isidro

Con la presencia de numeroso público y conocedores de la trayectoria del historiador Bernardo Lozier Almazán, fue presentada en sociedad , el miércoles 26, la Nueva Reseña Histórica del Partido de San Isidro, obra que supera ampliamente la edición del año 1986 del mismo autor en investigación, datos y presentación.

Fue en la sede del Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal "Dr. Horacio Beccar Varela" (Adrián Beccar Varela 774, San Isidro). Su directora, la arquitecta Marcela Fugardo de Rivero Ayerza, se refirió al generoso gesto de Lozier Almazán de donar sus derechos de autor a la Asociación de Amigos del Museo para fomentar sus actividades de promoción cultural, y anunció que el nuevo libro será enviado a las bibliotecas de las escuelas de San Isidro facilitando a docentes y alumnos el acceso a tan necesaria información sobre la historia local.

Seguidamente, en nombre del Instituto Cultural Argentino - Uruguayo, el arquitecto Edgardo Licen, sintetizó la relación de esa institución con el Museo –en tiempos en que Lozier era su director- ponderando la buena recepción que tuvieron sus propuestas, cimentando lazos de promoción cultural entre ambas naciones.
Poco después, Bernardo Lozier Almazán agradeció la presencia del numeroso público, en especial la de los historiadores Pedro Kröpfl y Daniel Balmaceda, así como la de muchos amigos que no quisieron faltar al acto de presentación del libro.

Finalmente, dedicó sus últimas frases para agradecer a Ivonne Rousset de Tedesco, quien se ocupó de prologar la Nueva Reseña Histórica del Partido de San Isidro, y a la arquitecta Marcela Fugardo, directora del Museo por su intervención en el surgimiento de esta Nueva Reseña Histórica.

martes, 1 de junio de 2010

Recomendaciones Bicentenarias

En este mayo tan especial la industria editorial se ha visto inundada con propuestas que nos invitan a revisar lo que sabíamos (y sobre todo lo que no sabíamos o habíamos olvidado) sobre el querido 25 de mayo de 1810. Me parece que los que hicieron punta (comenzaron la colección el año pasado) son la gente de editorial El Ateneo con su colección sobre el Bicentenario: así van desfilando el pensamiento de Juan Bautista Alberdi (con prólogo de María Rosa Lojo), el de Bartolomé Mitre, el de José Hernández, el del radicalismo, el de socialismo y la izquierda (con prólogo de Ricardo de Titto). Otra propuesta interesante es “1807 Por qué Buenos Aires no es Buenos Aires City”, de Lucio Picabea, sobre las invasiones inglesas. Recordemos que es una de las causas por las que en estas orillas se empezó a pensar en la posibilidad de independizarse de la corona española. Para los que añoran más mitos de Felipe Pigna, salió “1810. La otra historia de nuestra revolución fundadora”, donde el autor rastrea los orígenes de la Gesta de Mayo y el comienzo de nuestra identidad como nación. O bien seguir con uno más de Daniel Balmaceda “Historias de corceles y de aceros”, plagado de anécdotas de aquellos años, pero con todo un sustento histórico detrás.

Hablando de Pigna, hay una colección que se orienta más bien para la historieta en el sentido de que la estética es ésa, tenemos “Invasiones inglesas”, “La revolución de mayo”, “Güemes”, “Belgrano”, como para que los chicos se desasnen abundantemente y sin aburrirse. Y los grandes también. Recomiendo especialmente para la franja de 10 a 12 años “La rosa del río” de Laura Ávila, Col. Mar de Papel (Ed. Crecer Creando) y “El aprendiz” de Mario Méndez de Alfaguara, la primera ambientada durante las invasiones y la segunda con el diario de Hipólito Vieytes como fondo de la revolución.

También me gustará mencionar el bellamente editado “Argentina Bicentenario 1810-2010 Siete días en 200 años”, de Fabián Sevilla e ilustraciones de Alexiev (Ed. Sigmar), un excelente recorrido con muy buen soporte visual por estos años y con la yapa final de un mapa con lugares destacados que incluye el Cementerio de Puerto Darwin en Islas Malvinas. Para leerlo con nuestros hijos o para que ellos lo disfruten solos.

Silvina Rodríguez
Tierra de Libros
4798-2965